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Reus ha perdido más de la mitad de sus locutorios en los últimos 5 años

De los 90 que había se ha pasado a unos 20. La crisis ha provocado que haya más clientes nacionales que se han quedado sin internet
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Los clientes nacionales son cada vez más habituales en los locutorios, en detrimento de los extranjeros.  Foto: A.G.

Los clientes nacionales son cada vez más habituales en los locutorios, en detrimento de los extranjeros. Foto: A.G.

Hace poco más de cinco años Reus contaba con unos 90 locutorios. El ‘boom’ de la inmigración y la bonanza económica propiciaron la aparición masiva de estos negocios, donde la población extranjera era la clientela más habitual.

Hoy en día, tras el tsunami de la crisis económica, en la ciudad quedan, como máximo, una veintena, que intentan sobrevivir a los tiempos tan complicados.

Uno de los locutorios más veteranos de la ciudad, y que aguanta el tipo, es el que hay en la calle Gaudí, muy cerca de la calle Ample. Su propietaria, la colombiana Marleny Arango, explica que «ha cambiado todo mucho desde que abrimos el negocio hace nueve años. Entonces se trabajaba mucho, porque la mayoría de clientela eran extranjeros que trabajaban y enviaban dinero a sus países, así como las conexiones a Internet».

De los entre 60 y 70 clientes que podían pasar diariamente por este locutorio en sus inicios, hoy en día, con un poco de suerte, se pueden llegar a la treintena. «Sobre todo, hemos perdido mucha clientela de extranjeros que han regresado a sus países de origen», comenta Marleny Arango, quien añade que «por contra, hemos notado un incremento de ciudadanos nacionales que vienen al locutorio, cuando antes no lo hacían».

Este fenómeno podría ser consecuencia de la crisis económica ya que, según la propietaria de este locutorio, «se trata de personas españolas que, por culpa de la crisis, han perdido su trabajo y se han quedado sin Internet, por lo que tienen que venir al locutorio si quieren conectarse. Muchas tampoco disponen de servicio de impresora, o han cambiado el teléfono móvil de cuota por uno de tarjeta, por lo que vienen al locutorio a recargar sus tarjetas del móvil».

En este sentido, mientras que hace unos años la mayoría de clientes del locutorio eran extranjeros, hoy en día «se ha equiparado a un 50% de extranjeros y otro 50% de nacionales», añade Marleny Arango. El descenso de clientela también ha obligado al negocio a reorientar sus horarios. Por eso, y aunque pueden abrir hasta las 11 de la noche, cierra a las 10 y no abre los domingos por la tarde, cuando antes sí que lo hacía.

Uno de los aspectos importantes a los que se han cogido muchos locutorios para compensar la falta de ingresos es la venta de snacks, refrescos y chucherías. En este sentido, la dueña de este locutorio se lamenta de que «aunque cuando abrí el negocio en mi licencia ya consta que puedo vender alimentos, ahora el Ayuntamiento me ha obligado a sacarme otro certificado de manipulación de alimentos que me ha costado 1.300 euros. Además, también he tenido que invertir en instalar agua caliente en los baños porque los recipientes de las chucherías estoy obligada a limpiarlos con agua caliente».

Es por ello que Marleny Arango critica «la excesiva persecución por parte del Ayuntamiento, del que nos sentimos agobiados. Deberían ser un poco más flexibles con los locutorios que tenemos el local en condiciones y cumplimos con la norma».

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