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Reus tiene el doble de trabajadores autónomos que Tarragona

El municipio con más porcentualmente es La Bisbal de Falset, con un 75%, y el que menos, Constantí, con un 5,47%

X.F.

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Anna Ollé, en su coworking, junto a sus compañeros Carles Balsells, Jordi Massaguer, Javi Espeja y Manal El Mamoun. FOTO: Alfredo González

Anna Ollé, en su coworking, junto a sus compañeros Carles Balsells, Jordi Massaguer, Javi Espeja y Manal El Mamoun. FOTO: Alfredo González

Anna Ollé, una arquitecta de 38 años de La Selva del Camp, ha desarrollado toda su vida laboral como autónoma. Acabó la carrera de Arquitectura en 2007, en pleno boom de la construcción, cuando ‘sobraba’ trabajo para todas las profesiones relacionadas con el mundo del ladrillo.

En sólo 24 horas, Anna tuvo cuatro entrevistas de trabajo, pero en ninguno de los despachos que se disputaba su incorporación inmediata le ofrecieron un empleo asalariado, sino que debía darse de alta como autónoma. «Si pedía ser fija, no había posibilidad, al menos en el sector de la arquitectura», recuerda Anna.

«Como autónoma, no tengo seguridad ni cobro vacaciones, pero puedo atender a otros clientes y asumir más proyectos que si estuviese contratada en un despacho. Esto me ha abierto el camino a trabajar por cuenta propia, aunque también colaboro con otros despachos», relata Anna.

En Tarragona, a finales de febrero (la última fecha disponible segmentada por municipios), había otros 53.081 autónomos. La cifra de 53.082 trabajadores por cuenta propia supone un 18,14% sobre el total de 296.552 personas inscritas en la Seguridad Social. Dicho de otro modo, casi uno de cada cinco trabajadores tarraconenses es autónomo. Otros 6.085 empleados (2%) pertenecen al régimen agrario, 3.968 (1,24%) al del hogar y 1.856 (0,62%) al del mar. El grueso son los asalariados: 231.561 (78%).

Anna es una de las 415 personas inscritas como autónoma en La Selva del Camp. El municipio del Baix Camp es uno de los que menos porcentaje tiene de trabajadores autónomos en la demarcación, con un 13,14%. La localidad con más porcentaje es La Bisbal de Falset, con el 75,81% y la que menos, Constantí, con un 5,47%. En cifras absolutas están a la cabeza, como es lógico por su mayor volumen de población, Tarragona (6.225 autónomos), Reus (5.918), Cambrils (2.384), Tortosa (2.250) y El Vendrell (2.063). 

Si se comparan entre ellas las principales ciudades de la demarcación, se observa que Reus tiene el doble de autónomos porcentualmente que Tarragona: un 14,55% frente al 7,49%. Pero es Cambrils, con un 32,32%, la que tiene más trabajadores por cuenta propia. Tortosa cuenta con un 15,16% de autónomos y El Vendrell, con un 25,11%. La mayor presencia comercial, el peso del sector turístico y la presencia de las sedes de diferentes administraciones explican las cifras.

Estén donde estén registrados, los autónomos tienen una problemática común. Anna la resume: «No tienes nada seguro. Hasta que no se acaba el trimestre o el año no sabes realmente cómo te ha ido. Durante la crisis, todo el mundo se quejaba de que sufría retrasos en los pagos. Yo no tenía ni ingresos, y debía continuar pagando los autónomos. Durante la crisis fue muy duro. Todo lo que ganaba era para pagar las cuotas de autónomos».

Por aquellas fechas, Anna vivía en Barcelona. La difícil situación económica la impulsó a volver a su localidad natal, La Selva del Camp, y allí montó un coworking, un local compartido por diversos profesionales autónomos.

Como en el caso de Anna, tomarse unas vacaciones largas o cogerse una baja que no sea realmente imprescindible son casi una quimera. «Nunca he cogido la baja. Hay asalariados que pueden cogerla por estrés. Yo también he estado muy estresada, pero no he podido cogerla porque todos los problemas los tienes que solucionar tú misma. Ni te planteas acudir al médico», explica.

No todo son problemas. «Un autónomo tiene mucha libertad. Tanto en el coworking como en la arquitectura acabar los proyectos te llena mucho: cuando ves que un edificio se ha acabado o que el coworking funciona, tanto en el diseño del espacio como en crear una red de profesionales. Involucras a todo el pueblo de La Selva y a todo el Camp de Tarragona».

Sigue Anna: «Haces realmente lo que quieres, eres tu propia jefa, pero estás trabajando siempre». Trabajando. Para uno mismo y para la Administración. Anna se queja del papeleo, que para cualquier nuevo proyecto o modificación haya que completar el correspondiente trámite burocrático.

Precisamente la simplificación administrativa es una de las recomendaciones de un estudio del Consell de Treball, Econòmic i Social de Catalunya (CTESC) titulado «Situació del treball autònom a Catalunya 2017». El CTESC es un organismo de la Generalitat.

El informe, recientemente presentado ante el Parlament y en el que han colaborado las patronales Foment del Treball Nacional y Pimec, los sindicatos Comisiones Obreras y UGT y la Confederació  de Cooperatives de Catalunya, reclama que se garantice «el acceso de los autónomos a las subvenciones y microcréditos que gestionan diferentes entidades, no sólo en el inicio, sino también en el mantenimiento de la actividad económica».

También apuesta por  «la mejora de las líneas de financiación, tanto para inversión como para circulante, ya sea a través de programas públicos o de entidades privadas, tanto para las etapas iniciales como para las de consolidación».

El CTESC defiende «sensibilizar a los autónomos de la importancia de incrementar gradualmente su base de cotización y así ver aumentado su nivel de protección social» así como «asimilar dicha proteccion a todas las prestaciones incluidas en el Régimen General» (el de los asalariados).

Anna reclama más confianza de las administraciones en los autónomos: «Si pasas dietas es que no tienes tiempo de ir a casa a comer o porque tienes obras en diferentes pueblos y te quedas por ahí».

«Siempre he tenido obras abiertas y no me he planteado dejar de ser autónoma –continúa Anna–. Además tampoco se pagan sueldos altos. Arquitectos que han acabado más tarde la carrera o que ya trabajaban antes de la crisis han tenido que irse al extranjero o han cambiado de trabajo».

«Tengo amigas que están dando clases... Tienes más seguridad y vacaciones, pero dejas de hacer lo que te gusta: la arquitectura, proyectar, construir...», sostiene Anna. Más allá de la propia arquitectura, lo que Anna tiene aún más claro es que «en el territorio hay mucho talento».

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