Este sitio web puede utilizar algunas "cookies" para mejorar su experiencia de navegación. Por favor, antes de continuar en nuestro sitio web, le recomendamos que lea la política de cookies.

Reus, una semana después de la declaración del estado de alarma

Los comercios ven reducidas sus compras al 60% e ingenian nuevas formas de venta ante el coronavirus

Salvat Jordina

Whatsapp
La plaza del Mercadal luce desierta desde el sábado. FOTO: Alba Mariné

La plaza del Mercadal luce desierta desde el sábado. FOTO: Alba Mariné

Ya ha pasado una semana desde que se declaró el estado de alarma y Reus ha mutado a una ciudad desangelada. La psicosis que se desató con compras masivas en los comercios de primera necesidad ha rebajado su nivel hasta mínimos nunca vistos. Como la situación que estamos viviendo. Las farmacias sirven con cuentagotas paracetamol, las ópticas hacen dos o tres servicios al día y el Mercat Central se las apaña como puede para seguir funcionando dentro de las restricciones. Las panaderías, los estancos y, no hace falta decirlo, los supermercados se han convertido en el ágora de todo aquel que sale de casa. 

«Vivimos unos días de aglomeración, sobre todo gente que venía a buscar su medicación en grandes cantidades, sin embargo esta semana los clientes han bajado un 60%», explica Pau Sants, encargado de la Farmacia Sants de la calle Llovera. Ahora, asegura, la gente se ha calmado y entra de forma ordenada. «Siguen preguntando por mascarillas y guantes, pero el género se ha acabado y no vamos a recibir más», añade Sants, señalando que los termómetros también han quedado fuera de stock. 

Dos clientes con mascarilla compran en el Mercat Central . FOTO: Alba Mariné

La Farmacia Miranda sirve de guardián de una plaza de Prim con escasa actividad. «Vuelvo a disponer de geles desinfectantes, pero no tengo valor de pedir mascarillas, cuando en el Hospital Sant Joan son más necesarias. Es mejor que las tengan ellos», explica Mónica, la única trabajadora del negocio. Por la tardes, cuando «la ciudad está desierta y nadie suele entrar», se dedica a confeccionar sus propias mascarillas de ropa, con un doble forro de tela y una bayeta dentro. Se ha hecho una para ella y las otras las reparte entre familia y conocidos. «La gente es más consciente de la situación y ha moderado su consumo», señala. 

La crónica de una ciudad que ha apaciguando el caos sigue en el Mercat Central de Reus, donde la curva de clientes subió en pico los días previos a que el Estado declarara la situación de alarma por la crisis del Covid-19, cuando el bullicio de gente llenaba unas paradas que vendían sin parar.

Los negocios optan por reducir horarios y ofrecen atención a través del WhatsApp

 «Ahora, de lunes a jueves, no llegamos al 40% de un día normal; los viernes, quizás un poquito más», explica Ana María, de la frutería Agrobotiga. Cada mañana, Ana recibe una decena de comandas telemáticas de compras de sus clientes más habituales: «Hemos habilitado la comunicación vía WhatsApp para ofrecer una compra virtual. Nos dicen qué quieren y nosotros se lo preparamos para que tan solo tengan que venir al Mercat Central a recoger su caja con las frutas y verduras y así estén aquí el menor tiempo posible». Este nuevo método les está ayudando a asumir con cintura las medidas que hay que cumplir de seguridad dentro del mercado: «Nos tenemos que adaptar todos a las cosas nuevas, y cada día lo haremos mejor», señala con resignación respecto a la situación excepcional que se vive en Reus y gran parte del mundo.  

Y al igual que ella se adapta, sus clientes también han ido cambiando su modus operandi. «La mayoría de gente paga con tarjeta por propia voluntad», explica la frutera, que también se ha fijado en que ahora sus clientes vienen una vez cada tres días y sin pasarse de cantidades: «Se ha dado la vuelta a la tortilla; así como la semana pasada hubo un pico de compras, un colapso que parecía que se acababa el mundo, esta semana está habiendo un goteo».

En perspectivas a que el confinamiento se pueda alargar, Ana se plantea aumentar la opción de reparto de la compra en casa, que actualmente solo hace los miércoles: «No nos llega el tiempo para más, pero si la cosa sigue así, algo habrá que hacer» 

Reducción de horarios y servicio

El Real Decreto que se implantó el pasado sábado con la declaración del estado de alarma por la crisis del coronavirus solo permite abrir a aquellos negocios con servicios de primera necesidad. Las ópticas y las tiendas de comida de animales han ido reduciendo sus horarios para dar el servicio mínimo para cubrir las necesidades de la gente y a la vez impulsar que las personas se queden en casa. 

El Ayuntamiento ha suspendido los impuestos y ha cerrado el cementerio 

Es el caso de la Óptica Free&Glasses del Centre Comercial El Pallol, que ahora solo abre de 10 h a 13 h. Ampelio explica que antes de que explotara esta crisis ya habían notado una bajada importante de clientes, pero que siguen abiertos para aquellos requerimientos de primera necesidad: «Vienen a recoger las gafas, a arreglar un tornillo o a arreglarse una montura o cristal roto, pero estos días no solemos llegar a la decena de clientes». Con tal de conciliar con las medidas recomendadas, han habilitado una línea de teléfono para urgencias fuera de este nuevo  horario.

Es un caso parecido al de Pep, de la tienda Pep Agropinsos, de la calle Amargura. Asegura que él llevaba tiempo haciendo pedagogía a sus clientes más habituales para que no se desesperaran y compraran productos a mansalva: «No cerraremos, hicimos previsión, los proveedores siguen en marcha: tenemos pastillas pienso y pipetas de sobras». Su tienda puede seguir abierta porque vende estos productos esenciales para los animales, aunque también tiene una parte habilitada a la jardinería. Respecto a ello, Pep asegura que se ha puesto «muy estricto» con la criba de clientes y con evitar aglomeraciones. De hecho, solo permite que entren tres clientes a la vez y ha reducido la jornada de apertura de la tienda de ocho a tres horas. Es por ello que también ha habilitado una línea de teléfono para que no vayan a la tienda a hacer consultas: «Cuando me llaman para preguntarme si tengo un material, les digo que se lo piensen dos veces antes de hacer un desplazamiento para un producto que no es urgente. Venir aquí no tiene que ser una forma de salir de casa, sino algo de extrema necesidad».

Ayudas y medidas locales

A lo largo de esta semana, el Ayuntamiento de Reus ha ido anunciando medidas específicas para la ciudad para ayudar a la prevención del Covid-19, como la suspensión de las obras públicas y privadas, la gratuidad de las zonas azules, la reducción de la frecuencia de los autobuses municipales –con un máximo autorizado de 30 usuarios– y la obligatoriedad de pagar con tarjeta o el cierre del cementerio general de Reus, que solo abrirá para la celebración de ceremonias de entierro con una limitación del aforo. 

Por otro lado, también ha aumentado los servicios sociales, incrementando el servicio de comida a domicilio y la capacidad de atención telefónica domiciliaria a la gente mayor.

Además, el pasado martes el Govern de Reus anunció el primer paquete de medidas económicas para ayudar a paliar los efectos económicos, laborales y personales provocados por la crisis del coronavirus. Entre las distintas medidas, destaca la suspensión de los impuestos municipales, que pasarán a pagarse en un mínimo de tres meses y la anulación de la cuota de las guarderías municipales y de licencias de terrazas. Estas no existirán ni se acumularán durante los meses que dure el estado de alarma.

Hasta 1.200 euros por saltarse el confinamiento

La Guàrdia Urbana está extremando la vigilancia para evitar que la ciudadanía se salte la orden de confinamiento. Según detalló el alcalde de Reus, Carles Pellicer, este viernes, desde el lunes y hasta la madrugada de viernes la Guàrdia Urbana de Reus ya había levantado 147 actas a personas y establecimientos que habían desobedecido. Además, se ha detenido a una persona por reiteración. Cabe recordar que desobedecer la orden de confinamiento está multado y que puede suponer sanciones de entre 300 y 1.000 euros.

La reiteración es un delito y, en este caso, las multas se sitúan entre los 600 y los 1.200 euros. Las multas pueden ser aún más elevadas si la acción es de más riesgo.

Temas

Comentarios

Lea También