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Riudecols, Les Borges o Alforja: las carreteras que todavía cruzan los pueblos

Las circunvalaciones han sacado tráfico y aumentado la seguridad pero han quitado clientes a muchos negocios

Francesc Gras-Montse Plana

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El tráfico de vehículos por la carretera N-420, a su paso por Riudecols, es muy elevado. FOTO: Fabián acidres

El tráfico de vehículos por la carretera N-420, a su paso por Riudecols, es muy elevado. FOTO: Fabián acidres

Poco a poco, las carreteras han ido desapareciendo del interior de las ciudades. Se ha apostado firmemente por las circunvalaciones, sinónimo de menos tráfico y más seguridad. Aunque también hay otra óptica: la economía que puede generar en bares, restaurantes y comercios la gente que, de paso, para en el pueblo a comprar, comer o tomar algo por descansar del viaje. 

Aunque el panorama ha cambiado mucho en los últimos años, en el caso concreto del Baix Camp aún hay casos en los que las carreteras dividen municipios. Se trata, sobre todo, de carreteras secundarias, como puede ser el caso de Les Borges del Camp y Alforja, por donde pasa la C-242.

No obstante, el de Riudecols es el más genuino, con la N-420, la vía que conecta Reus y la costa con el Priorat, la Ribera d’Ebre, dirección Alcañiz. La vía divide el centro histórico con la zona de la piscina y el polideportivo. Esto hace que, todos los días, muchos vecinos tengan que cruzar una carretera considerada como de alto riesgo. «Años atrás incluso se habían producido atropellos mortales. Al menos recuerdo dos casos. Uno, fue una niña...», dice Lluïsa Porta mientras habla con otra vecina, Amèlia Roig.

Ambas están de acuerdo que la carretera es un peligro. «A raíz de estos accidentes, se colocó el semáforo y, a partir de aquel momento, se pacificó el tráfico, aunque sigue siendo peligroso», opinan. Desde el Forn de Pa Anna, Cari Olivé también ve la situación desde la misma perspectiva. «Se dijo, que la carretera pasaría por detrás de la piscina. Pero no se ha hecho nada», lamenta Olivé.

En cambio, desde los negocios que están a pie de carretera, la óptica es distinta. «No causa molestias. Al contrario. Por aquí pasa mucha gente que para y consume en los comercios del pueblo», opina Araceli, desde el bar El Punt. También lo ve así Íngrid, del restaurante La Graella. «Hay muchos que van, incluso, a Zaragoza. Si la carretera no estuviera aquí, seguramente no pararían», opina.

Una propuesta en el cajón

Más allá de la división de opiniones entre vecinos, la realidad es que la reclamación de la construcción de una variante que evite el paso de la N-420 es una cuestión que sigue en la agenda política del Ayuntamiento de Riudecols.

Hace un par de años, desde el municipio –junto con Gandesa y Corbera d’Ebre– trabajaron para que los presupuestos del Estado incluyeran su construcción. Un hecho que, finalmente, no se produjo. La actual alcaldesa, Beatriz Mayordomo, reconoce que la velocidad y la alta densidad de vehículos que pasan a diario es un problema. «A pesar de las medidas que se han implantado, se respeta muy poco el límite de velocidad», explica Mayordomo, sin dejar de mencionar que le gustaría retomar los contactos con los otros pueblos afectados para lograr la deseada variante.

En cambio, en otros municipios más pequeños por donde pasan carreteras secundarias (sin tanto tráfico), la vía los beneficia. Es el caso de Cornudella de Montsant, travesada por la C-242. «La gente para a comprar porque la carretera pasa por el pueblo», considera el alcalde Salvador Salvadó.

Sin una legislación concreta

A la hora de definir las medidas de seguridad para los peatones que requieren estas carreteras, el profesor de ESADE Law School, Enric Bartlett, explica que en cada caso es distinto y que no existe una legislación concreta. Mientras que en algunos casos se instalan semáforos, en otros se opta por los pasos elevados. No obstante, señala que se contemplan ciertas normas como la delimitación de los accesos, la instalación de publicidad o la velocidad. La Ley de  Carreteras Estatal (37/2015) es la que regula estas vías desde un triple aspecto: como dominio público, como obra pública y como soporte para la prestación de un servicio público.

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