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Rodar hacia el futuro

El viaje. La experiencia de subirse a un autobús sin conductor

Sílvia Fornós

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Imagen del bus autónomo Èrica. FOTO: ALBA MARINÉ

Imagen del bus autónomo Èrica. FOTO: ALBA MARINÉ

Eléctrico, revolucionario, inteligente, compartido y amable. Èrica, el primer bus sin conductor de Catalunya, reúne todas estas cualidades. Parece perfecto y a primera vista llama la atención. Su aspecto exterior no deja indiferente a nadie, por su compacto tamaño (tiene capacidad para doce personas, seis sentadas y seis de pie) y por su estética futurista, lejos de los actuales modelos de transporte urbano. Desde la distancia transmite confianza y en la cercanía la expectación crece. Experimentar, por primera vez, la sensación de viajar sin conductor, impresiona. La intervención humana se limita a pulsar un botón para ponerlo en marcha. Pero hay que disfrutar de la oportunidad, con calma y sin perder los nervios. Lo aconsejable es tomar asiento y fijar la vista al frente. Aunque es inevitable echar la mirada hacia un lado en busca del conductor.

La primera duda que surge es: ¿Si alguien se cruza a su paso, o encuentra a lo largo del recorrido algún obstáculo, frenará a tiempo?. Sí, es infalible. Una garantía que ofrecen las cámaras de reconocimiento de objetos y los sensores que analizan en todo momento lo que ocurre a su alrededor. En el viaje de prueba con los periodistas, el alcalde de Reus, Carles Pellicer, desafió al vehículo y se colocó en la calzada. El bus frenó de forma repentina, pero con seguridad. 

 


Sorprende la precisión con la que detecta a una persona o cualquier otro obstáculo a su paso, tanto que resulta obvio perder el equilibrio si se viaja de pie. Después de unos segundos, Èrica reemprende el recorrido como si no hubiese ocurrido nada. Las únicas pulsaciones que se aceleran son las de los viajeros, por lo demás el autobús sigue el itinerario previsto. Además, sin conductor, no hay derecho a reprimenda por parte de los viajeros. 

La fuente de energía de Èrica es la electricidad, lo que invita a disfrutar del silencio durante el viaje. En el interior son cosa del pasado los cambios bruscos de velocidad, Èrica puede alcanzar los 18 kilómetros por hora. Además, el sistema de climatización del transporte hace más confortable los 250 metros de circuito cerrado por la zona del Tecnoparc.
Al final del trayecto, una misma se siente extraña al imaginar que Èrica es el futuro del transporte urbano, ya que los conductores tradicionales de autobús, además de conducir, también aportan humanidad al servicio. En este caso, lo único que le falta a Èrica es el don de la palabra, para desear a los pasajeros un buen viaje hacia el futuro de la movilidad. 
 

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