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Rodrigo Leão: 'Mi música transmite calma'

El portugués celebrará el sábado en Reus sus 25 años de carrera en solitario con una actuación centrada en composiciones instrumentales

JAVIER DÍAZ PLAZA

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El portugués Rodrigo Leão publicó su primer disco en solitario en 1993. Foto: pedro claudio/rodrigoleao.pt

El portugués Rodrigo Leão publicó su primer disco en solitario en 1993. Foto: pedro claudio/rodrigoleao.pt

El músico portugués Rodrigo Leão llevará el sábado (21.00 horas) al Teatre Fortuny de Reus su espectáculo O Aniversario, con el que celebra sus 25 años de carrera en solitario. El que fuera miembro de una de las bandas más populares de Portugal, Madredeus, es un explorador intrépido de todos los aspectos de la creación musical, desde lo popular y lo erudito hasta lo electrónico y orquestal.

Su nombre se menciona en los mismos contextos que los de Ryuichi Sakamoto, Ludovico Einaudi o Johann Johansson, y ha escrito música para películas como The Butler, de Lee Daniels y nominada al Oscar, o el documental In the Intense Now, de João Moreira Salles. En Reus tocará los teclados y el bajo y estará acompañado por  Viviena Tupikova (violín y teclados), Carlos Tony Gomes (violonchello), João Eleutério (guitarra eléctrica y bajo) y Marco Alves (trombón y xilófono).

De pequeño escuchaba a Pink Floyd y King Crimson.
Lo primeros grupos que escuché con los amigos, con 11 o 12 años, eran de rock progresivo. Pero en casa, con mis padres, también escuchaba música clásica y a cantantes de la chanson francesa, como Édith Piaf o Jacques Brel. 

Y descubrió el punk. 
The Clash y Sex Pistols me encantaban.

Menuda mezcla de estilos.
A los 13 años empecé a tocar la guitarra clásica de manera autodidacta, y luego probé con el bajo y los teclados. Mi primer grupo, Sétima Legião, estaba muy influenciado por Joy Division y New Order. Estábamos en la plenitud de los años 70 y escuchábamos mucha música británica. También mezclábamos algunas percusiones de la música tradicional portuguesa con gaitas. Hacíamos algo diferente a lo que había. Después formé Madredeus con Pedro Ayres porque queríamos hacer conciertos más acústicos. En los 90 empezamos a tocar por todos lados, pero dejé el grupo en 1994 porque quería tomar una nueva dirección.

¿Qué le pasó?
Estaba fascinado por el minimalismo de Michael Nyman, Philip Glass o Ryuichi Sakamoto, y cuando grabé mi primer disco (Ave Mundi Luminar, 1993) estaba a la vez muy ocupado haciendo conciertos con Madredeus y sentía que no prestaba la suficiente atención a mi música.

Con tanto vaivén es complicado etiquetarle.
Para mí nunca ha sido importante catalogar la música que hago, pero sí que es cierto que tiene influencias muy distintas: desde el tango a la música clásica, el pop británico o la electrónica. He tenido la suerte de trabajar en todo este tiempo con músicos extraordinarios como Ludovico Einaudi, Ryuichi Sakamoto, Beath Gibbons, Neil Hannon o Stuart Ashton Staples.

En algunas tiendas he encontrado sus discos en el estante de ‘new age’ o ‘músicas del mundo’.
Mi primer disco en solitario tuvo más éxito en España que en Portugal porque en España había un boom de la música new age. Cuando tocaba allí, la gente decía que yo hacía new age. Algunos de mis trabajos pueden enmarcarse en ese estilo y otros en new wave. 

¿Qué balance hace de estos 25 años?
¡Han pasado muy rápido! (ríe),  pero, como le decía, he tenido mucha suerte de contar con el apoyo tanto de amigos y familia como de músicos y productores que han tenido un importancia muy grande en mi carrera.

¿Se considera un embajador de la música portuguesa?
No lo creo, hay grupos y cantantes extraordinarios que hacen música portuguesa que pueden ser más embajadores que yo. Yo tengo músicas cantadas en portugués, inglés, castellano, francés o ruso, aunque claro que hay en mis composiciones esa melancolía tan portuguesa.

Y esa calma.
Hago una música tranquila y discreta, que transmite tranquilidad y calma a quien la escucha.

No le veo volviendo a sus raíces rockera.
Ahora mismo, no (ríe).

La electrónica sí que no la deja.
Me gusta la electrónica más tranquila, no la música techno de discoteca.

¿Qué tal le va como compositor de música para películas?
En el cine hay que ser más rápido de lo normal. Es un trabajo muy gratificante y, en los últimos años, he tenido la oportunidad de participar en más películas que antes. Una de las últimas es española, 100 metros, de Marcel Barrera. Ahora estoy terminando un documental brasileño de política.

¿Le queda tiempo para preparar un nuevo disco?
Espero sacarlo dentro de poco, en septiembre del próximo año.

¿Cómo ve el futuro de la música?
Es prometedor, aunque caminamos en una dirección que nadie conoce.

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