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Saber cuánto dolor sufre un neonato es posible

Josep-Oriol Casanovas, un enfermero del Sant Joan de Reus, crea un prototipo que mide el grado de dolor de los recién nacidos que están hospitalizados

Joan Morales

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«Si somos capaces de monitorizar la frecuencia cardíaca o la saturación de oxígeno de una persona, ¿porqué no hacer lo mismo con el dolor de los neonatos?». Corría el mes de septiembre de 2012 cuando Josep-Oriol Casanovas, un joven enfermero del servicio de Urgencias del Hospital Sant Joan de Reus, se hizo esta pregunta. Después de unos años dándole vueltas a la cabeza para intentar encontrar un tema que le llenase lo suficiente como para desarrollarlo en una tesis doctoral, por fin había dado con la llave. Un proyecto de investigación que tuvo que hacer durante un Máster en Atención Integral al Enfermo Crítico y Emergencias lo introdujo de lleno en el mundo de la pediatría. «Realicé un trabajo sobre el dolor y el estrés del niño en procesos invasivos. Un ensayo clínico en el que los padres actuaban como factor de intervención y fue aquí cuando empecé a ver que mi tesis doctoral sería del ámbito pediátrico».

Dicho y hecho. Josep-Oriol Casanovas encontró en Montserrat García Martínez, doctora en Enfermería y profesora del Departamento de Enfermería de la URV, y en Antoni Martínez Ballesté, del Departamento de Ingeniería Informática y Matemáticas de la URV a sus mejores aliados. La primera se convirtió en la directora de la tesis, mientras que el segundo fue el codirector. «Era la primera vez que trabajaban juntos los departamentos de Enfermería e Ingeniería Informática y la experiencia fue muy positiva», explica Casanovas, quien recuerda que «cuando le planteé el proyecto al doctor Martínez Ballesté no dudó ni un segundo en decirme que sí, porque le pareció innovador y creativo. Supongo porque era un oportunidad de que la ingeniería informática se pudiese integrar en el campo de la salud y la medicina».

A partir de aquí, Josep-Oriol se puso manos a la obra y lo primero que hizo fue investigar para ver qué había publicado sobre el tema de la evaluación del dolor en los neonatos. «Lo único que encontré fue que la Universidad de Orebro, en Suecia, habían creado un prototipo para detectar el dolor del neonato, a través de la sudoración de las manos. También encontré que el 61% de los profesionales de Pediatría usaban las escalas de medida del dolor en los niños, y que aunque cada hospital tiene sus protocolos al respecto, no existe un protocolo institucional para medir este valor», asegura.

Eso significaba que este enfermero reusense ya tenía en sus manos los suficientes argumentos de peso como para iniciar su tesis doctoral. Ésta se desarrolló en la UCI Neonatal del Hospital Joan XXIII de Tarragona, después de pasar por el comité de ética de este centro hospitalario, que dio el visto bueno a su desarrollo. Los ingenieros informáticos fueron los encargados de crear el prototipo. Una herramienta informática que fuese capaz de dar el nivel de dolor que siente el neonato dentro de una escala de valores preexistente.

Parámetros conductuales

Esto lo hizo, por un lado utilizando los registros de parámetros conductuales del bebé tomados con una cámara y un micrófono instalados encima de la incubadora (movimiento de la cabeza y de brazos, fruncimiento del ceño, el llanto, si dormía o no, etc.). Por otro lado también usó los parámetros fisiológicos medidos a través de una máquina de monitorización (frecuencia cardíaca, tensión arterial, saturación de oxígeno, temperatura, etc.). La herramienta realizó la valoración de los datos y los registró en tiempo real, además de avisar al profesional sanitario en caso de detectar un valor de alarma o la necesidad de atención por parte del neonato.

Durante medio año en la UCI Pediátrica del Joan XXIII, Josep-Oriol realizó 11 medidas a neonatos que habían nacido, de media, a las 32 semanas de gestación y con un peso de poco más de dos kilos. Las conclusiones fueron muy positivas y quedó demostrado que «el prototipo es capaz de valorar el dolor, los puntos conductuales y fisiológicos, y alertar al profesional sanitario en caso de ser necesario», comenta.

El esfuerzo y el rigor de Josep-Oriol Casanovas fue recompensado el pasado mes de junio (cinco años después de haber iniciado la tesis) con un excelente cum laude por el tribunal. Ahora, y mientras el proyecto aguarda en un cajón por falta de financiación, el trabajo ha sido reconocido por los premios Enfermería en Desarrollo 2017, uno de los más prestigiosos dentro de la enfermería de habla hispana, ganando el premio en el apartado de tesis doctoral.

Al margen de la satisfacción que siempre da conseguir un premio, esta tesis doctoral ha permitido a este joven enfermero conocer que «la neonatología es un campo por descubrir y es muy gratificante poder cuidar de unos seres humanos que, en algunos casos, pueden pesar tan solo 750 gramos. A pesar de que se les ve tan indefensos, es muy bonito trabajar con ellos porque evolucionan y recuperan muy rápido».

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