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Se disparan las grandes plantaciones de marihuana en zonas despobladas del Baix Camp

Mossos han decomisado ya en el Baix Camp y el Priorat 60.000 plantas, más del doble que en todo 2020. Clanes familiares las cultivan aquí y venden la droga en el norte de Europa

MÓNICA PÉREZ

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El secadero de una extensa zona de cultivo en Ulldemolins que fue desmantelada el pasado fin de semana. FOTO: MOSSOS D’ESQUADRA

El secadero de una extensa zona de cultivo en Ulldemolins que fue desmantelada el pasado fin de semana. FOTO: MOSSOS D’ESQUADRA

El cultivo de grandes plantaciones de marihuana en terrenos del Baix Camp y el Priorat ha crecido significativamente en los últimos meses. La cifra de plantas decomisadas por los Mossos d’Esquadra entre enero y la primera semana de agosto de este 2021, alrededor de 60.000, ya es más del doble de las cerca de 25.000 que se detectaron y retiraron durante todo el año pasado, y «el contador suma cada día». Al frente del negocio se encuentran «bandas, clanes familiares» que «aprovechan zonas despobladas, a veces de difícil acceso, para instalarse y producir en extensiones importantes sin llamar la atención», tal como detalla el sargento Ferran Bechini, jefe de la Unitat d’Investigació del Àrea Bàsica Policial Baix Camp-Priorat.

Aunque, entre los implicados, los de nacionalidad albana son mayoría, recientemente «encontramos también personas de otras procedencias, como Vietnam». Buena parte de la droga que se genera aquí se exporta y se acaba vendiendo en el norte de Europa, donde «su precio llega a multiplicarse por tres, por cuatro o por cinco». Se trata de «auténtico crimen organizado», apunta Bechini.

Las bandas criminales buscan terrenos con pocos vecinos, aislados, para instalarse

El incremento responde a un «cambio de paradigma». Y es que «personas que se habían dedicado toda su vida a las drogas duras pasan ahora a la marihuana porque es más difícil de investigar, la penalidad es menor y piensan que, como no tienen a nadie picando a la puerta continuamente para el menudeo sino que venden al por mayor, pueden estar más protegidos ante la policía». Los Mossos ya han llevado a cabo, en los primeros siete meses y medio de este año, ocho operaciones policiales vinculadas a la marihuana, solo una menos que en el conjunto del año pasado. Han practicado 16 entradas –con 30 detenidos–, frente a las 13 –y 20 detenidos– de 2020. La cantidad de cogollos incautados se queda en 30 kilos, lejos de los 200 de entonces porque «actuamos antes». «A diario recibimos informaciones», destaca Bechini, que habla de un aumento «exponencial» de cultivos.

A veces, las ubicaciones de estos campos son tan recónditas que el traslado de las plantas decomisadas debe hacerse en helicóptero. Los delincuentes cuidan la logística al detalle. En una de las últimas intervenciones, la policía encontró «como un kilómetro de manguera para captar agua a mucha distancia y crear el sistema de riego». Las plantaciones las atienden los llamados jardineros, «individuos que son trasladados aquí para quedar al cargo del cultivo a cambio de poco dinero, que a veces viven en cabañas o en tiendas de campaña en las mismas tierras y que no suelen alejarse de allí». Son el último eslabón de la cadena.

Las técnicas de producción han avanzado. Antes, «se alquilaban casas y se hacían plantaciones ‘indoor’ que daban unas cuatro cosechas al año y comportaban un gasto importante en las instalaciones, además de obligar a pinchar la luz para reducir costes y para no ser detectadas». A menudo, en estas circunstancias el olor ponía en alerta a los vecinos. Aunque el sistema ‘indoor’ sigue utilizándose, últimamente, tal como precisa el sargento, «las modificaciones genéticas de las plantas permiten ya hacer cosechas enormes, al aire libre y principalmente en zonas despobladas, aisladas, donde no llegan caminos y no se espera circulación».

«Las modificaciones genéticas de las plantas permiten hacer cosechas enormes al aire libre»

Los grupos buscan específicamente estas condiciones porque «cada vez resulta más difícil dar con espacios que no estén a la vista de todos» y, por eso «donde la concentración de población es menor, como ocurre en algunos puntos del Priorat, hay una especial incidencia porque es más fácil encontrar extensiones de terreno complicadas de identificar». En este aspecto, «las áreas despobladas de Baix Camp y Priorat son zonas calientes». «Los datos no suben porque detengamos a pequeños camellos que venden bolsitas de ‘maría’ sino que son grandes plantaciones de 300, 600, 5.000, 17.000 plantas», añade Bechini.

Un ejemplo son las que se desmantelaron el pasado fin de semana en zonas boscosas de Ulldemolins (3.175 plantas de cannabis), Cabacés (4.600) y la Figuera (8.178). Contaban con secaderos y un campamento. La policía detuvo a siete personas, incluido el cabecilla. Los sótanos de la comisaría están llenos.

Por otro lado, el cultivo de droga en viviendas del núcleo urbano lo han denunciado reiteradamente los vecinos de Mas Pellicer, que apuntan problemas de ocupaciones ilegales y temen que los pinchazos de luz provoquen incendios. Sant Josep Obrer es el principal foco de este tipo de actividad en Reus. El presidente de la Associació de Veïns I de Maig, Eduardo Navas, explica que «nos preocupa mucho que haya fuegos porque ya nos ha pasado alguna vez» y lamenta que «ver moverse droga aquí corrompe a los chavales jóvenes».

Generan ‘narcoasaltos’

La droga «teje a su alrededor toda una economía, como con el tema del alquiler de pisos, donde personas de diferentes ámbitos acaban beneficiándose indirectamente de la marihuana». Y trae asociada, también, violencia en forma de ‘narcoasaltos’. «En estos círculos se conocen las cosechas y se sabe que, cuando alguna está reportando ganancias, además de las plantas ya hechas, allí habrá dinero y puede que objetos de valor», explica Bechini, que añade que «por eso, a veces, unos roban a otros, acuden armados y se desencadenan peleas y conflictos que pueden dejar heridos; esto cada vez va a más y también está pasando aquí».

Paralelamente, la policía ha evolucionado a nivel de la instrucción de diligencias y «tratamos de no considerar esto solamente como delitos contra la salud pública, que harían referencia al cultivo y a lo que lleva asociado, sino buscar el escalón por encima para demostrar el crimen organizado porque entonces sí que se toca prisión». Bechini destaca que «con los Juzgados de Reus estamos en una línea muy positiva y la mayoría de detenciones acaban en prisión provisional, cosa que tiene un efecto pedagógico porque pone sobre aviso a quien esté pensando en hacer algo de este tipo en la zona». El sargento también pone en valor «la disponibilidad de la Guàrdia Urbana de Reus y el entendimiento entre ambos cuerpos».

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