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Tres de cuatro

El lenguaje postural del debate. Los integrantes del pacto de gobierno debatieron de pie y los de la oposición, sentados. ¿Casualidad? 

Josep Cruset

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Foto: Alba Mariné

Foto: Alba Mariné

Siete taburetes altos fueron los siete puestos de combate preparados para disputar el debate. Sucedió que tres de los cuatro candidatos prefirieron afrontar la contienda de pie, en vez de sentarse. Quizá fue mera casualidad, o quizá la explicación habría que buscarla en los factores psicológicos que determinan las conductas, pero resultó que los tres cabezas de lista que evitaron acomodarse en su asiento fueron los integrantes del actual pacto de gobierno municipal: Carles Pellicer (Junts per Reus), Noemí Llauradó (ERC) y Daniel Rubio (Ara Reus).  

Tres por cuatro fue también el reparto en clave de género. Quizá asistimos al último debate electoral con mayoría masculina. El tiempo lo dirá. Fruto de este avance en la paridad y de los cambios en el estilismo político, una figura que tenía protagonismo absoluto en este tipo de eventos probablemente dio ayer su canto de cisne. Me refiero a la corbata. Sólo Sebastià Domènech (PP) la salvó de la extinción.
Y cada tres por cuatro fue la frecuencia con que los moderadores debieron llamar la atención a los candidatos por su indisciplina en el cumplimiento de los tiempos. Tanta como la que demostraron en su primera intervención. Pese a que la pregunta iba sobre el comercio, todos aprovecharon para colocar el alegato programático que traían precocinado.

Así las cosas, el pim-pam-pum no se desencadenó hasta que aparecieron los cartelitos. Rubio desenfundó los suyos, pero el primer incendio lo provocaron los de Andreu Martín (PSC): Reus es la ciudad catalana con mayor tasa de paro después de Figueres y el ayuntamiento dedica a gasto social la mitad de presupuesto que el de Tarragona. Al jarro de agua fría se sumó Marta Llorens (CUP), al tildar de «cartón piedra» el centro de la ciudad y su oferta comercial.

Entre los intentos por recuperar la autoestima, destacó la apología que Débora García (Cs) dedicó al barrio Juroca, gracias a la cual supimos que la candidata naranja –la gran desconocida por su aterrizaje in extremis en la carrera electoral– es del Juroca de toda la vida.

Pellicer también trajo fríos datos, que sin embargo calentaron el ambiente: «Reus es la ciudad con menos presión fiscal per cápita de la provincia de Tarragona», aseguró el alcalde, ante la incredulidad de García, que le espetó tasas impositivas completamente antagónicas.

El otro gran incendió lo desató Domènech, cuando por un momento abandonó su karma sobre más empresas, más población y menos impuestos y calificó de desastre la gestión del Hospital. Noemí Llauradó venía preparada para el envite, porque le saltó a la yugular con cifras de la gestión del concejal del PP cuando presidió Aigües de Reus. La cosa derivó en una agria discusión entre Llauradó y Rubio, en la que Pellicer terció en plan patriarca: «Les pido que como miembros del gobierno mantengan la lealtad entre ustedes». Los aludidos se tomaron a guasa el sermón.

Resultado: en matemáticas, tres por cuatro son doce, que son las candidaturas que se presentan el 26-M en Reus. Si esto conlleva un nuevo aumento del número de partidos representados en el ayuntamiento, moderar los debates electorales de 2023 o seguirlos como espectador se convertirá en una actividad de alto riesgo para la salud.

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