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Tres rottweilers siembran el terror en Reus

Los trabajadores de una finca rural ya han denunciado el caso ante la Guàrdia Urbana, que investiga si los perros asilvestrados tienen propietario

Marc Càmara

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Dos de los perros, después de matar un gallo.  FOTO: Cedida

Dos de los perros, después de matar un gallo. FOTO: Cedida

Tres perros están atemorizando a los trabajadores de una finca rural cercana a la T-11, en el Camí Bassa de les Cabres. Se trataría de tres rottweilers, dos de negros y uno de marrón, que en los últimos meses deambulan por la zona amenazando a las personas y matando a gallinas y perros. Se trata de una finca aislada, de 20 hectáreas de terreno, dónde se algunas empresas explotan la tierra.

Hay una masía que cuidan los cortijeros y en la que también hay aves de corral y hasta un tocino. 

Mario Prades, uno de los vecinos asegura que «todo empezó hace un par de meses. Los perros venían y daban la vuelta. No molestaban».

Pero de repente, dice, «nos empezaron a atacar». Primeramente mientras accedían a la finca en coche, a través del camino. «Nos llegaron a morder neumáticos y retrovisores. Yo iba con mi mujer y pasamos mucho miedo».

En la finca vive su hijo, que se traslada en motocicleta al trabajo. «Un día se encontró con los tres perros, amenazantes. En moto tú eres la carrocería del vehículo, y mi hijo tuvo que regresar por miedo». Los perros «han perdido el respeto», dice Llorenç, el encargado del cuidado de la finca. Mario lo confirma asegurando que «una noche, uno de los perros perseguía un gallo. Cuando grité para asustarlo vino hacia mí en tono agresivo. Me salvó el hecho que otra gallina se cruzó en su camino y lo despistó». 

Los dos perros impidiendo que una persona salga del vehículo. FOTO: DT

Precisamente las gallinas fueron el siguiente objetivo de los perros. Al menos seis han desaparecido en las últimas semanas. También los perros de la finca han sido atacados, y uno ha aparecido muerto. 

Los trabajadores de Arboreto, una empresa que explota un campo de avellanos en la finca, están atemorizados. Zibi, el encargado, asegura que «los perros nos molestan mientras estamos trabajando y más de una vez hemos tenido que socorrer a algún compañero al que han acorralado». Admite que tienen miedo porqué no saben cómo defenderse: «hemos visto como atacan a las gallinas y también nos pueden atacar a nosotros». Nico, uno de los trabajadores asegura que «no llevamos nada para defendernos».

Reiteradas denuncias a la policía

Otro de los trabajadores, Paco, ha presentado una denuncia esta semana ante la Guàrdia Urbana. No es la única. Anteriormente, Mario y Llorenç ya presentaron sendas instancias pidiendo auxilio al Ayuntamiento. La Guàrdia Urbana investiga el asunto, pero el hecho que los perros campen a sus anchas complica su localización y captura. 

Los agentes creen que los perros podrían ser del propietario de otra masía cercana. Los afectados aseguran que el hombre habría negado ante los agentes ser el amo de los animales, aunque sí habría admitido que, por las noches, les da de comer y que alguna vez duermen allí. 

Gallinas y perros que han desaparecido

Según cuentan los encargados de la finca, en los últimos dos meses se han producido varios ataques. Al principio, los perros actuaban tímidamente y de noche.

Lo que empezó con pequeñas incursiones una vez el sol se había puesto, fue evolucionando hasta irrupciones que provocaban el pánico entre los animales de la granja. 

A medida que iban ganando confianza se acercaban más a los corrales y empezaron a atacar a las gallinas. Según Llorenç, el casero de la masía, los perros empezaron a llevarse gallos y gallinas ante la sorpresa de los trabajadores de la finca.

Además de atacar a las aves, empezaron también a atacar a otros perros que vigilan la casa. Primero fueron mordidas en piernas y muslos, pero los ataques fueron a más y Llorenç explica que encontró a uno de sus perros descuartizado. 

Como medida los propietarios han decidido cerrar a los perros en uno de los cortijos durante la noche. Aseguran que los animales se atemorizan cuando los perros asilvestrados se aproximan a la finca. «Notas que tienen miedo. Nunca los había visto temblar», dice Mario. 

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