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Un año ya de las municipales

La mirada ganxeta. Se cumple un año de la tercera victoria Pellicer, que finalizó con la formación de un gobierno con ERC y Ara Reus

Francesc Gras

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Francesc Gras

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Echar la vista atrás para comprobar qué hacíamos hace justo un año supone un ejercicio sorpresivo en el momento actual que vivimos. Las diferencias son muchísimas. También a nivel de ciudad. Sobre todo porque, hace justo 12 meses, la vorágine era máxima: tocaba votar en las municipales

De hecho, el pasado martes, día 26 de mayo, se cumplió ya el primer aniversario de la tercera victoria en las urnas de Carles Pellicer, seguramente la más meritoria de todas. Y eso que en 2011, él y su partido terminaron con 32 años de hegemonía socialista. Pero en aquella ocasión los vientos le eran favorables. En cambio, hace justo un año, la situación era muy distinta. Con una formación a la baja e instalada en un permanente desbarajuste (que todavía continúa hoy), Pellicer antepuso su propia marca a la de Junts per Reus. Y la jugada fue redonda, ya que logró la friolera de 1.337 votos más que en 2015, la que se puede tachar como su victoria más floja. 

JuntsxReus celebrando la victoria electoral en su sede, el pasado 26 de mayo de 2019. FOTO: Alba Mariné

Aquella noche no sólo se constató su ‘tirón’ como político en Reus. También se vio que los ciudadanos votan en clave distinta en función de los comicios y que la papeleta suele ser conservadora. Muchos éramos los que apostábamos por una atomización de la política local que, finalmente, no se produjo. Y no sólo eso, sino que el recuento dejó un partido menos en el Ayuntamiento que en la anterior legislatura.  

Tampoco acertamos los que presagiamos unos pactos post electorales más tranquilos que la montaña rusa que vivimos en 2015, con alguna imagen sorprendente para el recuerdo. Los resultados y la dinámica de bloques y líneas rojas no fueron suficientes para evitar unas semanas, de nuevo, de auténtico infarto. Con una ERC pletórica y más ambiciosa que nunca tras pulverizar los mejores resultados de su historia con seis concejales, la partida negociadora se abrió por completo. Al canto de sirenas de un posible gobierno de mayoría de izquierdas (ERC-PSC-CUP), los republicanos también presionaron para sumar a la CUP a la coalición con JxReus y dejar de lado a Ara Reus. Finalmente, se repitió la misma correlación de fuerzas del pasado mandato aunque, en esta ocasión, con mayoría absoluta en el pleno. 

Pero aquí no terminó todo. En un hecho sin precedentes, y quizás único en democracia, se tuvo que repetir la sesión de investidura del alcalde por orden del Tribunal Superior de Justícia de Catalunya (TSJC) porque los concejales de la CUP ni juraron ni prometieron la Constitución. 

Siguiendo con la misma línea, el inicio de esta legislatura ha sido igualmente convulsa. Sin casi tiempo para presentar el PAM y anunciar la venta del Hospital Sant Joan a la Generalitat apareció el coronavirus. Como ocurriera en el ciclo de 2011 con una crisis económica desbocada, junto al tsunami que supuso el estallido del caso Innova, o con un mandato en minoría y sin presupuestos en 2015, ahora Carles Pellicer y el resto del gobierno municipal deberán volver a tirar de épica para afrontar una complicadísima situación. Sólo el tiempo dirá si las soluciones son acertadas para rescatar a la ciudad de la crisis del Covid-19 y, también, si queda espacio para materializar los proyectos largamente anhelados.

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