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Un centenar de comercios de Reus han bajado la persiana en el último año

Con 1.398 tiendas activas, el sector registra los peores datos de la década pero asegura estar «aguantando el golpe»

MÓNICA PÉREZ

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En la céntrica calle Llovera conviven locales vacíos con  la apertura de algunos nuevos establecimientos. FOTO: ALFREDO GONZÁLEZ

En la céntrica calle Llovera conviven locales vacíos con la apertura de algunos nuevos establecimientos. FOTO: ALFREDO GONZÁLEZ

El tejido comercial de Reus ha perdido un centenar de tiendas entre mediados de 2020 y este pasado mes de junio. Son, exactamente, 84 establecimientos que han desaparecido en el último año, según las cifras que refleja el Portal d’Ocupació del Ayuntamiento. Con 1.398 locales abiertos –en junio del año pasado eran 1.482–, el sector exhibe ahora sus peores datos desde 2011, cuando comenzó a hacerse público el registro municipal de actividades económicas.

Las entidades comerciales no le quitan hierro a una situación que reviste verdadera «gravedad» pero sí que se muestran convencidos de que la capital del Baix Camp «ha aguantado mejor el golpe de la Covid-19 que otros municipios». Auguran, a corto plazo, cierta «redistribución» de los negocios y aseguran que «el precio de los alquileres está bajando» y eso «animará a estrenarse a quien hasta ahora quería y no se había atrevido».

«La cifra tiene mucha importancia porque no nos gusta que cierren tiendas», explica Mertixell Barberà, presidenta de la Unió de Botiguers de Reus, que subraya que «el pequeño comercio da vida a la ciudad». Barberà admite que «es cierto que la pandemia nos ha afectado y ha habido algunos que no han podido aguantar», pero «también debo decir», añade, «que la única manera de que los establecimientos no bajen la persiana es ir a comprar en ellos».

El presidente de El Tomb de Reus, Jacint Pallejà, atribuye el escenario a «la suma de factores de las crisis anteriores y el virus, con menos compras de la gente de fuera, una cierta retención de los de aquí...» y apunta que «la oferta y la demanda hace que algunos puntos de venta no prosperen». Pese a todo, «no estamos tan mal como otras poblaciones», precisa. Sobre la cantidad de liquidaciones, que se acercan al centenar, Pallejà valora que «un saldo de este tipo es posible» porque «obviamente ha habido cierres» y «además, Reus es una ciudad bastante grande, pero hemos resistido».

«Con la pandemia, hubo estudios que hablaban del final de un 30% de las tiendas y estas 84 no deben de ser ni un 10%», destaca la presidenta de la Unió de Botiguers de Reus, que subraya que «siempre hemos dicho que la ciudad cuenta con un comercio realmente fuerte».

La librería de Ana Ochoa en el Raval de Santa Anna, Llegenda, es uno de los establecimientos para los que el día a día se ha vuelto «insostenible». «Soy escritora y poner en marcha esto había sido siempre mi sueño, hasta que en marzo por fin pude hacerlo realidad». Ahora, medio año más tarde, «mantener la librería me supone unos 1.500 euros al mes, las cuentas no salen y no puedo endeudarme; en septiembre tendré que cerrar». Ochoa lamenta que las restricciones por la Covid-19 «no me han permitido hacer presentaciones de libros» y «la crisis siempre golpea especialmente a la cultura porque la gente deja de comprar». «Por Sant Jordi las ventas fueron buenas, pero luego se paralizó todo», detalla, y recuerda que «estoy sola y tengo que afrontar el alquiler, los impuestos… los criterios para las ayudas son demasiado restrictivos y casi tienes que pagar para ingresar algo». Hace unas semanas, Ochoa tuvo que tomar una decisión definitiva: «Pensé ‘o me arriesgo y me endeudo o cierro’, y empezaré a devolver el género». A partir de aquí, «intentaré sacar adelante mis proyectos, ya sin la librería», concluye la escritora.

Abrir en este contexto

En la otra cara de la moneda está Carlos Carreño, del negocio Tu Impresión Tarragona que en julio se inauguró cerca de la plaza de la Sang. El suyo ha sido un proceso inverso al habitual. «Antes estábamos en Mas Vilanova, donde llevábamos muchos años, pero no teníamos un local especialmente propicio para que viniera la gente y el 99% de las ventas las hacíamos por internet y por teléfono; por la Sang pasa mucha gente y ahora casi todo nuestro trabajo es presencial», explica Carreño. El comercio se pudo instalar en su nueva ubicación gracias a que «dimos con un alquiler muy accesible, un local de 2.000 euros a mitad de precio».

En este último aspecto confía Pallejà, que asegura que «en los alquileres hay una tendencia a la baja y es posible que la normalización de los precios dé entrada a algunas personas, aunque los que ya tienen contrato tarden en notarlo». «Además», dice, «establecimientos que no estaban tan céntricos buscarán estarlo más». Sobre si cabe esperar una recuperación, el presidente de El Tomb se muestra tajante: «¿Si se recuperarán justo los mismos negocios que había? No, el mundo cambia. ¿Y la actividad económica? Sí, y eso necesitará de una adaptación al cliente».

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