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Una vida de música y números

La historia. Con sólo 19 años, Jordina Mariné ya ha vivido su primera experiencia en USA. Toca el violín y aspira a ser matemática

Marc Libiano

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La reusense, Jordina Mariné, reside en el campus de la Universidad de Lindenwood.  FOTO: cedida

La reusense, Jordina Mariné, reside en el campus de la Universidad de Lindenwood. FOTO: cedida

A plena infancia, con apenas seis años, Jordina Mariné (Reus, 1999) conoció su pasión vocacional; la música. Empezó a tocar el violín y desde entonces no se despegado de ese instrumento ni tampoco de todo lo que rodea a los ritmos. Probablemente se trata de su pasión más dulce, hasta el punto que ha decidido cursar una carrera relacionada con la música. Hoy ya cuenta con 19 años y su vida ha tomado un rumbo paralelo a su realidad en la capital del Baix Camp. Acaba de completar su primera experiencia en Estados Unidos, justo en el arranque de los estudios universitarios.

Antes, esta joven reusense completó su formación en tres centros tradicionales de la ciudad. Empezó en el Joan Rebull, cursó la ESO en el Domènech y Montaner y completó el Bachillerato en el Gabriel Ferrater. Justo en la antesala de la Universidad chocó con Maria Montañés, una tarraconense que dedica su tiempo laboral ha hallar oportunidades a través de becas en Estados Unidos. Tras un paso previo por Barcelona, Jordina se dio cuenta de que esa curiosidad por probar suerte en el extranjero necesitaba corresponderla. Gracias a la empresa de Maria Montañés se le abrió la puerta de San Luis, en la zona del estado de Misuri. Concretamente, en la universidad de Lindenwood, donde complementa las licenciaturas de Música y Matemáticas. Parecen mundos distintos, universos antagónicos, aunque Jordina Mariné los ha convertido en totalmente complementarios.

En San Luis, la reusense se ha instalado en esos lugares muy propios de las películas norteamericanas. Los Torms, como les llaman los americanos, son esas residencias que se encuentran en el mismo Campus Universitario. Dispone de la atención de una familia durante un día a la semana e incluso durante los fines de semana. Además, cualquier problema burocrático dispone de la atención del Advisor International, una persona dedicada a resolver cualquier problema de papeleo para los estudiantes internacionales.

«Lo que más me ha gustado son las facilidades que puedes tener para resolver los problemas. Hay gente que se pone a tu disposición y te hacen la vida más fácil», recuerda la misma Jordina, que estos días ya se ha asentado en la localidad de Les Piles, en la Conca de Barberà, donde ejerce de monitora de colonias de verano. A finales de agosto debe regresar a San Luis para inaugurar el nuevo curso.

Experiencia en Bath

La adaptación, sobre todo con la complejidad del idioma, no ha resultado un gran problema para Mariné, que ya se había preparado en años anteriores para corresponder su inglés. En concreto, y entre otras acciones, se pasó un mes de intercambio en la ciudad de Bath, fronteriza con Bristol. «Sinceramente, no me ha costado mucho relacionarme con la gente de la Universidad». El sistema educativo americano la ha convencido, sobre todo por esa atención más individualizada que disponen los alumnos. «En clase, como mucho, somos unos 30». También por la flexibilidad que dispone para llevar a cabo dos carreras al unísono. «Si eres organizado lo puedes llevar bien», destaca.

A pesar de su corta edad, la reusense parece expresar y conocer cuáles son sus objetivos. Adora la música, pero su futuro laboral pasa por una aula formativa. «Quiero dedicarme a profesora de matemáticas. La música me gusta mucho, pero llega un momento que se hace muy difícil». La primera experiencia americana de Jordina ha fructificado tanto que la reusense no descarta intentar abrirse camino en un país tan competitivo como el estadounidense. Las familias de acogida se involucran al máximo con el proyecto. También la asistencia personalizada de los tutores, un aspecto que facilita la integración de los alumnos internacionales.

Y es que después de esa primera experiencia en San Luis, la joven aspirante a profesora de matemáticas intenta disfrutar de su verano cerca de la familia, antes del regreso. «Cuando estás tan lejos siempre echas de menos a tu gente tan cercana», reconoce. Ni si quiera su precocidad le ha impedido tomar valentía para vivir una experiencia que le va a aportar madurez de cara a un futuro. El aprendizaje está asegurado.

Mientras Jordina se encuentra en la búsqueda de ese foco profesional dedicado a la docencia, su pasión por la música permanece. Sigue perfeccionando ese instrumento que la atrapó de pequeña y que permanece en su vida.

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