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"Vamos en coche al colegio porque no hay otra opción. Si no, no llegamos"

El colapso que se produce en las zonas escolares se convierte en un quebradero de cabeza para el resto de conductores

Mònica Just

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Imagen de los colapsos que se producen a las cinco de la tarde en la avenida La Salle, en el momento de la salida del colegio.  Foto: Alba Mariné

Imagen de los colapsos que se producen a las cinco de la tarde en la avenida La Salle, en el momento de la salida del colegio. Foto: Alba Mariné

Es una imagen habitual. Quien se mueve en coche por Reus sabe a qué horas es mejor evitar determinadas calles. Y todo por un factor muy concreto, el colapso de los ‘coles’, la acumulación de vehículos frente a las escuelas en las horas de entrada y salida de los alumnos. La Salle, el General Prim, el Pare Manyanet, el Sant Pau, el Joan Rebull o La Presentació son de los que más volumen de coches reciben a diario. En algunos casos, las familias viven lejos y se ven obligadas a desplazarse en coche. En otros, lo hacen porque es la mejor forma que tienen para combinar el horario del colegio con el del trabajo, o incluso para poder llegar a las actividades extraescolares, donde llevan a sus hijos a contrarreloj justo después de las clases. Sea como sera, día sí y día también llegan a taponar carriles enteros de durante alrededor de media hora. Todo ello provoca un caos en la vía pública que hace que circular por la ciudad a determinadas horas se convierta en una verdadera odisea.

Pero, ¿cómo lo viven los padres? Aurora explica su caso: «Tengo dos hijos en La Presentació, un niño y una niña. Por la mañana venimos andando y al mediodía también. Pero por la tarde necesito ir a buscarlos en coche, porque los niños tienen actividades extraescolares y, si no, no llegarían a tiempo», apunta esta madre. En estos casos, asegura que no tiene otra. Deja el vehículo mal aparcado, en la acera, aunque sin afectar a la circulación.

Y no es la única. Son muchos los padres que se ven obligados a dejar el coche en la acera o en doble fila. «Hacemos lo que podemos. Son solo diez minutos y nos vamos. Aunque de vez en cuando ha caído alguna multa. El año pasado nos pusieron una de 200», apunta Albert, también padre de La Presentació, quien insiste en que los agentes de la Guàrdia Urbana deberían hacer un poco la vista gorda en estos casos, «cuando saben que es una situación que dura apenas unos minutos».

Jordi también es padre y ve en la paciencia la mejor aliada. «Venimos en coche y lo aparcamos en zona azul. A veces incluso salimos con mucha antelación para poder encontrar sitio cerca del colegio. En general, falta alguna zona de aparcamiento junto a las escuelas, aunque sea un descampado», lamenta Jordi. Y Laura, madre, insiste: «Muchas veces tenemos que venir veinte minutos antes. Esto es imposible. Y más si tienen alguna extraescolar. Si viniéramos a pie, no llegaríamos» dice, coincidiendo con la opinión de otros padres.

Hay quien dice que es más una cuestión cultural y de concienciación, y que el transporte público podría ser una buena alternativa. Aun así, muchas familias consideran que la oferta de bus urbano, por ejemplo, no es suficiente amplia para utilizarla a diario en estos casos, y que teniendo en cuenta las necesidades y las rutinas de trabajo de cada uno, todavía es peor. ¿Compartir coche? Es una pregunta que muchos se hacen. Pero cada cual va a su ritmo, con una independencia que perdería si tuviera que compartir transporte con otros. Mientras, las colas se repiten. Varias veces al día. Una verdadera ‘postal’ que afecta también a los usuarios que solo pasan por la zona.

«Yo sé que no debería circular por la avenida de la Salle a estas horas. Pero a veces se me olvida y me despisto. Aun así, es vergonzoso que nos encontremos en situaciones como esta. Deberían tomar medidas. No sé cuáles, pero lo que sí que está claro es que estamos pagando el resto de conductores», lamenta Marcos, un usuario que circula muy a menudo por el entorno de la Pastoreta.

Obras en la Maria Cortina

Si la situación ya no es sencilla en circunstancias normales, menos lo es ahora en el colegio Maria Cortina, en la calle Gaudí, donde las obras que se realizan han obligado a cortar el tráfico y los vehículos no pueden acceder al tramo donde está la escuela. Los trabajos se llevan a cabo en la red de saneamiento de aguas y empezaron la semana pasada con la previsión de durar un mes. Mientras, el caos se apodera también de esta céntrica calle de Reus. Un amás.

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