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Visitas a los ancianos, sin contacto pero con las emociones a flor de piel

Las residencias de la provincia reciben las primeras visitas de los familiares después de dos meses «de angustia»

ROGER SEGURA

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Salvador Plana visita a su madre con una mesa de por medio para garantizar la distancia. FOTO: ACN

Salvador Plana visita a su madre con una mesa de por medio para garantizar la distancia. FOTO: ACN

Desde ayer, con la entrada en la fase 2, los usuarios de las residencias de ancianos ya pueden volver a recibir visitas de familiares, aunque con limitaciones y medidas adicionales de seguridad. «Hemos sufrido mucha angustia pero es un paso adelante muy importante», admite Salvador Plana tras visitar a su madre de 102 años en la residencia STS Misericordia de Reus por primera vez después de dos meses. Las visitas en este centro están limitadas a una sola persona y un máximo de 20 minutos, y se concentran en un espacio habilitado especialmente en la recepción. No se permiten ni los besos ni los abrazos, pero las emociones están a flor de piel.

Sólo puede acceder un visitante, que debe someterse al protocolo de seguridad establecido: desinfección de los zapatos con lejía, desinfección de la ropa, guantes, mascarilla, gel hidroalcohólico y control de temperatura. Una vez superados los trámites, el encuentro se produce en el vestíbulo, donde se han colocado dos mesas largas para garantizar el distanciamiento de dos metros. Entre ellas se ha colgado una lona para ofrecer una mínima intimidad a usuarios y familiares, que disponen de 20 minutos para ponerse al día. Lo más duro es no poder tener ningún tipo de contacto físico.

Salvador Plana fue ayer a ver a su madre, que hace pocos días cumplió 102 años. Salvador explica que han sufrido «mucha angustia», aunque el hecho de que en la residencia no haya habido ningún positivo les ha dado cierta tranquilidad. Durante el período de confinamiento, explica, han ido haciendo un par de videollamadas por semana. Su madre, sin embargo, no oye bien y esto supone una limitación añadida. «A pesar de que es muy difícil la comunicación con ella, el hecho de que podamos venir a verla y que ella también nos vea es un paso adelante», valora Salvador.

En la mesa de al lado, Elisenda Villalta visita a su abuela. «Ha sido difícil y muy duro, creo que lo es para todo el mundo. En el momento que pudimos empezar a salir veníamos a saludarla desde el parking y ellos nos veían desde la habitación», relata. Aunque aún no puede darle besos ni abrazos, Elisenda dice que ha vivido el momento como «una ilusión».

Su abuela, Carmen Carbonell, ha ido hablando por teléfono y por videollamada con la familia. Explica que se ha hecho «cargo» de las limitaciones del coronavirus y que no lo ha pasado del todo «mal». «He pensado que todo era por nuestro bien», admite Carmen, muy ilusionada por haber podido ver a la nieta.

El director de esta residencia, Àusies Arquimbau, explica que han establecido dos franjas de visita –por la mañana y por la tarde–, de forma que cada residente pueda recibir una visita a la semana. Arquimbau señala que, además del protocolo para la entrada de los familiares, desifectan el espacio entre una visita y otra.

El director del centro añade que, a raíz del confinamiento, adquirieron teléfonos móviles y pantallas táctiles para posibilitar la comunicación entre los residentes y sus familias, y que ahora han podido dar un paso más con las visitas presenciales. «Cuando les comunicamos que podrían comenzar a hacerse las visitas se pusieron muy contentos y felices, y ya hemos visto imágenes de mucha emoción», relata.

Además, en la residencia están satisfechos porque han podido esquivar al Covid-19. «Ha sido una situación dura y difícil, pero por suerte y gracias al trabajo de todo el equipo no hemos tenido ningún contagiado».

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