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Cuando la pila bautismal de la Prioral de Reus conservaba el bacalao

Un paseo por las plazas de mercado revela curiosidades sobre la historia del comercio de producto fresco en la ciudad

| Actualizado a 18 junio 2022 20:42
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Hubo un tiempo en que la carne era un monopolio en la ciudad, la pila bautismal de la Prioral de Sant Pere preservaba bacalao en vez de agua bendita y el comercio de esclavos tenía su sitio en el Mercadal. Un permiso especial protegía a los vendedores del asalto de malhechores y los precios de los productos se fijaban en la calle.

Todo eso y bastante más saben la veintena de curiosos que, este mediodía, recorrieron el núcleo con ruta Les places del mercat a Reus, guiados por Carme Just, directora de la Biblioteca del Centre de Lectura. Cerca de dos horas, en total, cargadas de datos y relatos sobre los espacios del municipio donde, en algún momento desde la época medieval hasta nuestros días, los reusenses fueron a comprar productos frescos.

De las Pescateries –Peixateries es, tal como indicó Just, «una ultracorrección de la palabra que ha calado»– al Mercadal, pasando por el Passeig Sunyer, la Prioral, la Plaça Prim y la Llotja o el Mercat Central y el del Carrilet, cada lugar tuvo su anécdota. La ruta, impulsada junto a las Biblioteques Municipals coincidiendo con la celebración del Mercat al Mercadal y que hoy vivió su segunda edición ante la gran demanda, alteró el formato por el calor y arrancó con una puesta en contexto en el Centre de Lectura. Y de ahí, a la calle.

La zona de lo que ahora son las Peixateries Velles fue un escenario pionero del Mercat de Queviures en Reus, y en él se ofrecía principalmente pescado. Este era, por cierto, un alimento «de poco valor porque, al no haber hielo, había que colocarlo justo al llegar, aunque fuese muy bueno». Las Pescateries «las reformó en su momento el Ayuntamiento a través de la venta de Mas Calvó» mientras en el Mercadal se ubicó, ya en el siglo XIX, la distribución de «fruta, verdura, aves vivas y conejos».

Venta de esclavos en el Mercadal

Quienes acudían allí debían disponer de autorización especial, que les blindaba si sufrían un asalto. «Entre los siglos XIII y XIV, se vendían en el Mercadal esclavos que, por lo que se sabe, solían ser tártaros», explicó Just. El empedrado del suelo «lo pagaron en parte los vendedores; era todo tierra y si llovía se embarraba» y en él –hay numeradas 200 paradas– «quien pasea puede ver restos de fósiles, conchas y algunos caracoles».

Durante la Guerra Civil, cuando en el subsuelo de la plaza se excavaron refugios y la tierra sobrante se dejó en la superficie para amortiguar los bombardeos, «el mercado de frutas y verduras se trasladó al interior de la Prioral de Sant Pere» y «el bacalao se ponía en una anterior pila bautismal».

La ruta culminó en la Llotja, gestionada por la Cambra y con medio siglo de vida. Representa la actualización del privilegio que el rey Jaime II concedió a Reus en 1309 para celebrar mercado cada lunes, y fija precios de referencia. Ahora todo es telemático. Una degustación cerró el paseo, que pronto se repetirá.

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