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Alexandre Moreno: «Siempre he querido transmitir el valor de la medicina rural»

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JÚLIA GIRIBETS

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Alexandre Moreno ha sido el médico del Pla de Santa Maria los últimos 25 años. FOTO: CEDIDA

Alexandre Moreno ha sido el médico del Pla de Santa Maria los últimos 25 años. FOTO: CEDIDA

Ha pasado los últimos 25 años recorriendo la corta distancia que hay entre el consultorio y las casas de los vecinos con poca movilidad de la pequeña localidad del Pla de Santa Maria, pero antes de llegar aquí, su recorrido ha sido más que amplio. Nació en un pueblo de Soria, vivió en Igualada, estudió en Zaragoza, empezó como médico en Albacete y ha acabado viviendo en Valls.

Recuerda a la perfección el primer día que llegó al Pla. «Fue el 16 de agosto de 1996», puntualiza. «Sentí un gran recibimiento, de alguna manera me estaban esperando porque se jubilaba el médico anterior», asegura. Alexandre Moreno ha sido el médico del Pla de Santa Maria durante el último cuarto de siglo y ha dejado su huella en los vecinos del pueblo, hasta el punto que ha sido homenajeado recientemente por el Ayuntamiento por su labor como médico rural.

Lejos queda su primer contacto con la medicina como médico rural en Peñascosa, Albacete. «Llegué al consultorio municipal y me encontré con instrumental rudimentario, con agujas reutilizables, antes era así», relata. Justo aterrizar en el pueblo, con 24 años, «el alcalde me dijo que su mujer estaba indispuesta y tuve que atenderla, yo llevaba un maletín con algunos aparatos que me habían comprado mis padres», dice.

Después de tres años en Albacete fue a parar al consultorio de La Riba, en el Alt Camp, donde trabajó durante 13 años. En los años noventa comenzó en el Pla de Santa Maria donde «hemos hecho un gran equipo con todos», dice.

Moreno ha sido uno de los que ha batallado por la ampliación del consultorio del pueblo. «No entiendo por qué no se hizo más grande en su momento, había espacios libres donde podrían haber ubicado servicios como el dentista o el consultorio del segundo médico, pero no lo hicieron». Ahora, con la pandemia se han instalado barracones equipados que se han quedado como consultorios.

«Una de las cosas buenas de la atención primaria es que podemos ver a los pacientes tantas veces como queramos si algo se nos escapa, dice, pero en la salud y en la enfermedad a veces las pistas son falsas y queda grabado y hay cosas que cuestan de superar».

Su labor no sólo se ha centrado en las cuatro paredes de la consulta, sino que también ha sido vocal del Colegio de Médicos de Tarragona, médico funcionario del Sindicat de Metges de Catalunya y ha realizado conferencias en facultades para fomentar la medicina familiar y comunitaria.

«También he colaborado como tutor con médicos de familia de los que he aprendido mucha ciencia y maneras diferentes de tratar a la gente y yo les he transmitido el valor de la medicina rural, soy un enamorado de la atención primaria», explica. Fuera del ámbito sanitario ha sido pregonero de las fiestas del Pla de Santa Maria en 2020, donde se sintió muy reconocido, y hace años presentó la película Un doctor en la campiña, de Thomas Lilty, donde explicó su experiencia como médico rural, igual que el protagonista.

Su último año de trabajo ha sido en plena pandemia y Moreno consiguió que el consultorio del Pla siguiera abierto cuando todos cerraban para centralizar servicios. «Me puse muy pesado y el ayuntamiento lo mantuvo abierto mientras tuviésemos material suficiente», dice, «pero el 6 de abril de 2020 di positivo en Covid, me encontré bien, pero me sentí muy culpable por si lo cogían otros compañeros, pero no fue así», expresa.

Ahora ha llegado el momento de visualizar toda esta intensa vida desde cierta distancia porque se ha jubilado hace cuatro meses. «Ahora me dedico a hacer de abuelo y de hijo», dice y puede visitar a su madre en Igualada más a menudo y sin prisas. Aun así, cuesta desconectar la cabeza del ambiente sanitario, ya que las noticias actuales de la Covid son continuas y diarias, «pero ahora soy un usuario más», asegura. Ahora su vida tiene un ajetreo diferente, pero a pleno rendimiento. Planea estudiar inglés, un amigo suyo le va a enseñar a tocar la guitarra y «tengo olivos en un terreno», añade. «Duermo poco más de seis horas y ¡se me hace corto el día!», manifiesta.

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