Anna Lofi: «La fotografía es una herramienta para romper estigmas»

Periodista

MONTSE PLANA

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La reusense Anna Lofi, en la India, donde fotografió las hijras. FOTO: CEDIDA

La reusense Anna Lofi, en la India, donde fotografió las hijras. FOTO: CEDIDA

De una forma u otra, la fotografía siempre ha estado presente en la vida de Anna López Figueras, fotoperiodista profesionalmente conocida como Anna Lofi (Reus, 1993). Su madre es aficionada a la fotografía, «y me dejaba una cámara cuando iba de excursión o de colonias. Quemaba la mitad del carrete con fotos desenfocadas...», recuerda.

También su abuelo fue aficionado al arte de la imagen, aunque admite que nunca llegaron a compartir afición. Y es que, aunque la primera cámara que le regalaron fue en sexto de Primaria, no fue hasta que heredó la que tenía su abuelo que se despertó en Anna la curiosidad por el mundo de la fotografía. Un mundo que le ha llevado a conocer en profundidad realidades desconocidas para muchos, como las hijras, el tercer género, es decir, una comunidad transgénero de la India, y también a documentar hechos como los incendios forestales de Australia o, ahora, los oficios artesanos que se están perdiendo, en Menorca.

Estudió el bachillerato artístico y, posteriormente, decidió cursar el Grado en Comunicación Audiovisual, en la URV. Podría haberse focalizado directamente a la fotografía, «pero no quería cerrar puertas», por lo que optó por un grado con una mirada más amplia del mundo de la imagen.

Anna, desde pequeña, ha viajado por todo el mundo de la mano de sus padres. Experiencias que le han abierto la mente y que le ayudaron cuando, al terminar los estudios y se encontró sin trabajo, a tomar la decisión de ir de voluntariado con la cámara en la mano. «En vez de hacer un máster, contacté con varias ONG, y finalmente me fui a la India rural de la mano de la Fundació Vicente Ferrer». Estuvo seis meses de voluntaria, además de documentar fotográficamente todo lo que iba viendo. Fue cuando faltaba poco tiempo para terminar el voluntariado que Anna conoció las hijras. «Eran unos personajes muy curiosos que veía por la calle. Preguntaba quiénes eran y la gente no quería responder. Había rechazo», cuenta. Pero consiguió conocer el colectivo, «les hice algunas fotos y se las entregué». Era 2018, y en ese momento Anna volvió a casa. Y es que es en verano que recarga pilas, trabaja, recoge algo de dinero, y vuelve a las andadas. La experiencia de las hijras le había marcado. Quería volver, y a través de una beca de la Generalitat (Associació Diomira) que consiguió, volvió al país. «Me informé en profundidad de las hijras. Históricamente eran una comunidad muy respetada. Se trata del ‘tercer género’, relacionado con el hinduismo, pero con la invasión del imperio mongol, y la posterior llegada de los británicos, esta comunidad ha quedado marginada», explica.

El resultado del trabajo fue el fotoreportaje Hijras, les filles dels Kinnars. Pero Anna decidió también plantar la cámara en cada una de las entrevistas realizadas, lo que le permitió, posteriormente, crear un documental de 20 minutos. Explica que lo más complicado fue el idioma. En las entrevistas concertadas, contaba con un traductor, pero cuenta que en ocasiones optó por buscar a alguien de la calle que supiera inglés, o directamente grabar y posteriormente buscarse la vida para que alguien lo tradujera. «Fue muy difícil porque en ocasiones hacía entrevistas y no sabía ni qué me estaban contando, con lo que no puedes redirigir la conversación», cuenta.

Para Anna esta experiencia marcó un antes y un después. «Es cuando te das cuenta que sí, que es esto lo que quieres hacer». Desde entonces, no ha parado de realizar proyectos. Siempre tiene algún entre manos, pero reconoce que vivir del fotoperiodismo es muy difícil. Así pues, lo combina con sesiones fotográfica en bodas, hace animación turística, talleres... Todo ello para poder sobrevivir y financiar sus proyectos, que son su vida y gran pasión.

Si es tan complicado vivir de esta profesión, Anna cree que es porque no está lo suficientemente valorada. «Ahora todo el mundo lleva una cámara en el bolsillo», señala. Pero ella lo tiene claro: «El fotoperiodista intenta mostrar lo que la gente no ve. Es una herramienta para mostrar realidad, romper estigmas».

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