«Callar te hace cómplice, hay que contar la violencia»

Sociedad. Un grupo de alumnos conoce la historia de Karla Avelar, una mujer trans de El Salvador o, lo que es lo mismo, una superviviente

NORIÁN MUÑOZ

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Un momento de la charla con los alumnos del Martí i Franquès. FOTO: Fabián  Acidres

Un momento de la charla con los alumnos del Martí i Franquès. FOTO: Fabián Acidres

Cosas de la pandemia, Karla Avelar habla con los alumnos de cuarto de ESO del Institut Antoni de Martí i Franquès a través de una vídeollamada. Lo hace desde Suiza, donde vive exiliada desde 2017 y, pese a la distancia, su historia golpea con fuerza a quien le escucha. Karla es mujer trans y salvadoreña o, lo que es lo mismo, una superviviente. En su caso, además, lo de sobrevivir es literal; ha superado varios intentos de asesinato.

La conferencia tenía lugar en el marco de la XI edición del programa Ciutats Defensores del Drets Humans, un proyecto coordinado por el Fons Català de Cooperació al Desenvolupament y gestionado por la Comissió Catalana d’Ajuda al Refugiat con la participación de 27 ayuntamientos y 9 entidades.

Junto a los alumnos de Tarragona había conectados otros de distintos puntos de Catalunya. La idea es que puedan conocer, de primera mano, la historia y las luchas de defensores de los derechos humanos. Este año cooperació del Ayuntamiento de Tarragona ha contactado charlas con defensores de Filipinas, Ruanda, Kenia y El Salvador.

Salir de casa a los nueve años

Karla abandonó su casa a los nueve años después de sufrir violencia (incluida la sexual), en su entorno. Tras vivir en la calle, a los once, comenzó a ejercer la prostitución. A los 15 recibió nueve disparos de bala que la tuvieron varias semanas en coma. La prostitución es, como explica, una de las pocas opciones de ganarse la vida de las personas trans en un país en que la mayoría queda excluida de la educación y el empleo.

La activista ha trabajado en la defensa de los derechos de las personas LGTBIQ+ en su país desde diferentes entidades, hasta que en 2008 consiguió poner en marcha la asociación Comcavis Trans hasta 2017, cuando decidió exiliarse en Suiza.

En 2013 ya se había convirtido en la primera mujer en denunciar los crímenes de odio contra la comunidad LGTBIQ+ ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. Según el mismo organismo, la esperanza de vida de las personas trans en el país centroamericano es de 33 años.

Karla había acudido a Suiza con su madre tras ser nominada a un premio por su labor en defensa de los derechos humanos. Allí se enteró de que su madre había sido golpeada y amenazada con el fin de que hiciera de mensajera de los pandilleros. «Mi madre lloraba, temblaba, no podía ni hablar hasta que me enseñó el vídeo que le habían dado para mí. Se veía como le disparaban a un hombre. Le dijeron que me harían lo mismo, que me matarían delante de ella». Allí comenzaron los trámites para pedir asilo, una decisión difícil porque implicó, entre otras cosas que algunos compañeros de lucha la acusaran de haberle abandonado.

No obstante su activismo no se ha detenido; al contrario, desde diversos organismos internacionales sigue denunciando la persecución que, asegura, impulsan el gobierno y los cuerpos de seguridad de su país. «Callar te hace cómplice, hay que contar la violencia», dice.

La sesión se quedó corta para responder a todas las preguntas de los adolescentes. Desde uno de los institutos le preguntaron qué le diría a su ‘yo’ del pasado, su respuesta fue: «le diría que sea fuerte, que se prepare... Pero que no pierda la esperanza, que se vale soñar».

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