Damià Amorós: «En este trabajo acabas haciendo de psicólogo»

Funcionario de Sarral

JÚLIA GIRIBETS

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Damià Amorós frente al ayuntamiento de Sarral, donde ha trabajado durante 40 años. FOTO: J.G.

Damià Amorós frente al ayuntamiento de Sarral, donde ha trabajado durante 40 años. FOTO: J.G.

Hace unas semanas, Damià Amorós recibió una llamada telefónica. Era la presidenta del Consell Comarcal de la Conca de Barberà, Carme Pallàs, que le comunicaba que su trayectoria de más de 40 años como funcionario al frente del Ayuntamiento de Sarral iba a ser reconocida con una distinción. Confiesa que en ese momento no fue todo lo diplomático que tenía que ser porque no esperaba para nada tal reconocimiento. «¡Pensé que era una broma!», exclama.

Su recorrido profesional y personal es un cóctel que mezcla el asociacionismo, el servicio a la sociedad, el afán por tener un municipio próspero, las habaneras e incluso el cine.

Probablemente, es de las personas que más saben de Sarral, pues ha topado con su realidad a diario, incluso fuera de horas de trabajo. Asegura que el descanso no existe y si alguien no le encuentra en el ayuntamiento, lo va a buscar a casa, justo al lado del consistorio, para resolver el problema que tenga. «Solamente me siento de vacaciones si me marcho del pueblo», asegura. El trato humano es uno de sus fuertes, sin duda. «En este trabajo acabas haciendo de psicólogo, porque las 24 horas soy Damià, el del Ayuntamiento».

Su llegada al Ayuntamiento de Sarral fue en 1981, momento en que el anterior funcionario se jubilaba y él preparó las oposiciones para entrar. Por aquel entonces «se trabajaba en un edificio viejo con goteras y con una sola máquina de escribir», recuerda. Durante estas cuatro décadas también ha asumido el puesto de secretario accidental durante 13 años. «He inscrito 475 nacimientos, una tercera parte del pueblo», dice orgulloso, recordando su trabajo como secretario del Registro Civil, tarea complementaria a la suya.

Ahora, en las modernas instalaciones en las que trabaja, su despacho actual es un reflejo de su personalidad, según comentan los que le conocen. Dos grandes fotografías del pueblo desvían la vista nada más entrar. Una de ellas muestra la iglesia destrozada, en ruinas, que vendría a explicar que de las desgracias acabamos saliendo. La otra inmortaliza preciosas piezas del alabastro típico del municipio, el gran hito de la zona, que plasma que hay que recordar los buenos momentos.

Sus ojos han visto pasar a siete alcaldes, que asegura le han hecho sentir parte del equipo de gobierno, «siempre desde mi postura de funcionario», aclara. «No hay nada más grato que trabajar para tu pueblo y ahora Sarral está pasando por un momento muy bueno a nivel agrícola, industrial y también en la artesanía». Los mejores momentos siempre han sido «cuando he visto crecer el pueblo», y entre los peores, recuerda el traspaso de tres de los alcaldes con los que ha compartido experiencia.

Las habaneras y Cuba

Durante 21 años, Amorós ha cantado habaneras en el grupo Mariners terra endins que, como anécdota, organizó un festival en Sarral para recaudar fondos para la adquisición de una ambulancia. En sus actuaciones, cuando decía aquella frase de «el meu avi va anar a Cuba», no mentía en absoluto. Su abuelo viajó a Cuba, donde se casó, aunque la Revolución Cubana partió a la familia en dos y actualmente aún tiene parientes al otro lado del charco.

El cine es otra de sus facetas más sorprendentes pese a no haberse dedicado nunca a la interpretación. Ha participado en distintas películas del cineasta local Jaume Sanahuja Arcos. «Siempre me toca hacer el papel de villano. En mi vida real supongo que no es así», manifiesta.

En unos meses, asegura, se jubilará y apartará su rol con la administración, «aunque si puedo dar algún consejo, lo daré», matiza. «Me gustaría viajar y pasar temporadas fuera, el Ayuntamiento quedará en buenas manos, hay un equipo con gente muy preparada», afirma.

El reconocimiento del Consell Comarcal que acaba de recibir se lo toma desde la más absoluta humildad. «Jamás lo hubiese pensado, seguro que hay tantas o más personas que yo que lo merecen. He trabajado, me lo he pasado bien y encima he cobrado, qué más quiero», concluye.

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