El iglú vegetal donde los niños crecen en Reus

La Escola Bressol L’Olivera de Reus convierte su patio en un jardín educativo para favorecer el desarrollo libre de los más pequeños

MÓNICA PÉREZ

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El nuevo espacio, cargado de elementos naturales, busca tejer la continuidad con las aulas. FOTO: A. GONZÁLEZ

El nuevo espacio, cargado de elementos naturales, busca tejer la continuidad con las aulas. FOTO: A. GONZÁLEZ

Las Escoles Bressol Municipals de Reus siguen adelante en el propósito de reinventar sus patios y perfilarlos como «elementos didácticos para el crecimiento de los niños y niñas». Después de que La Ginesta y El Lligabosc ya estrenasen esta nueva orientación en cuanto al exterior de las aulas, ayer fue el turno de L’Olivera: un iglú vegetal, un laberinto de bambú o recorridos con diferentes texturas en el suelo hacen, desde hace algunos días, las delicias de los pequeños de 0 a 3 años que acuden a diario al centro.

El objetivo es «generar nuevos espacios para experimentar y para que los niños hagan descubrimientos por ellos mismos, es decir, que sean jardines educativos», tal como especificaba ayer el concejal de Educació, Daniel Recasens, durante la primera visita a las instalaciones. El proyecto enlaza con el cambio de modelo pedagógico que las Escoles Bressol vienen implantando y que promueve la libre circulación de los pequeños por varios lugares de los equipamientos para fomentar la autonomía, la capacidad de actuación, el desarrollo evolutivo y el contacto directo con la naturaleza. Todo se concibe con esta finalidad: desde el pavimento a los accesos, pasando por las vallas perimetrales y «lo más visible, los elementos de mobiliario especiales».

En este último aspecto, el giro en la filosofía de los patios de las Escolas Bressol es muy claro y consiste en el salto de los juguetes de plástico –como pueden ser caminadores o casas– a otros hechos de madera, integrados en el entorno o directamente arquitectónicos, como escaleras o desniveles al servicio del aprendizaje. En L’Olivera se ven ahora, además de todo lo anterior, plantas aromáticas y estructuras orgánicas que «estimulan el juego diverso, libre o creativo». «Estábamos acostumbrados a los patios en los que teníamos a educadores persiguiendo a niños y niñas en bicicletas o en coches de plástico y ahora es otra historia, se trata más bien de generar una aula extensa con instrumentos que crean otras dinámicas y a menudo a través de la madera y de materiales de ese tipo, por ejemplo; el cambio es muy evidente», añadía ayer Recasens.

Hace alrededor de 15 años, cuando la Escola Bressol L’Olivera fue construida, lo que marcaba la normativa era «tener unos metros de espacio diáfano que dieran lugar al patio», pero «en estos momentos, ese patio se ha transformado en una capa nueva de relación de la escuela, en una parte del programa educativo o de convivencia con el espacio interior», tal como apuntaba el arquitecto municipal Gabriel Bosques, que decía que «estamos ante un lugar de juego y educativo, multisensorial, rico y que resulta completamente distinto al de aquellos inicios». La obra, conjunta con la de la Escola Bressol Montsant, ha supuesto una inversión de cerca de 70.000 euros, y están ahora pendientes de que culmine el crecimiento del global de la vegetación plantada.

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