Joan Esteve Alcové: «Yo ya cortaba cabello cuando mataron a Kennedy»

Este barbero de Vila-seca, de 74 años, es la cuarta generación de este oficio en la ciudad.

Jordi Cabré

Whatsapp
Alcover tiene 74 años y sigue en la barbería familiar disfrutando de su oficio. FOTO: PERE FERRÉ

Alcover tiene 74 años y sigue en la barbería familiar disfrutando de su oficio. FOTO: PERE FERRÉ

Joan Esteve Alcové Graset, de Ca Cantaré, es el último barbero de una saga de Vila-seca que se remonta al siglo XIX. A sus 74 años sigue al pie del cañón y asegura que «mientras el cuerpo aguante» no tiene intención de dejar las tijeras ni el peine. «En casa muchas veces me han dicho que cerrara, pero aquí (en la barbería de la calle de la Font) disfruto de la vida», se sincera.

La barbería de Joan Esteve aún la conocen los más veteranos como Ca Cantaré «porque mis antepasados, antes de coger las tijeras hacían botijos (càntir en catalán)», argumenta. El sobrenombre terminará con él porque sus dos hijos, que han tomado caminos profesionales distintos a la barbería, ya nadie les conoce por el renom. Solo son Alcové.

Joan Esteve saca pecho cuando recuerda que lleva casi seis décadas trabajando en este oficio. Asegura que él cortaba cabello cuando Kenedy fue asesinado en Dallas, por aquel 22 noviembre de 1963.

Aunque el oficio empezó a contar a los 17 años, Joan Esteve ya frecuentaba la barbería de su padre Josep cuando tenía 10 años. «En aquella época los hombres fumaban y mientras el padre hacía un pitillo, yo remojaba las caras», explica. El afeitado de antaño era un ritual: los mayores iban a la barbería una vez a la semana, los jóvenes dos. No había maquinillas, ni cuchillas en las casas y acudir a la barbería formaba parte de la rutina varonil de aquellos años.

Con el paso del tiempo, Joan Esteve Alcové empezó a afeitar y a cortar cabello. En sus inicios recuerda que después del afeitado se pasaba un poco la máquina por el cogote y «cada mes o mes y medio la gente si se cortaba el cabello. No como ahora, tan corto y tantas veces», admite.

El barbero se ha ido adaptando a la moda y a las peticiones de su clientela varonil. Las patillas, los bigotes, las barbas… en cada época ha habido un estilo y él se ha adaptado para poder mantener una clientela fiel que a día de hoy continua. «Tengo edad de jubilarme, pero sigo disfrutando de la barbería y clientela no me falta», asegura este barbero que sigue trabajando mañana y tarde mientras el cuerpo aguante.

Los secretos y los pedales

Alcover es un hombre comedido cuando habla de la clientela y de sus conversaciones privadas. Es consciente de que el negocio se convierte en un confesionario y que muchas veces son habladurías sin repercusiones, pero otros secretos podrían provocar un terremoto en oídos ajenos.

Él, al igual que los curas, deja cada comentario o confesión entre las paredes de la calle de la Font e incluso un día llegó a bromear con el cura de Vila-seca asegurándole que ambos eran los que mejor conocían los secretos de sus conciudadanos.

Alcover tiene otra gran pasión, los pedales. Los fines de semana se monta en la bicicleta y se da una vuelta. Para él, expresidente del Club Ciclista Vila-seca, 50 kilómetros no son nada y explica con orgullo que ha ido seis veces hasta Montserrat o que ha llegado hasta la Vall d’Uxó (en la provincia de Castellón).

Posiblemente, esta medicina llamada bicicleta y ese carácter jovial hacen de Joan Esteve Alcover una persona sana y empática, donde uno se siente a gusto compartiendo una charla o dejando su cuero cabelludo en sus manos. De hecho, entre su clientela fija están los alcaldes de la ciudad. «Todos los que han sido alcaldes en el último siglo han pasado por aquí», explica con orgullo.

De los dos últimos, Josep Poblet y Pere Segura, dice que al primero tuvo que recordarle que era una tradición pasar por su barbería. «Poblet tenía un amigo que se lo cortaba en Reus. El día que vino se hizo fotos y me regaló un centro de flores». En el caso de Segura, el alcalde ya había pasado por su sillón de pequeño, pero al estudiar en Barcelona, había cambiado de hábitos hasta que el barbero le recordó la tradición y Segura no dudó en sentarse en el sillón y ponerse en sus manos. A diferencia de los alcaldes anteriores, éste explicó su paso por Ca Cantaré en las redes sociales. Otras épocas, mismas tijeras.

Temas

Comentarios

Lea También