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La comunicación es clave para evitar el maltrato psicológico

«Ocuparnos de nosotros también es ocuparnos de los demás», asegura la psicóloga Elena Fernández en una charla organizada por Mémora en el marco de sus espacios de apoyo

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La mayor parte de situaciones de maltrato se desarrolla en escenas cotidianas. Foto: Cedida.

La mayor parte de situaciones de maltrato se desarrolla en escenas cotidianas. Foto: Cedida.

El maltrato psicológico se define como aquellos comportamientos intencionados que se ejecutan desde una posición de poder y que se encaminan a desvalorizar y producir daño físico, destruir la autoestima y reducir la confianza personal. Se trata de una acción única o repetida que se produce en cualquier relación donde se da una expectativa de confianza y que provoca daños y angustia en la persona que recibe.

Se puede producir en diversos ámbitos de la vida como la pareja, la familia, la escuela o el trabajo. Intimidar, amenazar, insultar, humillar, controlar o negar sentimientos son algunas de las conductas donde se manifiesta. El maltrato, sin embargo, tiene muchos matices. Y es que se produce en situaciones que, en muchos casos, son invisibles y que se desarrollan en escenas cotidianas. «Una chica está cruzando la calle con su madre, una mujer mayor a la que le cuesta andar. Al ver que está caminando lento, la joven le grita, diciendo que se de prisa. Esto claramente se podría definir como una situación de micromaltrato psicológico donde se ejerce el poder respecto a otra persona que es más vulnerable», asegura en una charla organizada por Mémora la psicóloga Elena Fernández, quien recalca que ejemplos como este «son episodios que desvalorizan a la persona, la humillan y la ignoran. En muchas ocasiones no es intencionado, pero no por eso es menos dañino», argumenta.

Darnos cuenta de cuando recibimos o causamos el maltrato psicológico es el primer paso para generar relaciones que sean potenciadoras y reconocedoras. Cabría considerar, en primer lugar, algunos factores que determinan que se produzcan situaciones de maltrato. Entre estas, comenta la psicóloga, no se pueden obviar «los prejuicios sociales que se establecen en función de la clase social, el hecho de haber nacido hombre o mujer o la condición sexual». Sin embargo, conviene analizarlo desde más ópticas y apunta uno de los aspectos clave, las necesidades personales. «Desde el momento en que nuestras necesidades no están satisfechas nos podemos mostrar irritados, enojados o nerviosos. Es entonces cuando hacemos responsables a los demás de cómo estamos», asegura la psicóloga. Por eso, subraya Fernández, «hay que tomar consciencia de nuestras necesidades y hacernos cargo de las dificultades para poder establecer una relación empática con los demás y ser asertivos».

Debemos expresar nuestros sentimientos en vez de señalar la conducta de los demás

La comunicación no violenta, explica la psicóloga, juega un papel fundamental para poder establecer relaciones que se alejen precisamente de situaciones que claramente pueden ser objeto de maltrato o micromaltrato. «Hemos de observar, sentir, ver qué necesitamos y cómo lo pedimos. Debemos analizar nuestros deseos y necesidades así como la de los otros, con una expresión honesta y una recepción empática». La psicóloga pone de relieve algunas situaciones donde se evidencia como el lenguaje tiene una incidencia clara en el momento de dirigirnos a los demás. Uno de los errores comunes es cuando este se basa únicamente en la interpretación.

«Si una persona dice ‘cuando no me saludas me siento rechazada’ está enfatizando en la conducta del otro. En cambio, si digo a alguien ‘me siento sola’ o ‘me alegra que vengas’, es mucho más adecuado porque está expresando un sentimiento», asegura Fernández.

El lenguaje, entonces, «debería hacer hincapié en nuestras necesidades, en tanto que la persona que habla asume la responsabilidad de los sentimientos», asegura Fernández. Y pone otro ejemplo. «Si digo ‘me irrita que dejes papeles de la empresa en la sala de reuniones’ estamos presuponiendo que la conducta de la otra persona es la única responsable de los sentimientos de la persona que habla». En este caso, comenta la psicóloga, sería mejor expresar la frase del siguiente modo: «Me irrita que dejes papeles de la empresa porque lo que yo quiero es que queden bien guardados y sean fáciles de encontrar».

En el buen trato psicológico también es clave la idea del discernimiento, según las palabras de Fernández. «Hay que ser conscientes e que unas cosas las podemos controlar nosotros pero otras no. Si intentas cambiar al otro constantemente seguirás teniendo ese malestar al no ocuparte de la parte que tú sí que puedes, que es de tí mismo», asegura.

«Ocuparnos de nosotros también es ocuparnos de los demás», reitera la psicóloga.

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