Las aguas del río Corb recorren, sinuosas, la Catalunya medieval

En su trayecto, bañan el valle del mismo nombre, entre bellos parajes.

Gloria Aznar

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Espacio Natural de las Obagues del río Corb. Foto: Consell comarcal Conca de Barberà

Espacio Natural de las Obagues del río Corb. Foto: Consell comarcal Conca de Barberà

Las aguas del río Corb bañan pequeños pueblos medievales a uno y otro lado de la frontera entre Lleida y Tarragona, en un valle del mismo nombre, rodeado de naturaleza. A este lado de la margen se encuentran Santa Coloma de Queralt, El Fonoll, Forès, Belltall, Llorac con su pedanía Rauric o Vallfogona de Riucorb. De la otra ribera, la de Lleida, conviven Guimerà, Vallbona de les Monges, Nalec o Ciutadilla. En la Vall del Corb la vida transcurre a otro ritmo, entre almendros, olivos, viñas y cereales. Una quietud envuelta de amapolas y bosques de encinas, robles y pinos. 

Es en la pedanía de Llorac, en Rauric, donde empieza el curso del río Corb, sinuoso, hasta llegar al Segre. El pueblo de Llorac es de una gran belleza, con las Obagues, zona declarada Espacio de Interés Natural en el que se alternan bosques y campos de secano que forman un bonito mosaico, visible desde las carreteras que lo recorren. También la Ruta Verde de la Conca de Barberà atraviesa el término municipal, un proyecto desarrollado para conocer más de cerca los parques eólicos de la zona. Asimismo, además de Rauric, Llorac comprende las pedanías de la Cirera, Albió y el despoblado de Montargull. Todos ellos pequeños pueblos que viven principalmente de la agricultura del cereal y la ganadería, y que han sabido mantener su idiosincracia. 

Una vista de Santa Coloma de Queralt en la Vall del Corb.  Foto: Àngel Juanpere

Y es que la Vall del Corb habla de una tradición milenaria. Entre los personajes insignes que decidieron residir en estas tierras, destaca la figura del literato Francesch Vicens García Ferrandis, conocido popularmente como el Rector de Vallfogona (1579-1605). Nacido circunstancialmente en Zaragoza, aunque su padre era de Tortosa, el Rector, sacerdote y poeta en lengua catalana, escribió prosa y teatro y es conocido por el tono sarcástico, humorístico y erótico de sus obras. Su estilo fue imitado por muchos autores catalanes del siglo XVIII y en la actualidad, los artistas Pili Cugat y Carlos Lupprian, de las Terres de l’Ebre, ponen música a la poesía de este gran escritor barroco. 

Situado a 15 kilómetros de Vallfogona, se erige el hotel balneario del mismo nombre, fundado en 1901 para el aprovechamiento de las aguas mineromedicinales existentes en la zona desde el siglo XIX y que fueron declaradas de utilidad pública en el año 1903. Las aguas, provenientes de manantiales subterráneos, pueden suponer una parada revitalizante para continuar el camino. 

El Fonoll, Vallfogona, Santa Coloma de Queralt  o Llorac son algunas de las localidades.

También Forès guarda el recuerdo de otro gran poeta. En este caso, es el recientemente fallecido Joan Margarit, quien se refugiaba en la paz de este pueblecito de la Conca de Barberà cuando necesitaba huir del bullicio urbano. De hecho, quiso ilustrar con una foto de su Forès nevado Animal de bosque, el último libro publicado, ya póstumo. Desde la pequeña localidad de Forès, con menos de medio centenar de habitantes, se vislumbra la comarca y parte de la vecina de la Segarra, en Lleida. Ubicada sobre la Serra del Tallat, antaño fue un importante enclave estratégico, objeto de deseo de los condes de Barcelona por su posición privilegiada.

Belltall es un agregado del municipio de Passanant i Belltall.  Foto: Rosa Maria Tous

Es en la sierra de Forès donde se erige Belltall, a medio camino entre las comarcas de la Conca de Barberà y el Urgell, en Lleida. Una de las singularidades de este pequeño municipio es su ajo. Referencia de la comarca, es de grillo rojo, de cabeza pequeña, cultivado en secano, a una altura entre 700 y 800 metros. Estas condiciones le dan una textura muy fina, un sabor picante y sabroso; además tiene un alto poder de conservación, ya que los ajos aguantan de una cosecha a otra y el primer sábado de cada agosto se celebra la Fiesta del Ajo de Belltall.

La Vall tiene también su personaje literario, el escritor barroco Rector de Vallfogona.

Santa Coloma de Queralt es otro de los puntos de la Vall del Corb, con sus balcones de hierro forjado de la Plaza Mayor, el barrio judío, el retablo de San Lorenzo o el campanario. Durante mil años esta villa fue la casa de veraneo de la baronía de los Queralt, una de las familias feudales más poderosas de la Edad Media, gran aliada de los Condes de Barcelona. En las afueras de la ciudad se encuentra la iglesia de Santa María de Bell-lloc, declarada Monumento Histórico Artístico en 1944. Construida en el siglo XIII, es de transición del románico al gótico y de este estilo conserva los sepulcros del descendiente de Guifré el Pilós, Pere de Queralt y Alamanda de Rocabertí, aunque  finalmente la señora de Santa Coloma no fue enterrada allí por desavenencias familiares.

Finalmente, los visitantes naturistas tienen en El Fonoll su paraíso. Se trata de un pueblo milenario que se empezó a restaurar como complejo naturista en 1998 de tal manera que si el tiempo acompaña, permite disfrutar de una vida saludable sin ropa.

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