Mossèn Gil, cuando la pensión no da para una residencia

Dependencia. El sacerdote tiene 93 años y ya no puede vivir solo. El Arquebisbat dice que cada cura decide cómo administra su jubilación

NORIÁN MUÑOZ

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Mossèn Josep Gil en la iglesia de El Catllar en una foto de archivo de 2018. FOTO: ALFREDO GONZÁLEZ

Mossèn Josep Gil en la iglesia de El Catllar en una foto de archivo de 2018. FOTO: ALFREDO GONZÁLEZ

Mossèn Josep Gil i Ribas se convertía ayer en noticia, probablemente de manera involuntaria, cuando un familiar explicaba a Jordi Bastè, en el programa de radio ‘El món a RAC 1’, que el sacerdote, de 93 años, ya no puede vivir solo y su pensión no le da para vivir en una residencia.

Gil es una figura muy conocida y apreciada en el territorio. Es hijo predilecto de Reus, su ciudad natal, e hijo adoptivo de Tarragona, donde fue rector y vicario de distintas parroquias. En 1982 fue nombrado rector de la iglesia de El Catllar, pueblo donde residía hasta hace unos meses.

Jordi Llobet, un familiar de segunda generación que vive en Terrassa (sus suegros son primos de Gil), explica que el sacerdote hasta este verano, pese a su avanzada edad, vivía de manera más o menos independiente, en la casa parroquial. Allí pagaba un alquiler de 200 euros y se hacía cargo de los gastos. Llobet asegura que Gil «invirtió todos sus ahorros para acondicionar la rectoría y poder vivir allí, así como hizo muchas mejoras en la iglesia». Una persona le ayudaba con la limpieza y entre feligreses y vecinos del pueblo le preparaban la comida. Hasta el pasado mes de agosto oficiaba una misa semanal.

En septiembre, no obstante, la situación cambió cuando la familia de Llobet, y luego una colaboradora cercana, se percataron de que comenzaba a perder la ubicación espacial y temporal. El médico dijo que ya no podría estar solo, con lo que le trasladaron primero al sociosanitario Santa Tecla Llevant y luego a Santa Tecla Ponent. Llobet, no obstante, dice que están preocupados porque se trata de una solución provisional porque a partir de ahora Mosssèn Gil necesitará asistencia constante, por lo que deberá estar en una residencia y con la pensión que cobra no puede hacerse cargo.

Apunta que feligreses, vecinos y amigos se están organizando para ver si entre todos ellos pueden hacerse cargo, pero, en su opinión, quien debería responder es el Arquebisbat de Tarragona, ya que «él ha dedicado toda su vida a la iglesia; forma parte de ella desde 1940».

Señala que cuando acudieron a exponer la situación al Arquebisbat la respuesta fue que las gestiones en el caso de Gil tenían que ser «las mismas de cualquier otra persona, es decir, a través de Servicios Sociales y los canales establecidos».

Sin trato de favor

Mossèn Simó Gras confirma la explicación. Los sacerdotes diocesanos, como es su caso y el de Gil, cobran un sueldo y, posteriormente, se jubilan. El Arquebisbat complementa esta pensión en la misma cantidad para todos. Cada sacerdote, explica, «administra su patrimonio y decide cómo quiere que sea su jubilación». En algunos casos se retiran a vivir a casa de familiares; otros viven en residencia y otros, con cuidadores en sus casas.

Explica que, a diferencia de Barcelona, en Tarragona el Arquebisbat no dispone de una residencia para los sacerdotes que se jubilan.

Explica, además, que no hay que confundir la situación de los sacerdotes diocesanos, como es su caso, con los que pertenecen a órdenes religiosas, que tienen formas de organización diferentes y que pueden retirarse a vivir con la orden.

Gras lamenta el revuelo que se ha formado, pero asegura que Mossèn Gil «no está desatendido», pero insiste en que su jubilación es «como la del resto de los ciudadanos, el Arquebisbat no es su tutor legal».

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