Perspectiva de género en primera línea

Lourdes Franco y María José Sáez se han dedicado a mejorar la salud de las mujeres desde la atención primaria

Sílvia Fornós

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María José Sáez, médica, y Lourdes Franco, médica y miembro del Centre d’Antropologia Mèdica de la URV. foto fabián acidresfoto: getty images

María José Sáez, médica, y Lourdes Franco, médica y miembro del Centre d’Antropologia Mèdica de la URV. foto fabián acidresfoto: getty images

«En las últimas décadas, en el ejercicio de la medicina ha predominado el modelo biopsicosocial de enfermedad –que postula que los componentes biológicos, psicológicos y sociales coexisten de manera interdependiente en todas las enfermedades– pero la alternativa a este abordaje clásico debe ser un modelo socio-psico-biológico, ya que la sociedad y cómo vivimos afectan, en mayor o menor medida, a nuestra salud mental y emocional, lo que repercute en el desarrollo de enfermedades». Con estas palabras Lourdes Franco López, médica y miembro del Centre d’Antropologia Mèdica de la URV (MARC), señala la importancia de incorporar la perspectiva de género en la investigación, los tratamientos y la atención médica y social, partiendo de la atención primaria y comunitaria. Una mirada que comparte con la también médica, ahora jubilada, María José Sáez. Una visión simultánea que les ha merecido la distinción Maria Antònia Ferrer, que cada año entrega la URV, a través de la Unidad de Igualdad, a aquellas personas o colectivos que han destacado por su labor en la visibilización y defensa de los derechos de las mujeres.

En este sentido, ambas han investigado sobre enfermedades que pueden tener una base en los roles de género y han creado grupos de mujeres que han permitido reducir el consumo de fármacos sedantes, después de que en 2016 se percataran de que las personas mayores de 15 años atendidas en el CAP de Deltebre que consumían benzodiacepinas, sustancias con efectos sedantes como somníferos, ansiolíticos o relajantes musculares, casi el 70% eran mujeres, por encima de la media estatal.

Sobre las conclusiones, María José Sáez explica que «corroboramos que las mujeres tenían un perfil común, en tanto que eran altamente cuidadoras de sus familiares, con una sobrecarga y responsabilidad por ser hijas, esposas y madres, es decir, se encontraban atrapadas en este rol cultural». Unas circunstancias, sigue explicando la médica, «que se manifestaban en una mayor irritabilidad, nervios y cansancio, por lo que buscaban ayuda en la medicación». Al mismo tiempo observaron que la presión asistencial y la falta de tiempo para entablar una conversación con las pacientes, o las recetas previas, conducían a los profesionales médicos a recetar benzodiacepinas, perpetuando la patologización.

Ante estos hechos, María José Sáez y Lourdes Franco López tomaron la iniciativa de crear el proyecto La millor pastilla ets tu, dirigido a mujeres consumidoras crónicas de benzodiacepinas. «Las prescripciones médicas son muy protocolarias por lo que, en muchas ocasiones, la profesión médica solo tiene conocimiento de los síntomas y no de las causas y circunstancias», explica Lourdes Franco López, quien añade que «en consecuencia, la medicación agrava la situación y estas mujeres dejan de tener una situación de estrés o de ansiedad por circunstancias múltiples, a ser ansiosas y nerviosas, un malestar que se perpetúa».

Por ello, decidieron cederles a ellas la palabra. «Necesitaban espacios donde compartir y expresar aquello que les hacía sentir mal, y a su vez cuestionarse sus propias realidades», explican las médicas, quienes hacen hincapié en que «en estas reuniones podían narrativizar los malestares del día a día con el fin de fortalecer su autoestima, romper las barreras y reconducir las circunstancias que las rodeaban».

El resultado fue prometedor. «Cuando hicieron este cambio, modificaron la posición en la que estaban en sus relaciones más íntimas y todas dejaron, de una forma u otra, de tomar medicación en mayor o menor medida, ya que se desataron de los mandatos de género que provocaban la necesidad de tomar psicofármacos», explica María José Sáez. Por ello, ambas reivindican la necesidad de incorporar la perspectiva de género en la salud, partiendo de la primera línea, es decir, de la atención primaria y comunitaria.

«Los médicos de familia estamos encerrados en la consulta porque la demanda y la estructura del sistema nos encierra y nos encorseta en este rol, lo que dificulta las acciones de contacto con la población», explica Lourdes Franco López, quien añade que «la tecnificación de la medicina es positiva, en tanto que hemos logrado tener una mayor esperanza de vida, que el cáncer no sea una sentencia de muerte o disponer de antibióticos para combatir infecciones, pero la salud es mucho más que estar enfermo, es el global de cómo vivimos como sociedad y cómo estamos a nivel emocional».

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