Psoriasis, la enfermedad que traspasa la piel

Diagnóstico. Por su impacto estético, 
la patología también afecta a la salud mental y emocional de los pacientes

Sílvia Fornós

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FOTO: GETTY IMAGES

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¿Es contagiosa?, ¿Existe predisposición genética?, ¿Se puede prevenir?, ¿Es una enfermedad crónica? Los interrogantes que rodean la psoriasis, una enfermedad que afecta a un 1,4% de la población española, siguen siendo numerosos, aunque cada vez más se van conociendo muchos aspectos íntimos de la misma que llevan a un optimismo contenido.

En este sentido, el Dr. Antoni Azón, dermatólogo responsable de la Unidad de Dermatología del Hospital Universitari Sant Joan de Reus y profesor de Dermatología en la Universitat Rovira y Virgili, describe que «la psoriasis es una enfermedad autoinmune y autoinflamatoria que produce una alteración de la queratinización de la piel, es decir, es una enfermedad que conlleva un crecimiento excesivo de la epidermis en ciertas áreas de la piel de los pacientes y que produce un conjunto de lesiones que, de forma general y convencional, son visibles en rodillas, codos, cuero cabelludo y piernas». Estéticamente, se identifican porque «son placas rojizas y escamas blancas» y en algunos casos, infrecuentes, pueden presentarse en «zonas íntimas, palmas y plantas o las uñas, y además puede cursar con enfermedad articular en un 30% de los casos».

«El paciente ‘portador’ nunca podrá saber que lo es hasta que no desarrolla la enfermedad»

En cuanto a los factores que promueven el desarrollo de la enfermedad, el dermatólogo explica que «existe evidencia científica que indica una base genética, y sobre este background –que ninguno de nosotros sabemos si lo tenemos–, influyen factores externos como los nervios, las infecciones, algunos medicamentos, el consumo de alcohol y tabaco y los traumatismos que podamos tener sobre la piel, ya sea una herida, una quemadura, una rascada, una insolación, etc.».

La psoriasis se puede manifestar en cualquier momento de la vida aunque, advierte el Dr. Azón, «existen dos curvas de afectación por edad: un primer pico alrededor de los 15-20 años y otro entre los 40-50 años. En la primera etapa la enfermedad se relaciona, por lo común, con episodios infecciosos, sobre todo en la garganta; mientras que en el segundo período se vincula a situaciones de estrés, nervios u otras cuestiones personales».

El Dr. Antoni Azón, dermatólogo del Hospital Universitari Sant Joan de Reus. FOTO: ALBA MARINÉ

Cabe reseñar que «en cada una de las etapas, la enfermedad puede comportarse de forma diferente, ya que en edades jóvenes se puede presentar de manera brusca en forma de lesiones más extensas y pequeñas –lo que se conoce como psoriasis en gotas–; mientras que en adultos se presenta de forma más convencional en placas y puede ser extensa».

Detección

«El paciente ‘portador’ de la psoriasis nunca podrá saber que lo es hasta que no desarrolla la enfermedad», asegura tajantemente el especialista. Así, aunque la prevención en esta fase no es posible, sí que está en manos de los pacientes diagnosticados controlar que la enfermedad empeore. ¿Cómo? «A base de limitar factores inductores como el consumo de alcohol y tabaco, mantener a raya el estrés, protegerse de las infecciones, evitar ciertos medicamentos, etc., además de llevar una vida con una dieta correcta, como la mediterránea, hacer ejercicio, tomar el sol y buscar situaciones que nos relajen».

«Aunque la detección precoz no es posible, ya que no hay un análisis de sangre ni una biopsia de piel sana que permita anticipar un diagnóstico, la psoriasis es de diagnóstico clínico visual en el 95% de los casos», explica el dermatólogo y añade que «en ocasiones, la enfermedad puede ser muy críptica, con poca expresividad y hay que buscarla en puntos no muy comunes. Por ejemplo, en casos de artritis no aclarada los reumatólogos nos derivan algunos pacientes para encontrar algún estigma o presentación escasa de la enfermedad que pueda sugerir artritis psoriásica».

Tratamientos

«La elección del tratamiento dependerá de la gravedad de la enfermedad. De esta manera, si son pocas las lesiones, tanto en el cuerpo como en el cuero cabelludo, los tratamientos son de uso local en forma de cremas, espumas y lociones; mientras que cuando se trata de formas moderadas y graves podemos ofrecer en nuestros hospitales sesiones de fototerapia (luz ultravioleta) o prescribir medicamentos». En este sentido, el Dr. Azón añade que «en los últimos 15 años, gracias al conocimiento íntimo de la psoriasis, se han logrado importantes avances terapéuticos que contribuyen a controlar las formas más moderadas y graves de la enfermedad, y que han supuesto un antes y un después en el pronóstico y la mejora de la calidad de vida de los pacientes».

«Gracias al conocimiento íntimo de la psoriasis se han conseguido avances terapéuticos»

Comorbilidades

Por otro lado, el especialista señala que «la psoriasis es una enfermedad que, por su impacto estético, también afecta a la salud mental y emocional de los pacientes». «Es lo que llamamos comorbilidades asociadas, es decir, las personas diagnosticadas tienen más riesgo de poseer una baja autoestima, menor interacción social o una mayor probabilidad de depresión como consecuencia de esta enfermedad crónica».

Paralelamente, el Dr. Azón señala que «existen otros factores que pueden recortar la esperanza de vida de estas personas, porque habitualmente también son pacientes con mayor riesgo de obesidad o de desarrollar cuadros metabólicos, como por ejemplo niveles de azúcar y colesterol elevados e hipertensión, es decir, tienen más factores de riesgo vascular, lo que hace que tengan un mayor riesgo de padecer accidentes vasculares y cerebrales como infarto de miocardio, angina de pecho, etc.. Por eso hay que ver al paciente psoriásico como un todo, de forma más global, no solo es su piel, es mucho más, algo que realmente la traspasa». Por todo ello, los dermatólogos son optimistas y creen que la mejora de los tratamientos, por su eficacia y seguridad, llevarán a un cambio de futuro en la planificación del tratamiento de los pacientes con psoriasis. «Aún no podemos curarla, pero si controlarla muchísimo mejor que en el pasado y la manera de abordarla en los próximos años será un reto para todos, médicos, pacientes y sistema sanitario», concluye el doctor.

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