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«Todavía quedan muchos tabúes por derribar sobre la regla»

Jornadas menstruales. Los organizadores de la primera edición de la cita valoran en positivo la iniciativa que finalizó ayer domingo

AGNÈS LLORENS ALTIMÍS

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Un de los talleres del domingo se centró en la lectura de cuentos familiares.  FOTO: ALFREDO GONZÁLEZ

Un de los talleres del domingo se centró en la lectura de cuentos familiares. FOTO: ALFREDO GONZÁLEZ

Los tópicos la han vestido siempre. «Mi madre no la llamaba ni ‘menstruación’ ni ‘regla’. Simplemente era ‘la cosa’, una expresión que no ayudaba nada a normalizar lo que, en definitiva, es el día a día para todas». Una asistente a las actividades del domingo, el último de las jornadas menstruales La Magenta, me hace esta confesión. Ella no es la única. Hablamos también del inevitable susurro que acompaña el momento de pedir una compresa o un tampón, de las escuelas de hace décadas y de sus normas para ir al baño y del mito sudado de la mayonesa cortada.

Todos estos lugares comunes, que casi todas las mujeres hemos vivido en algún momento, han sido protagonistas durante las tres jornadas de la primera edición de estas jornadas, que ayer domingo llegaron a su fin y que han dejado atrás un fin de semana lleno de arte y talleres de todo tipo, que giran alrededor de la necesidad de abrir el debate sobre la menstruación, libre de cuchicheos al oído y de eufemismos que huelen a vergüenza. De hecho, se calcula que cada una de las mujeres en edad fértil pasa una media de sesenta días al año menstruando, lo que equivale a un número suficiente de horas para dedicarle más atención de la que recibe a nivel mediático.

«Creemos que, en esta primer edición de las jornadas hemos conseguido los principales retos que nos habíamos propuesto, que eran el de abrir un debate libre de prejuicios y el de abrir camino para próximas ediciones», explica Fanny Ulldemolins, terapeuta menstrual, miembro de la cooperativa Combinats y organizadora de las jornadas, que se han desarrollado los días 28, 29 y 30 de mayo, con una decena de actos en el programa. El día de mayor afluencia fue el sábado cuando, según datos de la organización, se registraron cerca de un centenar de visitantes en las instalaciones de la Cooperativa Obrera.

¿Cuáles fueron las citas con mayor interés para el público? «Actos como los talleres de alimentación, el de danza o el de arte y creatividad durante el ciclo menstrual han tenido una muy buena afluencia», explica Ulldemolins, que destaca que, aparte de las actividades grupales que se han organizado, el vestíbulo de la Cooperativa obrera también han acogido una exposición de arte firmada por Projecte Atalanta, una comunidad que une el ciclo menstrual con la naturaleza y el arte como vehículo de autodescubrimiento. Al entrar, el visitante se deja sorprender por esta exposición que une los distintos meses del año y las costumbres que asociamos a ellos con la propia naturaleza del cuerpo femenino.

Además, la planta superior también ha acogido el fin de semana una muestra de productos menstruales elaborados artesanalmente que ha reunido a una decena de talleristas. «En nuestro caso, empezamos a elaborar compresas de tela porque no encontrábamos en el mercado estos productos», explican Noe y Cinta, que exponen sus productos al lado de otros muchos artesanos que, con sus propuestas naturales, nos ayudan a olvidar todos los anuncios impregnados de falso líquido azul el que hemos crecido.

Abajo, en el escenario del Teatre Magatzem, el domingo por la mañana fue la hora de las familias, que disfrutaron de un taller familiar que proponía el conocimiento del propio cuerpo a través de cuentos infantiles. Hormonas, vello corporal, cambios de voz y menstruación son algunos de los conceptos sobre los que hablaron padres, madres e hijos con los conductores de la experiencia, una experiencia que certifica que, poco a poco, va calando en la sociedad la necesidad de hablar de algunas cosas naturales sin eufemismos, eliminando tópicos nocivos.

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