«Trabajo como cuidador y me ha cambiado la vida»

Sociedad. Cáritas, con la colaboración de Endesa, organiza un curso de atención domiciliaria que ha conseguido que casi todos los alumnos encuentren empleo

NORIÁN MUÑOZ

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Alumnos del curso aprendiendo a movilizar a una persona que está en cama. FOTO: fabián acidres

Alumnos del curso aprendiendo a movilizar a una persona que está en cama. FOTO: fabián acidres

La palabra ‘radical’ tal vez se quede corta para calificar el vuelco que ha dado la vida de Marino en los últimos tiempos. Hace poco más de dos años que llegó de Colombia, su país de origen, donde trabajó durante trece años como policía nacional. Tuvo que dejar su carrera por amenazas y aterrizó en Tarragona.

Reconoce que, al principio, «no entendía nada, no sabía cómo funcionaban las cosas», pero tuvo la suerte de dar con Cáritas, donde no solo le dieron la oportunidad de aprender catalán, sino que le ofrecieron participar en un curso de atención domiciliaria. Se trata de cursos en que la mayoría de las inscritas son mujeres, pero él está convencido de que hay que desmitificar la percepción de que los trabajos de cuidados solo son para las mujeres.

Tras terminar el curso, Marino, que tiene 37 años, encontró trabajo cuidando a una mujer mayor. «Mi trabajo me gusta y además me ha permitido salir adelante y ayudar a mi familia». Ya lleva diez meses y está muy contento de la confianza que su jefa ha depositado en él. «Nunca me imaginé que iba a trabajar en algo así, pero la formación que me han dado en el curso me ha servido muchísimo. Me ha cambiado la vida», explica.

Historias de éxito

La de Marino es una de las historias que hay detrás de un curso que está obrando una especie de pequeño milagro: conseguir que personas con escasas posibilidades de empleo consigan trabajo en plena pandemia.

Tere Jordán, coordinadora del departamento sociolaboral de Cáritas Diocesana de Tarragona, explica que a la entidad tradicionalmente siempre han llegado ofertas de empleo para el sector de los cuidados (incluso durante la pandemia, aunque en menor medida). Fue por eso que decidieron realizar este curso con la intención de profesionalizar a quienes se dedican a este sector.

En el curso se tocan desde nociones de cocina a limpieza del hogar. FOTO: cedida

Recientemente comenzó la cuarta edición del curso, patrocinada por la fundación Endesa. Hasta ahora han pasado por él 60 personas en situación de paro y vulnerabilidad. De ellos, el 60% ha conseguido trabajo a jornada completa y un 38%, a jornada parcial. La semana pasada, además, inició clases otro curso más, en este caso con el patrocinio de Inditex.

«Es un sector muy importante para la sociedad, aunque todavía no seamos capaces de reconocerlo; hay mucha precariedad... Es por eso que rompemos una lanza por la profesionalización. Nosotros exigimos que las ofertas que nos llegan sean dignas y que se respeten los derechos de los trabajadores», señala Jordán.

En el curso, que se está celebrando en un local de la parroquia de Torreforta, los alumnos aprenden nociones de limpieza doméstica, cocina y otras materias complementarias. Dan por igual clases de planchado de la ropa que nociones básicas para movilizar a una persona que se encuentra en cama.

Además, con la pandemia han reforzado todo el módulo dedicado a la desinfección de espacios debido a que han detectado que ha aumentado la demanda de trabajadores en el ámbito de la limpieza en sociosanitarios y hospitales. En total son 200 horas de formación más 15 horas de prácticas no laborales. Los alumnos, además, cuentan con un acompañamiento posterior.

Una oportunidad desde cero

El perfil de los alumnos (la mayoría, mujeres) es el de personas en paro de larga duración de entre 20 y 55 años con un nivel básico de formación o con formación no reconocida, conocimiento de la lengua y residentes en el Camp de Tarragona. «Hemos tenido incluso a un señor que tiene un título de doctor en su país, y no estábamos seguros de si era el curso para él, pero salió muy contento y lo aprovechó mucho», acota Jordán.

Y es que, a diferencia de lo que sucede en otras formaciones, aquí también se incluyen a personas inmigrantes que se encuentran en el proceso de regularización y que normalmente no tienen acceso a cursos o talleres.

Es el caso de Nohra, de 49 años, a quien le falta poco para los tres años que necesita para legalizar su situación.

En su país, Colombia, trabajaba como chef, pero aquí, sin conocer a nadie, le resultaba casi imposible comenzar de cero. Esta es una de las cosas que más valora del curso, no solo que ha podido encontrar trabajo limpiando y cuidando de personas, sino que por fin cuenta con referencias. «Ya tengo personas que me pueden recomendar; unos teléfonos que puedo dar de gente que puede decir que soy honesta y trabajadora, porque cuando vienes de otro país no tienes quien te avale, es como si nunca hubieras trabajado», explica.

Nohra vive con su hijo y con su nieta y, gracias a su trabajo, han logrado cierta estabilidad económica.

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