Tras las huellas de los monjes cistercienses

Poblet y Santes Creus, en la Ruta del Císter, panteones reales de la Corona de Aragón.

Gloria Aznar

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Reial Monestir de Santa Maria de Santes Creus. Foto: Pere Ferré

Reial Monestir de Santa Maria de Santes Creus. Foto: Pere Ferré

La Orden del Císter nació en 1098 como restauración de la regla benedictina. Promovían el ascetismo, el rigor litúrgico, así como el trabajo manual y en cuanto a su influencia, además de la función social que ocupó hasta la Revolución francesa, fue clave en los ámbitos intelectual, económico y en el de las artes. En Catalunya su huella se puede seguir en los monasterios de Poblet, Santes Creus y Vallbona de les Monges, los dos primeros ubicados en Tarragona. Sus paredes, que rezuman historia y grandes batallas, hospedaron a familias de alta alcurnia, de las que aún se conservan sus restos. Los tres forman parte de la Ruta del Císter, creada en 1989, que más allá de los edificios monumentales, permite a los visitantes disfrutar del paisaje, de la gastronomía y de la cultura.

En Tarragona, el Monasterio de Santa María de Poblet, fundado en el año 1150, se encuentra situado en la comarca de la Conca de Barberà, a los pies de las montañas de Prades. Declarado Patrimonio Mundial por la UNESCO en 1991, Poblet es el conjunto habitado más grande de toda Europa y el panteón real de la Corona de Aragón por excelencia. En él descansan los restos de Alfons I, Jaume I el Conquistador, Pere III y muchos de los reyes posteriores. 

Monestir de Santa Maria de Poblet, en la comarca de la Conca de Barberà. Foto: Pere Ferré

Mientras, el monasterio de Santes Creus nació en 1160 bajo el patrocinio de los linajes de los Montcada, los Cervelló y del conde Ramon Berenguer IV. Situado en Aiguamúrcia, en la comarca del Alt Camp, es el único conjunto de la Ruta del Císter en el que no existe vida monástica en la actualidad. Santes Creus es el panteón de Pere el Gran y Blanca d’Anjou, los únicos reyes de la Corona de Aragón de los que se conservan los restos intactos. Asimismo, Roger de Llúria, otro prohombre de la época, reposa en el monasterio por voluntad expresa del almirante siciliano, quien quiso ser enterrado a los pies de Pere el Gran.

A nivel arquitectónico, la austeridad queda reflejada en las primeras construcciones, como la iglesia. Sin embargo, pronto se impuso el esplendor del gótico, que caracteriza espacios como el claustro del siglo XIV, el primero de este estilo de la Corona de Aragón, remarcable por la calidad artística de los capiteles. En la actualidad acoge diversas actividades culturales.

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