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Al restaurante ¿con niños?

Tendencias. Aunque la restauración se suma al ‘solo adultos’ en la provincia los locales se dirigen, sobre todo, a las familias

Gloria Aznar

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FOTOs: thinkstockphotos

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Reuniones de trabajo, cenas románticas, trayectos tranquilos sumidos en una buena lectura, música relajante en un spa, experiencias gastronómicas singulares... Las escapadas y espacios de ocio solo para adultos cada vez ganan más adeptos como una forma de disfrutar del sosiego y la calma y de desconectar. Es el ‘Adults only’, un nicho de mercado en expansión que abarca desde los vagones del AVE a las líneas aéreas, cruceros y hoteles, al que se están sumando los restaurantes.

Son varios los factores que convierten un establecimiento en solo para adultos, como las dimensiones del local, el ambiente que se crea, el tipo de gastronomía o de clientes e incluso el precio del menú degustación.  La provincia no escapa a esta tendencia, aunque predominan los restaurantes que apuestan por las familias, en concordancia con el tipo de turismo que se promociona en el Camp de Tarragona y las Terres de l’Ebre. Sin embargo, en sus primeros pasos, como ya sucedió con los locales para fumadores o puede ocurrir con las mascotas, la restauración únicamente para adultos no escapa al debate. Una controversia que también dirige las miradas hacia la educación o la falta de ella que muchos menores reciben por parte de sus progenitores y que lleva a que no se comporten correctamente en lugares públicos, sobre todo cuando la sobremesa tiende a alargarse. 

Los profesionales del sector pertenecientes a la Asociación de Empresarios de Hostelería (AEH), no obstante, coinciden en que se deben respetar las preferencias y los intereses personales o lo que es lo mismo,  que cada uno en su casa es libre de establecer sus normas. Es una cuestión de filosofía de negocio, que vale también para los clientes. 

En este sentido Josep Moreno, de Deliranto, en Salou, defiende que del mismo modo que existen películas o atracciones no aptas para menores «¿por qué todos los restaurantes han de ser para niños?». Concretamente, Deliranto es un espacio con solo seis mesas donde el chef Moreno propone un delirio culinario en forma de menús de «22 platos o de 28 y un mínimo de dos horas y media en un ambiente tranquilo y con utensilios que se pueden romper. No está pensado para niños y no se lo van a pasar bien», asegura. Sin embargo, este mismo chef dispone, pared con pared, del local Cook and Travel con diferentes opciones para los menores. De hecho, uno de los proyectos de cara al futuro es ofrecer el servicio de canguro en este establecimiento mientras los padres experimentan con el paladar en el contiguo. 

Impedir la entrada a menores supone en muchos casos perder clientes, como así lo asume Moreno. «Si les vetas la entrada también vetas la de los padres», manifiesta Javier Escribano, del restaurante La Morada, en Tarragona. «Incluso a veces creo que el niño acaba siendo el prescriptor de la familia y se decide dónde se va a comer porque allí está bien», comenta Eduard Álvarez, propietario en Calafell de L’Àncora y La Mar de Fons, sin entrar en debates estériles sobre el acierto o el desatino de esta manera de hacer. Ambos restaurantes están enfocados a las familias con todo lo que ello conlleva, desde tronas a cambiadores de pañales y la tradicional carta infantil, que no falta en prácticamente ninguno. Como él, Ángel Pérez, que regenta El Pòsit del Serrallo y El Pòsit de Cambrils, se dirige a un público familiar. Ambos locales, además, contemplan una zona habilitada «pública, para que los padres y madres puedan autoservirse. Puedan calentarse los potitos, coger cucharillas, platos, servilletas... Todo lo que necesita cualquier bebé y en otro restaurante hay que pedirlo al camarero. Es la manera de que se sientan como si estuvieran en casa», aclara.

En este sentido, Marta Domènech, del restaurante del Hotel-Hostal Sport, en Falset, coincide en que «si aceptas niños debes tener, no solo platos adecuados para ellos sino una oferta complementaria». El local cuenta con jardín y con un «rincón de lectura», explica Marta. 
En el sector, una de las estrategias es, con tacto, cuidado y sensibilidad, acomodar a las parejas sin prole a una distancia prudencial de las mesas de grandes grupos y muchas criaturas. Otra, si es posible, rechazar las reservas cuando se detecta que se trata de niños, si no interesa este tipo de clientela.

Cuestión de espacio

Para Manuel Fernández de El Capitán, en Torredembarra, el problema es de espacio cuando no se puede utilizar la terraza. Con 28 plazas, la preferencia es dedicarse al cliente adulto por una cuestión puramente económica, pero «no seríamos capaces de prohibir la entrada a los niños», revela Manuel y «cuando la terraza está abierta, es grande y hay sitio suficiente», subraya.

Mientras, en Bot, en la Terra Alta, Josep Montoya, del Hotel Restaurant Can Josep se adapta a todas las demandas. «No tenemos menú infantil ni vegano ni tampoco de alérgicos al trigo pero siempre tenemos platos alternativos para los clientes». Y sobre la tendencia de solo adultos argumenta que si bien los niños pueden romper la atmósfera en un momento determinado también algunos adultos emplean un tono de voz elevado. Y en la misma línea se encuentra el Restaurant Casa de Fusta, en Amposta. Su propietario, Lluís Garcia, explica que disponen de 60 juegos de mesa para niños y de 24 tronas. Y si algunos establecimientos preguntan por la presencia de menores a la hora de efectuar la reserva para restringir la entrada, en este caso es al contrario. «Si sabemos que vienen niños ya los recibimos en la mesa con un juego para que la llegada suponga un momento de desconexión y tranquilidad», dice su propietario, quien especifica también que una de sus ventajas es el entorno, el Delta de l’Ebre. «Estamos en una zona natural donde se viene a avistar pájaros y a ir en bici y todas son actividades que se hacen en familia. Los niños son importantes para nosotros y para el propio territorio». 

Como manifiesta Francesc Pintado, presidente de la Asociación de Empresarios de Hostelería (AEH), en la provincia «existe oferta para todos los gustos y tipos de clientes». Es solo cuestión de indagar y escoger lo más adecuado para cada momento.

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