Este sitio web puede utilizar algunas "cookies" para mejorar su experiencia de navegación. Por favor, antes de continuar en nuestro sitio web, le recomendamos que lea la política de cookies.

100 camas y 200 trabajadores menos en el Hospital Joan XXIII de Tarragona

En los últimos diez años, el Joan XXIII ha perdido 100 camas y 200 profesionales. Ayer, sindicatos, personal sanitario y políticos se manifestaron en las puertas del hospital

Carla Pomerol

Whatsapp
Casi medio centenar de personas se concentraron ayer en el Hospital Joan XXIII contra el cierre de camas y quirófanos. Foto: Pere Ferré

Casi medio centenar de personas se concentraron ayer en el Hospital Joan XXIII contra el cierre de camas y quirófanos. Foto: Pere Ferré

El 11% de las camas de los hospitales del Camp de Tarragona y Terres de l’Ebre están cerradas durante el verano. Esto es lo que ayer denunciaron sindicatos agrupados en el Grup de Treball en Defensa de la Sanitat Pública, profesionales y políticos –sobre todo socialistas y de la CUP– a las puertas del Hospital Joan XXIII.

Se trata de una medida que el Departament de Salut pone en marcha en los meses de julio y agosto. La administración lo llama «adecuar los servicios a la actividad asistencial». Montse Sans, miembro del Grup de Treball en Defensa de la Sanitat Pública, se preguntaba: «¿La Generalitat sabe que las enfermedades y la actividad hospitalaria no entienden de vacaciones?».

Según el sindicato, desde el año 2010 –cuando empezaron los recortes en sanidad–, se han perdido un total de 100 camas y de 200 profesionales. El personal sanitario asegura que estas medidas tienen consecuencias importantes. La más grave es el colapso constante en el servicio de Urgencias de los hospitales. Los enfermos se acumulan en los boxes porque no hay habitaciones libres en las plantas.

«El cierre de camas perjudica tanto a pacientes como a trabajadores. Hay profesionales que se ven obligados a tratar enfermos en zonas no habilitadas», añadía ayer Sans. Y es que hay pacientes que son dados de alta de Urgencias y que esperan para ser hospitalizados. «Pero no hay camas disponibles y, por lo tanto, el enfermo se encuentra en terreno de nadie, ingresado en un box de Urgencias», dicen desde el sindicato, quienes añaden que «esta circunstancia deteriora la calidad de la asistencia médica». En el caso de Joan XXIII, algunos pacientes han sido hospitalizados en la Unidad de Intermedios –entre la UCI y planta–, e incluso en Reanimación, un espacio dedicado a los enfermos que acaban de salir del quirófano.

En algunos casos, los hospitales han decidido abrir algunas de las habitaciones que estaban sin funcionar con el objetivo de solucionar puntualmente el problema en Urgencias. «Esto es todavía peor. De manera repentina, se tiene que dotar de personal y de material la planta», aseguraba Sans, quien añadía que «la masificación en los servicios de Urgencias acaba ocasionando efectos colaterales en otras unidades».

Los profesionales denuncian también el cierre de quirófanos y la reducción de las visitas al especialista y de las pruebas diagnósticas. Estas medidas suponen alargar las listas de espera. «Los quirófanos deberían funcionar las 24 horas del día y los 365 días al año, tal como hace la Vall d’Hebron», apuntaba ayer Sans. La administración se excusa asegurando que es complicado encontrar a profesionales. «Si les ofrecieran mejores condiciones laborales, otro gallo cantaría», decían desde el sindicato.

En verano, los quirófanos de la Unitat de Cirurgia Major Ambulatòria del Hospital Joan XXIII no abren por la tarde, lo que significa que el servicio funciona al 50%.

El cierre de camas y de quirófanos también perjudica «gravemente» al personal sanitario. «Los profesionales se ven desbordados y al límite. Nunca nos han ofrecido los datos de las bajas por enfermedad, pero nos consta que las cifras son muy altas por estrés, ansiedad o depresión», explicaba Sans. La reducción de las visitas al especialista y de las pruebas diagnosticas durante los meses de verano se traducen en una sobrecarga asistencial para los médicos a partir de septiembre.

Menos que otros años

Desde 2010 y hasta la actualidad, cerrar camas se ha convertido en una tradición de cada verano. «No deberíamos acostumbrarnos a que, en un estado de derecho como el nuestro, donde la salud es uno de los pilares fundamentales, se tomen este tipo de medidas», aseguraba Marisa Cañón, miembro del Grup de Treball en Defensa de la Sanitat Pública de Tarragona, quien reconocía que éste ha sido el verano que menos camas se han cerrado. Según los cálculos del sindicato, en los hospitales del Camp de Tarragona y Terres de l’Ebre hay un total de 1.263 camas disponibles. De éstas, este verano han dejado de utilizarse 136, lo que significa un 11%.

El Departament de Salut asegura que estas medidas responden a una reorganización de los servicios y de los profesionales durante los meses de verano, cuando se concentra la actividad asistencial en los centros sanitarios ubicados en los municipios de la costa. «No hay ningún estudio que demuestre que en verano la población enferme menos ni tampoco que los pacientes prefieran no operarse enjulio y agosto», acababa Cañón.

Temas

Comentarios

Lea También