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15 jóvenes a pico y pala en el subsuelo del Museu Bíblic de Tarragona

El campo de trabajo ‘Tarragona sota terra’ ha estudiado durante las últimas dos semanas el refugio antiaéreo de la Guerra Civil situado en la Part Alta

Júlia Vidal

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Un grupo se encarga de catalogar todos los objetos con importancia histórica. FOTO: Alba Mariné

Un grupo se encarga de catalogar todos los objetos con importancia histórica. FOTO: Alba Mariné

Cascos, linternas, carritos llenos de tierra, escobas y mucho polvo. Con esto, y muchas ganas de trabajar, 15 jóvenes de Catalunya, de entre 14 y 17 años, han estado dos semanas investigando el refugio antiaéreo que una zona de la Part Alta utilizó durante los bombardeos de la Guerra Civil. Han llamado al campo de trabajo ‘Tarragona sota terra’.

Y es que durante las dos últimas semanas de julio han estado indagando entre cinco y diez metros por debajo del Museu Bíblic Tarraconense. La idea nace de la Fundació Santa Maria de Siurana, que vio en el refugio la oportunidad de que jóvenes de toda la comunidad conocieran la historia que recoge el patrimonio de la ciudad de Tarragona.

Los 15 jóvenes han estado las dos últimas semanas de julio estudiando el refugio. FOTO: Alba Marine

La primera intervención fue a cargo de un grupo de arqueólogos del Museu Bíblic Tarraconense, que estudió la zona y realizó una limpieza superficial del recinto. A partir de aquí, el campo de trabajo ha desarrollado las tareas de barrido, recolección, documentación y catálogo de más de dos terceras partes del refugio, un estudio de 32 metros en total. 

Para efectuar todas las funciones, el grupo de jóvenes se dividió en tres. El primero se ocupaba de llenar y vaciar cubos, limpiar y sacar capas superficiales antes de trabajar la piedra. «Cargar carros de arena arriba y abajo ha sido mi parte favorita sin duda», explica Miguel, uno de los chicos. El segundo grupo se cuidaba de todo el recuento de los hallazgos: valoraban los elementos que debían guardar y posteriormente apuntaban, calificaban y dibujaban los objetos importantes. Los últimos se encargaron de los servicios del campo de trabajo a nivel de cocina y organización personal durante su estancia en Tarragona. Estos tres roles iban rotando a lo largo de los días.

Dos chicas desarrollando la tarea de limpieza del subsuelo. FOTO: Alba Mariné

El refugio se encuentra directamente debajo de la Casa dels Concilis y el Museu Bíblic Tarraconense. «Hemos estudiado un espacio magnífico, donde han quedado fosilizadas las galerías que rodeaban el antiguo Templo de Augusto», explica el historiador y director del campo de trabajo, Aleix Joan. 

Con la llegada del conflicto en 1936 y la intensificación de los bombardeos del 1937 se aprovechó el subsuelo de los fundamentos del círculo encolumnado que rodeaba el templo, y de ahí salió la base del refugio. «Los romanos eran los mejores: hacían las cosas para que duraran de verdad y podemos ver dos mil años después lo que había allí», dice el historiador. En la Edad Media, la Casa dels Concilis se utilizó como centro religioso, donde también se organizaban consejos para tratar conflictos de la época. Después, posteriormente a la Guerra Civil, el lugar fue una escuela, y cuando abrieron el refugio se encontraron restos de objetos de los años sesenta y setenta que desecharon allí, por lo que tuvieron que clasificarlos continuamente para no confundirlos con su objetivo principal.

Algunos de los hallazgos de las jornadas: suelas de zapatos, cristales, cerámicas y envoltorios de comida. FOTO: Alba Mariné

La zona estudiada se divide en dos partes. Primero está el subsuelo del Museu, que se encuentra a unos cinco metros bajo el nivel de tierra y recoge diferentes puntos de acceso. Bajando cinco metros más están los 50 metros de refugio, ideados para albergar unas 200 personas y que se fracciona en diferentes galerías. «Como todo refugio de la Guerra Civil se construye en forma de zigzag. Si fuera recto, una onda expansiva provocada por una bomba podría llevarse a las personas por delante», explica Aleix Joan. Por esa razón «si se pudiera ver desde arriba, se apreciaría un enorme hormiguero», dice.

Hallazgos diversos

Entre las decenas de objetos que encontró el grupo hay tallos de madera, cerámica, un hueso de animal, una estrella de un posible uniforme, muchos cristales, suelas de zapatos y diferentes envoltorios de comida, entre otros. Sin embargo, de la larga lista destaca  la inscripción del segundo escalón justo al entrar. En él se puede leer ‘CE Tarragona 28-12-937’. Ha sido un hallazgo muy importante, «en pocos lugares se encuentra una datación tan exacta de cuándo un refugio acabó de ser construido», explica Joan, y encaja perfectamente en el periodo en que los bombardeos se avivaron en la ciudad de Tarragona. En la fecha falta un ‘1’, pero se entiende que se trata de 1937. «Si no es así, ¡nos cambia mucho la cosa!», dice el director.

Otro de los descubrimientos curiosos fue una bota, que explicaría diferentes posibles situaciones en el refugio. «Como normalmente en esa época la gente iba en alpargatas, la bota debería ser de un militar», comenta Aleix. Conociendo esa base, el dueño del zapato podría estar salvaguardando la población, o a lo mejor vivieron una entrada forzada. Asimismo también localizaron una piedra que contenía la inscripción ‘Diòcesi de Tortosa’. No saben cuál puede ser su origen, y tienen pendiente estudiarlo.

Visitas interesantes

Los jóvenes recibieron en una de las jornadas a Asunción Vallhonrat, que entre los cuatro y los seis años fue usuaria del refugio. Ella les explicó que no era muy consciente de lo que pasaba y no tiene un recuerdo muy acentuado. Lo que le preocupaba más era no dejarse sus muñecas cuando le tocara bajar, para no aburrirse. Desgraciadamente, su hermano, con el que se llevaba pocos años, sí que sufrió ciertos traumas por lo que respecta al ruido y los sitios cerrados.

En otra ocasión les visitaron tres arqueólogas. Ellas trajeron huesos humanos que encontraron en una fosa de la actual Tabacalera. «Tarragona tiene la necrópolis paleocristiana más importante de toda Europa: si picas, encuentras», dice Aleix Joan. Sorprendentemente allí encontraron partes de esqueleto que datarían la Guerra Civil, y las trajeron al grupo para que vieran la realidad más dura del conflicto bélico.

Un equipo ejemplar

Por lo que respecta al equipo de trabajo «hemos tenido mucha suerte», explica el director del grupo. Se ve que los chicos y chicas lo han dado todo, porque «programábamos una actividad para dos horas y media y en 45 minutos un tercio de la plantilla lo había terminado», dice. La monitora del campo de trabajo, Maria Vidal, explica que cuando se apuntan a estas actividades ya van muy intencionados, «pero con este grupo hemos alucinado de verdad». Todos coinciden en que ha sido una experiencia muy enriquecedora, y que es necesario seguir iniciando proyectos de este tipo. «Hemos conseguido algo muy curioso y difícil: que 15 jóvenes de toda Catalunya estén interesados por la historia», cuenta feliz el director.

Aparte de la formación histórica, cabe destacar la tarea emocional y social que se llevan. Han estado trabajando y conviviendo juntos durante quince días sin conocerse antes. «En las primeras 24 horas ya tenían una confianza increíble», comenta Vidal. Una de las chicas, Carmen, explica su parte favorita: «Haberles conocido es lo mejor que me llevo». Y parece que Aleix tiene razón cuando dice que «picando piedra se abren muchos corazones”.

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