Tarragona

Los Armats rinden pleitesía a la imagen de Jesús en TGN

La solemnidad vuelve a la Part Alta de Tarragona con la tradicional Recollida de Passos de las congregaciones en una ciudad abarrotada

Miles de personas asistieron a un acto bello y solemne, por las calles de Tarragona.

Miles de personas asistieron a un acto bello y solemne, por las calles de Tarragona.Foto: Pere Ferré

Glòria Aznar
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«La Setmana Santa de Tarragona es un sonido, son unos olores, es una combinación de todos sus momentos». Meritxell Guinovart, de la Congregació de La Sang, describía de este modo estos días de celebraciones que finalizarán esta noche.

Y es que la solemnidad volvió este viernes a la Part Alta de la ciudad, que tras dos años de pandemia recuperaba uno de sus actos más característicos, la Recollida de Passos de las congregaciones. «Muy tarraconense, simboliza que los soldados romanos le rinden homenaje a la imagen de Jesucristo», comenta Jordi Folch, presidente de la Congregació del Descendiment de la Creu, con su hijo de dos años y medio en brazos, Sergi Folch Ramon, quien participaba por primera vez. Justamente una congregación que el próximo año soplará 75 velas.

Antes del arranque todo eran nervios, emociones encontradas y también test de antígenos, previstos para los portants durante toda esta semana, que se efectuaban en diferentes iglesias y locales. Así, miembros del Gremi de Marejants esperaban turno en la Rambla Nova. En total eran 80 personas las que debían someterse a la prueba, que realizaban cuatro sanitarios del propio Gremi. Era el caso de Dani Mogio, Aleix y Josep Maria Gual, Joan Sans o Manel Cano, quien aseguraba que «detrás de cada portant hay una historia». La suya está vinculada a una promesa. «Mi mujer enfermó de cáncer. Yo entré en la congregación hace 18 años y como todo salió bien nunca lo he dejado».

Pasaban unos minutos de las cuatro de la tarde cuando se abrían las puertas de la iglesia de Natzaret para dar paso a los Armats de la Reial i Venerable Congregació de la Puríssima Sang. Expectación y silencio, únicamente roto por el entrechocar de las lanzas. Su capitán, Alfons Lorenzo, explicaba instantes antes cómo viven la jornada con gran emoción. «La Recollida nos hace especial ilusión porque es el momento en que nos encontramos con todos los portants, a quienes acompañamos hasta la plaça del Rei. Este año lo estábamos esperando». La Plaça del Rei, el epicentro, origen y final del acto. En perfecta formación, la Cohorte Augusta se dirigió hacia la Rambla Vella, donde les esperaban los dos primeros pasos, L’oració de Jesús a l’hort y Vetlleu i pregueu, a los que ofrecieron sus reverencias entre el redoble de tambores. A partir de ese momento, fueron recogiendo todos los misterios del primer itinerario. Mientras, en la Plaça de la Pagesia esperaban, estoicos, el Sant Sepulcre y La Pietat, así como La Soledat, en el Pla de la Seu.

Dar luz al Santo Cristo

En estos últimos casos, la espera, entre festiva y distendida, se permutó en majestuosidad pasadas las 17.00 horas, momento de colocar los pasos para recibir a los Armats. Mutismo absoluto en la Plaça de la Pagesia, donde se empezaba a aglomerar el personal. Una de las presentes era Teresa Andújar, del Gremi de Pagesos, quien sujetaba con sumo cuidado un cirio de cristal, «para darle luz al Santo Cristo, ahora y después, en la procesión».

Si bien la tarde se inició con aparente calma, hacia el final del acto la ciudad, literalmente, se abarrotó. Comenzaron las carreras transversales para perseguir a los Armats y con ellos, a los portants y no dejaba de ser paradójico que mientras estos últimos debían llevar mascarilla, no así el concurrido público.

La Recollida de Passos tarraconense es, para los creyentes, devoción y entrega. Sentimiento y fe. Y para los no creyentes, una estética, una escenificación de la tradición cultural de la que Occidente bebe. También una fiesta. Entre medio, algunos skaters de la Plaça del Rei que permanecían ajenos al espectáculo o las decenas de turistas, mapa en mano, que se toparon con el evento. Asimismo, no faltaban los asiduos que, de fuera de Tarragona, repetían experiencia, como Modesto Ulier, leridano con residencia en Torredembarra.

Sin embargo, muchos son los que se mueven entre ambos polos. Es el caso de Meritxell Guinovart, de 27 años, quien es miembro de la Congregació de La Sang desde que tenía dos. «Soy creyente», comenta, «pero vengo aquí por tradición».

Hacia las 18.30 de la tarde, los tambores callaban y los Armats retornaban al punto de inicio. Los misterios quedaban situados en el centro de la Plaça del Rei, este año cerrada por primera vez, a la espera, poco más tarde, de la procesión del Sant Enterrament.

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