Víctimas de violencia de género en Tarragona: «Llegué a ponerme un cerrojo en mi cuarto por el miedo que sentí»
Dos mujeres narran su historia y manifiestan el calvario que ha supuesto para ellas cargar con el peso del maltrato psicológico y físico, a menudo acompañado de episodios de violencia vicaria

Silueta de uno de los testimonios.
Recién pasados los veinte años, se enamoró perdidamente de él. Barcelonesa, lo dejó todo por venir a Tarragona, a su lado: «Sacrifiqué mi vida por él y fui siguiéndolo allá donde iba por trabajo».
La cosa empezó con golpes y puñetazos a los muebles: «Pronto se produjo la primera bofetada, pero, al final, haces una especie de balanza rara donde siempre pesa más lo positivo, ya que cada agresión va acompañada de palabras bonitas a posteriori, muchas disculpas y promesas de que nunca iba a volver a pasar».
Terminaron casándose un par de años después, antes de que vinieran los niños. Fueron dos, con apenas dos años de diferencia: «Crear un vínculo con él es lo peor que pude hacer».
La manga larga empezó a ser habitual para esconder tanto el dolor como las cicatrices. Hasta que, después de mucho sufrimiento, llegó un 25 de diciembre en el que todo estalló: «Volvió a pegarme y decidí pedir ayuda después de callar mucho». Él acabó marchándose y, posteriormente, ella le puso una demanda de divorcio que acabó con la custodia compartida de los niños.
Cuando ella pensó en recurrir a la vía legal, confiesa que un abogado le paró los pies: «Me dijo que, si no tenía pruebas, no merecía la pena que denunciara; de hecho, me instó a no hacerlo: callé asesorada por un abogado», recuerda.