Viaje
El gran viaje imperfecto: veinte meses recorriendo el continente africano
Una pareja de tarraconenses han atravesado, en autonomía, veintidós países y 75.000 kilómetros a bordo de un 4x4

Noemi y Òscar en el desierto de Mauritania. Recorrido de 700 kilómetros siguiendo la vía del Tren de Hierro, considerado uno de los trenes más largos y pesados del mundo.
Dos enamorados frente a una puesta de sol, una taza de porcelana coronada con crema de leche, una playa turquesa y un bronceado bajo un vestido de colores. Viajar tiene que demostrar que todo va bien, y que todo es perfecto. Un estudio de 2018 mostró que casi la mitad de británicos eligen su destino de vacaciones en función de cómo quedarán las fotos en Instagram. Pero el viaje de Noemi Juncosa y Òscar Martí no fue perfecto, ni quería serlo.
En la primavera de 2023 iniciaron un recorrido que duraría veinte meses y 75.000 kilómetros. En total, veintidós países del continente africano. Durante este tiempo descubrieron que, antes de encontrar una puesta de sol idílica, tendrían que atravesar playas cubiertas de basura y observar la precariedad alimentaria. Y que la pregunta más difícil del mundo se la harían en casi cada lugar que visitaban: «¿Por qué vosotros sois ricos y nosotros no?».
Era un viaje sin fecha de regreso, porque descubrir es posible solo si se deja pasar el tiempo, sin límites. Ahora, de vuelta a casa, se dan cuenta de que el viaje no ha acabado, que continúa al explicarlo: el gran viaje imperfecto.
Fuera del sendero
«Ir de vacaciones es fácil; viajar, no tanto», reflexiona la pareja, quienes creen que hay una diferencia entre turistas y viajeros. Supieron que querían ser del segundo grupo hace más de veinte años, durante su luna de miel en Tanzania. Entonces, resguardados en un perímetro controlado, entendieron que estaban dentro de una burbuja, en un parque de atracciones.
Los circuitos turísticos organizados recuerdan al cuento El ruido de un trueno (Bradbury, 1952). En un supuesto futuro, una agencia ofrece a sus clientes viajar millones de años atrás para cazar animales prehistóricos. Para evitar que durante el safari nada pueda alterar el futuro, solo pueden disparar desde una tarima flotante. La norma es clara: no salirse del sendero. Pero, tal y como pasó en el cuento, Noemi y Òscar querían saber que había más allá de la propuesta turística marcada. ¿Qué había en África?
El periodista y escritor Rysard Kapuściński decía que solo por una convención reduccionista y acomodada decimos «África». Pero que, en realidad, salvo por el nombre geográfico, África no existe.
Solo por una convención reduccionista y acomodada decimos «África». Pero, en realidad, salvo por el nombre geográfico, África no existe»
Kapuściński
El viaje empezó en Marruecos, a bordo de un 4x4 que sería casa, transporte y dolores de cabeza. Conforme se introducían en el África subsahariana, aprendieron su primera regla de supervivencia: estar informados de la actualidad diaria de cada país. «Teníamos grupos de WhatsApp donde nos informaban de todo. Estar al tanto de lo que pasaba fue esencial, porque cuando había elecciones solían cerrar fronteras y no sabíamos cuándo volverían a abrirlas».
Nunca se sintieron en peligro: el miedo no existió durante el viaje. El miedo vino, de hecho, antes, durante la preparación. «¿No sería más fácil seguir con nuestra vida y viajar una o dos veces al año?», se preguntaban. Pero la añoranza convivió con ellos y no impidió que el viaje siguiera su curso.
Pronto se dieron cuenta que la comunicación con los locales sería difícil, prácticamente rara: «No solo porque hablábamos lenguas distintas, sino porque la diferencia cultural es tan grande que, para ellos, somos simples extraños». Y es que, más allá de los países acostumbrados al turismo —como Marruecos, Egipto o Sudáfrica— gran parte del continente queda al margen de la mirada turística, para lo bueno y para lo malo.
Cuando lograban un intercambio, solían invitar a los locales a hacerles una pregunta. Y casi siempre recibían la misma, directa y brutal: «¿Por qué tú eres rico y yo soy pobre?». Intentaban dar respuestas malabares, aquellas que se improvisan para las preguntas complicadas cuando no se sabe cómo responder.
«Pensábamos que íbamos con la mente abierta, pero vimos que no parábamos de juzgar desde nuestra mirada occidental». Durante los primeros meses no entendieron el día a día de su gente: por qué algunos no trabajaban, por qué la mujeres lo hacían tanto o por qué otros se «conformaban» con una realidad que parecía paralizada. Con el tiempo —porque para entender hace falta tiempo— entendieron que la realidad siempre es mucho más compleja: «La gran parte de los países que visitamos sufrían una corrupción descomunal, la educación escolar es prácticamente inexistente y Occidente sigue ejerciendo el papel de supuesto donante».
El viaje continúa, si es que alguna vez ha parado
Les han llamado «blancos» en decenas de idiomas distintos —el que más recuerdan es «mzungu», en lengua saharahuí—; les faltaron conocimientos de mecánica y les sobró ropa en países donde se amontonan toneladas de ropa usada proveniente de Europa, China o Estados Unidos—. En Ghana, uno de los principales países receptores, la llaman «obroni wawu», que significa «ropa de muerto».
No olvidarán el regalo de bienvenida de la tribu Himba, quienes aún preservan una identidad fragilizada por la mirada turística, aquella que busca exotizar y estetizar todo lo que encuentra. Tampoco olvidarán la comunidad cristiana que lleva el nombre en inglés de «arcoiris», donde alguien se interesó de manera honesta por el lugar de dónde venían y su forma de vida.
El viaje no ha respondido a su idea de «África», pero les ha dado un baño de realidad. Les ha enseñado a mirar desde el otro lado, a ser más comprensivos y a relativizar. Porque a viajar se aprende.
Y lo volverían a hacer, sin duda. De hecho, lo harán. A principios del próximo año partirán hacia la península arábiga: «Queremos ver qué pasa allí. Qué pasa, por ejemplo, con las mujeres de Afganistán».
Así que el gran viaje continúa, preparado para descubrir más mundo, belleza y, sobre todo, más imperfección.
Viajar, y explicarlo
La pareja ha hecho un canal de Youtube (@ONtravelling) para acercar «el mundo» y explicar el viaje a través de su mirada.

Youtou Essoukaye, Senegal. Celebración local que unía a las mujeres del territorio en un día de música y baile.

Excursión al Monte Mulanje (3.002 metros), Malawi. La zona destaca por las plantaciones de té y por las diferentes rutas de senderismo.

Sandwich Harbour, antiguo puerto comercial de Namibia.