Limpieza
Tarragona: las palomas y sus excrementos se adueñan de un edificio de El Serrallo
Hace dos años, el Ayuntamiento desalojó a las familias que vivían en el inmueble por problemas estructurales y, ahora, el bloque se ha convertido en un palomar que dificulta la vida de los vecinos

El edificio del Rancho Grande cuenta con cuatro plantas y 32 pisos y está ubicado en el número 2-4 de la calle Sant Andreu.
Cuesta contarlo con palabras. Hay que verlo para creerlo. El bloque número 2-4 de la calle Sant Andreu de El Serrallo, edificio conocido popularmente como el Rancho Grande, ha sido tomado por las palomas. Sin exagerar, hay al menos un palmo de excrementos que recubren tanto el vestíbulo del edificio como las cuatro plantas del inmueble. Además, las palomas acaban muriendo en el lugar y esparciéndose por los tejados adyacentes, tras ser atacadas por las gaviotas.
Los vecinos no pueden vivir más tiempo en estas condiciones. Malos olores, ruido infernal y peculiar de las palomas, y por no hablar de las enfermedades que pueden traer estas aves y sus excrementos.
La situación se está volviendo insostenible para los vecinos, quienes piden una solución urgente antes que sea tarde y no haya remedio.

Hay al menos un palmo de excrementos en el suelo.
Por su parte, los propietarios de los pisos dicen que están esperando una subvención para poder rehabilitar el edificio, mientras que desde el Ayuntamiento aseguran que ya se tomaron medidas para controlar la población de palomas, que consistieron en la instalación de jaulas de captura.

Las palomas son atacadas por las gaviotas.
Cinco años después...
El Rancho Grande vuelve a ser noticia otra vez más. El inmueble más famoso de El Serrallo fue conocido hace cinco años, cuando más de la mitad de los pisos, propiedad de entidades bancarias, fueron ocupados por personas que generaban conflictos en el barrio.
El Serrallo, en pie de guerra, hizo todo lo que estuvo en su manos para desalojar los ocupas problemáticos. Y lo consiguieron. Una mañana calurosa de agosto de 2020, la policía –al menos había un centenar de agentes– tomó el barrio y desalojó los 34 ocupas del Rancho Grande.
La macrooperación y el posterior desahucio parecía que ponía fin a la pesadilla de los vecinos del inmueble y de todo el barrio. Pero no fue así.
El 17 de octubre de 2023, el Ayuntamiento declaraba la inhabitabilidad del edificio y desalojaba a las 16 familias que todavía continuaban viviendo de manera legal. La Guàrdia Urbana precintaba el inmueble y el Consistorio prohibía acceder a él hasta que no se realizaran los trabajos de rehabilitación que permitieran recuperar las condiciones mínimas de habitabilidad. Tanto de las zonas comunes como de cada uno de los pisos.
Los servicios técnicos de urbanismo del Ayuntamiento de Tarragona llevaban desde 2019 alertando a la comunidad de vecinos de la situación y requiriendo soluciones.
En el decreto de 2023, el Ayuntamiento de Tarragona decía que el edificio representaba «un peligro para la seguridad de las personas, debido a la existencia de deficiencias graves y muy graves, en lo que hace referencia al estado de conservación de la estructura, de las fachadas y de las instalaciones».
De hecho, el edificio ya estaba apuntalado desde hace años y, en ocasiones, la Guàrdia Urbana ha decidido prohibir el paso de peatones en el callejón que da al edificio.

El edificio lleva apuntalado varios años.
De los 32 pisos que tiene el Rancho Grande repartidos en cuatro plantas, la mitad –más o menos– son propiedad de entidades bancarias. La otra mitad de particulares, que hace dos años se vieron obligados a buscarse otro techo donde vivir y a empezar de nuevo, pese a tener un piso de propiedad. El 1 de noviembre de 2023, las familias fueron desalojadas.
Lo cierto es que los propietarios, en todo este tiempo, no han estado de brazos cruzados. Hicieron unos primeros trabajos de rehabilitación y consiguieron retirar la cubierta de amianto y los depósitos de cemento, que había en el inmueble.
Para poder hacer frente a la segunda fase de la reforma, los propietarios decidieron participar en la convocatoria de los fondos europeos Next Generation. «Sabemos que han aprobado nuestro proyecto, pero no sabemos la cantidad. Estamos a la espera», dice un propietario, quien explica que ahora se está trabajando con la financiación bancaria.
Por su parte, desde el Ayuntamiento confirman que la comunidad de propietarios solicitó la licencia de rehabilitación del edificio el pasado 25 de julio de 2025, «la cual actualmente se encuentra pendiente de tramitación», aseguran fuentes municipales.
La llegada de las palomas
Desde que los vecinos se vieron obligados a marcharse, las palomas fueron poco a poco adueñándose del inmueble. Se trata de un edificio que cuenta con un agujero en medio, cosa que hace que las palomas hayan podido acceder con facilidad.
Los vecinos explican que estas aves pasan buena parte del día en las instalaciones portuarias, alimentándose del grano que hay en los silos, y que, a media tarde vuelven al Rancho Grande.
«El ruido es horroroso. No podemos tener las ventanas abiertas. Ya no solo por el ruido, también por el fuerte olor», explica un avecina, quien asegura que la acumulación de excrementos ha provocado que haya plagas de insectos en el lugar. Los vecinos que viven cerca tampoco se atreven a tender la ropa en sus tejados. «Acaban todas las prendas manchadas. Me he tenido que comprar una lavadora», dice otro vecino.
Por su parte, desde Neteja Pública del Ayuntamiento aseguran que se llevaron a cabo las medidas para controlar la población de palomas, «que concretamente consistieron en la instalación de jaulas de captura», y añaden que «se realizaron varias revisiones de estas jaulas de forma coordinada con la Guàrdia Urbana y con la propiedad, dado que el edificio se encuentra precintado». Sea quien sea el responsable, lo cierto es que esta situación se ha convertido en un problema de salud pública para lo que viven al lado.