Criminalidad
La realidad de las víctimas de tráfico de personas en Tarragona: "Llegan con miedo y no quieren admitirlo"
En muchas ocasiones, llegan seducidas por falsas promesas u ofertas de trabajo inexistentes. Los abogados advierten de la sensibilidad que requiere el trato, ya que, en muchas ocasiones, el temor se apodera de ellas y no reconocen que llegaron obligadas

Un operativo policial contra una red de tráfico de personas
Esther tenía solo 21 años y una hija de tres cuando aceptó una oferta de trabajo que prometía cambiarle la vida. Vivía en el sur de Nigeria, en una situación económica desesperada, y creyó que Europa sería su oportunidad. Pero al llegar a España, la promesa se convirtió en una trampa. Le comunicaron que había contraído una deuda que solo podía saldar ejerciendo la prostitución.
Aislada, amenazada y sin entender el idioma, quedó atrapada en un país desconocido. Después de casi un año en el infierno, reunió el valor para pedir ayuda. Su denuncia no solo le permitió obtener protección y un permiso de residencia: también liberó a otras mujeres y llevó a la detención de sus tratantes. Historias como la suya se repiten con distintos rostros y acentos.
Astrid, joven colombiana de 28 años, conoció a su captor en Instagram. Lo que empezó como una relación romántica se transformó en un mecanismo de control total. Obligada a vender ropa robada bajo amenazas, vivía vigilada. Sometida. Solo tras medio año consiguió romper el vínculo, denunciar y empezar a reconstruirse.
A veces, la esclavitud se disfraza de tradición familiar. Naima y Malika, hermanas marroquíes que residían en Inglaterra, viajaron a Marruecos con sus padres para unas vacaciones que acabaron siendo un encierro. Como castigo por su ‘rebeldía’, fueron obligadas a casarse y privadas de sus pasaportes. Desde la clandestinidad, lograron contactar con una amiga en España, escaparon y recuperaron su libertad.
Son relatos duros, pero necesarios. Reflejan la complejidad de la trata, una realidad que va mucho más allá de la explotación sexual o laboral. Detrás de cada persona afectada hay manipulación emocional, deudas inventadas, amenazas y una lucha constante. En este caso, las víctimas contactaron con Proyecto Esperanza, una de las entidades especializadas que ofrecen apoyo en el conjunto de España.
Sucesos
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Diari de Tarragona
Miedo, silencio y desaparición
Uno de los mayores obstáculos para la justicia es el miedo: "Hay personas que denuncian, pero después desaparecen. No porque mintieran, sino porque no tienen vínculos ni seguridad. Huyen", expone Domínguez.
"He visto muchas causas duras, pero pocas tan complejas y humanas como las que implican trata", afirma el abogado tarraconense Isaac Gonález, del despacho 8Penal Advocats. "A menudo, llegan al despacho con miedo. No hablan de la trata. Hablan de otra cosa: denuncia por amenazas, agresión, documentación que no entienden... Solo con el tiempo, cuando se sienten seguras, aparece la verdad", añade.
Andrea Guzmán, del mismo despacho, expone: "Las clientas que he tenido, la mayoría mujeres, me llegan por otro camino. No hablaban de delitos, sino de papeles. Venían buscando regularizar su situación". Hasta que un día se atreven a decirlo: ‘No vine por voluntad propia, me trajeron’.
Un aspecto importante y en el que se está trabajando es no ubicar a las víctimas en recursos asistenciales próximos al lugar donde han sido explotadas, ya que se han dado casos de personas que se han escapado después de ser asistidas.