Tarragona

Patrimonio

Este mapa de carreteras del Imperio Romano demuestra que Tarraco fue un cruce de caminos

Un equipo internacional liderado por la UAB crea un ‘Google Maps’ del Imperio Romano con casi 300.000 kilómetros de calzadas. Los investigadores del proyecto Itiner-e han hallado un 50% más de vías romanas que las conocidas hasta el momento

Transporte de ánforas por unas de las calzadas del Imperio Romano

Transporte de ánforas por unas de las calzadas del Imperio RomanoItiner-e

Núria Riu

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Desde Tarragona a Cartagena hoy se tarda 5 horas y 27 minutos en coche. A principios del siglo II para recorrer los 516,9 kilómetros que separaban Tarraco de Carthago Nova encima de una carreta cargada de mercancías, había que invertir más de diez días, sin descanso, a través de una red de calzadas romanas que principalmente reseguía el frente litoral.

El trayecto, en gran parte, sigue el mismo recorrido que en la actualidad. «La mayoría de las ciudades actuales ya existían o ya eligieron los trazados más idóneos para las autopistas y autovías actuales», argumenta Pau de Soto, del Departament d’Història Antiga i Medieval de la UAB y coordinador del proyecto internacional Itiner-e. Este sintetiza siglos de investigación arqueológica en un solo mapa digital. Es el Google Maps del Imperio Romano, una herramienta con casi 300.000 kilómetros de vías, que prácticamente duplica la longitud de las calzadas romanas cartografiadas hasta el momento a través de otros recursos.

El mapa de las calzadas romanas del Imperio Romano

El mapa de las calzadas romanas del Imperio Romano

Uno de los primeros aspectos que llama la atención es que, más allá de que esta red de caminos mantiene muchos paralelismos con un mapa actual, Tarraco ya ocupaba un espacio estratégico en una encrucijada de caminos. «Era el punto o la ciudad más importante porque, cuando llegaban a Tarragona, los cargamentos podían decidir si seguían por el eje Mediterráneo o se adentraban hacia el norte peninsular, más allá de las conexiones marítimas», indica Pau de Soto.

Este especialista en vías romanas de Occidente inició el proyecto en colaboración con Tom Brughamans, de la Universidad de Aarhus (Dinamarca). «Llegamos a la conclusión de que nadie se había dedicado a unificar todo lo que se había hecho y todo lo que conocemos sobre estas vías», indica De Soto. A partir de ahí, fue generándose una red de colaboradores, con investigadores de Italia, Francia y Grecia, entre otros países, que han alimentado la herramienta con información rigurosa y detallada sobre sus respectivos territorios.

Pau de Soto afirma que «el Imperio Romano se mantuvo tanto tiempo gracias a este sistema de comunicaciones». A través de estas calzadas, no solo circulaban las mercancías sino también las ideas y creencias, además de las enfermedades y las grandes epidemias, como la peste Antonina. Estas carreteras principales se financiaban a través de los impuestos que pagaban los ciudadanos de cada provincia, que tenían un encargado de controlar y mantener esta red. Más allá, había un sistema de peajes en el que no se pagaba por el uso, sino por comerciar y transportar mercancías de una provincia a otra.

Imagen virtual de una de estas calzadas que llegaba al puerto

Imagen virtual de una de estas calzadas que llegaba al puertoItiner-e

El acceso a Itiner-e es gratuito, ya que sus creadores quieren que no solo sea una herramienta científica, sino que haya un «retorno social». «La idea es que la gente pueda entretenerse conociendo si pasaba una de estas vías cerca de su casa o si quiere ir a conocer las vías romanas que pasaban por los Pirineos». También está pensado para las administraciones, a fin de que «las tengan en cuenta a la hora de planificar el urbanismo».

Tras este primer lanzamiento, sus impulsores ya están pensando en continuar alimentando la herramienta, en algunos casos mejorando los trazados más desconocidos. También se plantea sumar las comunicaciones marítimas y fluviales, teniendo en cuenta que estas eran «auténticas arterias de transporte».

Itiner-e muestra una fotografía de todas las vías en el siglo II d.C., sin olvidar que algunas de estas vías ya no existían. Lo que ahora quiere hacerse es mostrar a través de una cronología cómo se fue creando esta red, teniendo en cuenta que es difícil precisar el año de construcción o cuándo dejaron de utilizarse.

Pau de Soto no duda en afirmar que Augusto y su amigo fiel (y yerno) Agripa fueron los responsables de la más importante transformación de esta red de carreteras que vistió el Imperio Romano y que, mayoritariamente, no estaba enlosada, sino que era una simple plataforma de arena.

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