40 años del mítico Estanc Roser de Torreforta

Prudenci y Roser abrieron el negocio en noviembre del 81. Su hijo, Lluís Maria, lidera ahora el proyecto familiar

| Actualizado a 04 diciembre 2021 06:42
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No hay ni un vecino de Torreforta que no conozca el estanco Roser. Sea por que es fumador, porque quiera comprar un regalo hecho a mano o porque disfrute viendo su escaparate. Sea por lo que sea, el estanco de la calle Falset es uno de aquellos establecimientos míticos del barrio, de los de toda la vida. Este 2021, el negocio celebra sus 40 años de vida, desde aquel 11 de noviembre de 1981, cuando Prudenci y Roser decidieron emprender una aventura que todavía dura.

«Lo abrieron mis padres después de mucho esfuerzo y sacrificio. Se embarcaron en un proyecto complejo, pero con la ayuda de amigos y gracias a su constancia, lo consiguieron», explica el actual propietario del Estanc Roser, Lluís Maria Seriol, hijo del matrimonio que abrió el establecimiento hace ahora 40 años. El padre, Prudenci Seriol, nacido en Badalona, trabajaba por aquel entonces en la universidad Laboral. Su madre, Roser Cañellas, de Vilafranca del Penedès y modista de profesión.

Cuando el estanco abrió, Lluís Maria –el hijo– tenia 21 años y trabajaba en Fecsa. Tanto él como su hermana siempre han ayudado en el negocio familiar, hasta que Lluís Maria decidió dejar su trabajo, prejubilarse, y centrarse exclusivamente en el estanco. «Cuando los padres empezaron a enfermar es cuando tuve que tomar una decisión. Así lo hice y no me arrepiento», dice Seriol.

El negocio abrió como estanco-papelería y, a medida que han pasado los años, ha ido evolucionando. Actualmente, a parte de vender tabaco, hay artículos de regalo artesanales, «que no hay en otros sitios», dice Seriol. Por ejemplo, se pueden encontrar carteras pintadas a mano que vienen directas desde la India. «También vendemos bolígrafos o plumas hechas a manos u otros gadgets curiosos», añade el propietario.

Una de las cosas más costosas de este negocio es la gestión y recarga de las máquinas de tabaco de los bares. «Hoy en día, de esto se encarga mi hijo», explica Seriol, quien deja entrever que el negocio cuenta con un relevo generacional. Además, hace dos años, la familia decidió ampliar el negocio y quedarse con el local de al lado. Ahora, allí, hay una exposición de shishas y de otros productos de vapeo. «Hemos visto que este mercado está a la alza», explica Seriol, quien añade que «aunque reconozco que el auge de las compras por Internet de este tipo de artículos nos está perjudicando».

Un referente en escaparates

Si por alguna cosa se conoce el Estanc Roser es por la originalidad de sus escaparates. «Siempre hemos sido pioneros en este tema. Hemos ganado dos premios nacionales de escaparates», explica Seriol, quien añade que «para nosotros, es el mejor comercial que podemos tener». Los vecinos de Torreforta ya están acostumbrados a los sorprendentes escaparates, y más ahora, cuando está a punto de llegar la Navidad. Como curiosidad, cabe destacar que, por ley, ningún estanco puede poner tabaco en sus expositores.

Tanto para Lluís Maria como para su hermana es un orgullo poder continuar con lo que un día comenzaron sus padres. Aseguran que la clave del éxito es «tratar igual, con el mismo respeto, a una persona que se gasta 50 euros a la semana, que a otra que se gaste 500», explica Lluís Maria, quien añade que «la mayor parte de la clientela que tenemos es gente de aquí, de toda la vida». Y es que una de las cosas buenas que tiene abrir un negocio en un barrio como Torreforta es que los vecinos apuestan por el comercio de proximidad. Cabe destacar que las dependientas que trabajan en el estanco también son veteranas. La que menos hace veinte años que está detrás del mostrador de la calle Falset.

El Covid ha pasado por el Estanc Roser de puntillas. Ningún infectado y siempre abiertos al público. «Había días que la gente venía a comprar tabaco para tres o cuatro días. Hemos tenido colas de hasta 60 personas», recuerda Lluís Maria. El deseo de la familia es poder mantener el negocio, como mínimo, 40 años más.

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