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50 veranos en Las Salinas

El cámping cumple este año sus bodas de oro y lo hace con algunos de los clientes que han pasado allí sus vacaciones desde el primer día

Núria Riu

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El cámping Las Salinas se construyó hace cincuenta años delante de la playa Llarga.

El cámping Las Salinas se construyó hace cincuenta años delante de la playa Llarga.

Alice y René Segura hace 51 años que veranean en la Platja Llarga. El primer año acamparon en una zona en la que ya había algunos de los primeros negocios para turistas. Al siguiente, cuando volvieron, ya estaba el cámping Las Salinas y desde entonces han pasado todos los veranos de su vida en este punto de la costa de Tarragona. 

Alice se fue de Argelia a Francia a los 18 años. «Vivía delante del mar, es mi vida», apunta. Y la playa es  la que la lleva todos los años al mismo sitio. «Estamos contentos porque esto no ha cambiado mucho. Es muy natural», añade. 

Por la mañana faena en la parcela y después de comer, siesta y playa. Este matrimonio pasa todos los años dos meses en el cámping, en el que primero veranearon con sus tres hijos, después también con sus seis nietos y ahora con los tres bisnietos, que en algún momento u otro van a hacerles una visita.
Este matrimonio compartirá a lo largo del verano muchas conversaciones con sus vecinos, los Cuenca Pablo. Viven en la Costa Azul, pero hace 37 años que pasan cada año los tres meses de verano en este cámping. «Esto ha cambiado muchísimo. Al principio eran todo tiendas.Después, las caravanas», explica. Aunque ésta tan solo significa la estancia principal de un habitáculo con salita-comedor, cocina y un recibidor en el que incluso tienen plantas.

La sala está justo delante del campo de dunas de la Platja Llarga y allí encuentran la «tranquilidad» y la «familiaridad» que hacen que todos los años repitan.

La mayoría de los clientes de Las Salinas son asiduos que repiten año sí y otro también. Especial es el viaje que desde hace cuarenta años hace una familia de Suecia cuando empieza el verano. «Pensar que están cuatro días en el coche para venir a casa es maravilloso», describe Montse Gibert. La hija de Ramon Gibert se encarga junto a su hermano Jacinto de la gestión del cámping.

La antigua salina
Aunque ya no trabaja en el establecimiento, siguen recibiendo la visita del padre, fundador del negocio y previamente de las salinas que le dan nombre y que ocupaban el lugar. Se fundaron en 1930 por parte de Jacinto Gibert Mosella y José M. Marques Plana, que construyeron unas balsas de hormigón para evaporar el agua del mar y extraer la sal de la misma. Cesaron su actividad en 1936, con el inicio de la Guerra Civil. He ahí el nombre que la familia preservó cuando en 1967 fundó el cámping. 

La hija recuerda que fue el empeño de la madre lo que hizo que Ramon Gibert decidiera habilitar los terrenos que había heredado, de cara al turismo. «Ella quería un cámping, pero no estaba muy bien visto en aquellos momentos, por lo que empezó con unos apartamentos». El turismo no había descubierto la Llarga, aunque poco a poco franceses y holandeses se convirtieron en asiduos.

Montse Gibert ha pasado todos los veranos de su vida en Las Salinas. Allí ha compartido grandes momentos con unos clientes, principalmente nacionales, y sobre todo de la zona de Lleida, además de extranjeros, principalmente de Francia y Alemania.

Las limitaciones urbanísticas han hecho que el negocio no haya podido crecer en algunos de los servicios

Mejores servicios
El cámping, en el que trabajan siete personas, ocupa una superficie de una hectárea de terreno y está estructurado en 95 parcelas con tres bungalows y nueve mobile-homes. Las limitaciones urbanísticas han hecho que el negocio no haya podido crecer en algunos de los servicios que están adoptando estos establecimientos en los últimos tiempos. «No tenemos piscina porque no nos dejan», lamenta Jacinto Gibert, el hermano mayor que acompaña a Montse en esta aventura.

De hecho, esta es la queja que hacía hace unos días la Associació Campings Tarragona Ciutat, un organismo que se ha reactivado pensando también en la mejora de reivindicaciones conjuntas como puede ser el servicio de limpieza, la señalización o los accesos, entre otras necesidades.

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