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A Tarantino le pone el Chartreuse

La bebida de Santa Tecla aparece en 'Death Proof' y en 'Malditos bastardos'. Ha tenido consumidores ilustres, desde Springsteen a Charles de Gaulle, pasando por Hunter S.Thompson, la Reina Madre de Inglaterra o los ZZ Top. Hasta se tomó en el Titanic

Raúl Cosano

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La escena del Chartreuse en la película ‘Death Proof’, de Quentin Tarantino. Foto: DT

La escena del Chartreuse en la película ‘Death Proof’, de Quentin Tarantino. Foto: DT

Hay quien se toma la Mamadeta como ayahuasca, para purgarse en fiestas, y ya hasta el año que viene. Otros, y a esos hay que admirarles, incorporan el licor puro, sin granizado, como chupito de fuego, en su menú, como digestivo, bien sea por amor a la patria chica, bien por el sabor dulzón. 

Luego están los turistas, o la familia que viene de fuera y a la que hay que alertar. Ojo con esa bebida verde que ves en barriletes en cada esquina de la Part Alta o que estos días se expone en los súpers con especial relevancia: a la mañana siguiente da dolor de cabeza. 

El Chartreuse nos une íntimamente en lo etílico pero también en lo folclórico, porque es fácil reconocerse entre tarraconenses en efervescencia, en Santa Tecla. Pero si usted es un aficionado, ocasional o fiel, al alcohol de los monjes cartujos, sepa que podría compartir barra con bebedores ilustres. Porque usted puede beber Chatreuse en la Plaça de la Font o hacerlo en un tumultuoso y vicioso bar de carretera mientras se lo sirve Quentin Tarantino. Sabido es que el licor por excelencia de las fiestas en Tarragona aparece en la película 'Death Proof'. Allí Warren, el personaje interpretado por Tarantino, también director del film, se sienta a la mesa para invitar a todos a Chartreuse. Beben y luego golpean la mesa con los vasos, en ese ritual bruto de las rondas de chupitos.

«¿Qué coño es?» (no faltan los tacos, recuerden que es Tarantino), pregunta una chica. «¿Es una bebida sabrosona o no es una bebida sabrosona?», responde Warren, que añade, siempre en la versión doblada: «Es Chartreuse. Es como el orujo pero pone mucho más».

Pero en la filmografía de Tarantino, siempre un genial y a veces insondable batiburrillo de referencias y guiños, hay otro ‘cameo’ de la bebida de marras. En 'Malditos bastardos', aparece de fondo, sobre la estantería de una taberna durante un tiroteo con metralletas, porque si no no sería una película de Tarantino.

Pero hay más. ¿Diría usted que Bruce Springsteen estuvo enganchado al Chartreuse? Pues sí. Así lo cuenta en su biografía autorizada. The Boss lo descubrió en 1972, cuando era un chaval de 23 años que aún no había publicado su primer disco. Lo cuenta él: «Estaba empezando a beber, así que tomé todo lo que cayó en mis manos. Estuvimos un poco enganchados al Chartreuse verde. Fue bastante divertido». 

Así que si usted se ha maldecido una de estas mañanas ‘tecleras’ por haber amanecido con una martilleante resaca, piense que no habrá sido el único, ni en Tarragona ni en el resto del mundo. Aunque lo del siguiente personaje no tiene mérito, porque a Hunter S. Thompson, escritor, periodista y creador del genéro gonzo, le daba igual Chartreuse que otra cosa, en una dieta diaria que incluía cocaína, Chivas, gotas de ácido, café, ginebra, jugo de naranjas y también su ración de la bebida por antonomasia de Tarragona (Por fabular, ¿se podría hacer un miedo y asco en Santa Tecla?). 

No podría el Chartreuse quedar fuera del imaginario popular musical. Los ZZ Top, la banda mítica de barbudos de hard rock y blues, descerrajan guitarrazos en la canción 'Chartreuse', de 2012. Dicen que a los tejanos les encandiló el licor al probarlo en Francia cuando fueron a tocar al festival Musilac, de Aix-les-Bains.

¿Les faltan más personajes de importancia aficionados al licor?. ¿Hay espacio para el café, la copita de Chartreuse y el puro más allá del bullicio ciudadano e interclasista de la Plaça del Rei?. Claro, también tomaba el amarillo, mezclado en champagne, el último zar de Rusia, Nicolás II; o lo consumía el expresidente francés, Charles de Gaulle, en bombones todas las noches; y cuenta 'The Sun' que la Reina Madre de Gran Bretaña lo bebía asiduamente para aligerar la digestión de los Fish & Chips. 

También se tragaba en la novela 'El gran Gatsby' y, por rizar el rizo de la elite, hubo un postre hecho con Chartreuse en el menú de primera clase del Titanic, la noche del 14 de abril de 1912, un rato antes de aquel naufragio para la historia.

Hasta los vampiros de la novela americana 'Lost Souls', de Poppy Z. Brite, lo bebían, y así anunciaba el prólogo sus propiedades, no sé si detectables en un test de alcoholemia: «El Chartreuse resplandece en la oscuridad, y si bebes lo suficiente, tus ojos se volverán de un verde brillante». No sé si eso le pasó a alguien que acabó delirando durante la empalmada o en la Baixada de l’Àliga, o si más bien le sucedió –o nos ha sucedido alguna vez– lo que a Tom Waits, que en su tema 'Til the money runs out' canta: «Con una pinta de Chartreuse verde nada parece normal».

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