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A bordo del barco que dio la primera vuelta al mundo

Historia. Una visita a la Nao Victoria (hasta hoy en el Port) nos transporta a hazañas impensables

NORIÁN MUÑOZ

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La nave puede visitarse en el Port de Tarragona desde las 10 hasta las 20.30 h. FOTO: PERE FERRE

La nave puede visitarse en el Port de Tarragona desde las 10 hasta las 20.30 h. FOTO: PERE FERRE

El calor es agobiante, pero la actividad en la réplica de la Nao Victoria no se detiene. Hay gente pintando, limpiando, engrasando... Es lo que tiene navegar a bordo de una réplica a tamaño real de un barco del siglo XVI fabricada al detalle con maderas y materiales como los usados en la época.

La Nao Victoria, que hasta hoy permanecerá atracada en el Port de Tarragona, es la réplica histórica del navío que hace 500 años, capitaneado por Magallanes y Elcano, protagonizó la mayor aventura marítima de todos los tiempos: la primera vuelta al mundo.

El barco puede visitarse desde las 10 de la mañana hasta las ocho y media de la tarde (5€ adultos y 3€ niños). A bordo cada uno de los elementos destacados cuenta con un código QR que explica la historia de cada uno.

Tal vez uno de los detalles que más llama la atención, reconoce Rafael Yáñez, project manager y miembro de la tripulación, es el hecho de que la nave no se gobierna con una rueda de timón como la que tenemos guardada en la memoria gracias a las películas de piratas, sino con un palo, el pinzote, una especie de palanca que es la que permite gobernar el buque.

Pura épica marinera

Pero, más allá de lo que está a simple vista, tal vez una de las cosas más interesantes es lo que explica el buque del grado de épica que tuvieron las hazañas de aquellos marineros y de las durísimas condiciones de unas travesías que en algunos casos resultaban mortales.

Katy, que se ha sumado recientemente a la tripulación de catorce personas que partirá mañana hacia Cádiz en una travesía que, si todo va bien, durará entre 4 y 5 días, nos hace de guía. Uno de los primeros rincones que nos enseña es la cabina del capitán, desde donde trabajaba y dormía y a la que estaba prohibido que entrara nadie más.

Llama la atención un pequeño cañón dirigido hacia la cubierta. Y no, no es un error, no estaba destinado, como otro más grande, a repeler los peligros del exterior, sino a disparar a los marineros que se sublevaban.

Y es que las condiciones a bordo debían rayar lo inhumano. Si hoy hay una tripulación de 14 personas, entonces eran unas 45 que dormían como podían en la borda. Además, el sitio donde hoy están las camas de la tripulación actual era la bodega donde se transportaban mercancías y hasta animales vivos. «El olor debía de ser tremendo», se le escapa a nuestra guía.

Imposible no ponerse en la piel de aquellos marineros, reconoce Yáñez, sobre todo en días donde hay viento y mala mar. Y todo pese a que, por seguridad, la nave actual, aunque navega a vela, cuenta con dos motores y con equipos de navegación electrónicos, además de la tradicional brújula.

La tripulación está conformada por personal con titulaciones en diferentes aspectos de la navegación y por personas como nuestra guía, que han embarcado para aprender de los métodos de navegación tradicionales y, sobre todo, para vivir la experiencia. «El ambiente es muy bueno, todo el mundo hace de todo y nos ayudamos», dice ella... Nada que ver con aquellos conflictos que se dirimían a cañonazos.

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