Tarragona Tragedia de Iqoxe

«Vemos ahora que la muerte de mi padre se podría haber evitado»

Siete meses después de la explosión de Iqoxe, Sergio, el hijo del vecino de Torreforta que falleció en el accidente, siente rabia al conocer las deficiencias que cita el auto judicial

Raúl Cosano

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Vecinos frente al bloque de Torreforta que recibió el impacto. Foto: Alfredo González

Vecinos frente al bloque de Torreforta que recibió el impacto. Foto: Alfredo González

Cuando mañana se cumplen siete meses de la explosión en Industrias Químicas del Óxido de Etileno (Iqoxe), Sergio Millán, el hijo del vecino de Torreforta fallecido por el impacto de una tapa del reactor, habla con el Diari y reconoce desde la impotencia de la familia al ver las deficiencias que alumbran los primeros pasos de la investigación judicial, al agradecimiento por la movilización ciudadana que se sucedió tras el accidente, pidiendo más seguridad en la industria con varias manifestaciones. Sergio admite que tanto las efemérides como las noticias que se van derivando convierten lo ocurrido en un «recuerdo constante» que, de alguna forma, dificulta olvidar y pasar página respecto a lo sucedido. «El tiempo puede paliar la rabia y el dolor, pero nunca se va curar la herida», confiesa Sergio, que admite haberse sentido arropado en todo momento por familia, amigos y vecinos en este durísimo trago que, como no puede ser de otra forma, todavía perdura.

Sobre el trato dispensado por la empresa Iqoxe, apunta que «es imposible estar bien atendido en esta situación, todo el trato lo llevan nuestros abogados», y reconoce que por parte de la administración la atención ha sido «la necesaria para agilizar gestiones de tramitación y comunicación con la empresa». Ese dolor profundo convive con una inevitable y reciente indignación ante las últimas informaciones aparecidas sobre el caso. A mediados del pasado mes de julio se daba a conocer el auto del juzgado de instrucción 1 de Tarragona. En él, la magistrada constata deficiencias detectadas en la seguridad, la insuficiencia del personal de vigilancia y las condiciones laborales, además de los defectos en el mantenimiento de las instalaciones y maquinaria.

«El tiempo puede paliar la rabia y el dolor pero nunca se va a curar la herida»

La juez recoge que desde que la fábrica de La Canonja fue adquirida por Iqoxe en 2014, «se produjo un incremento significativo de la capacidad de producción» sin atender a las exigencias de seguridad que ello conllevaba. Así, después de medio año de investigación, la juez revela una política empresarial de «reducción de costes», de lo que resulta, según los indicios, «un deficiente mantenimiento de las instalaciones y el ejercicio de la actividad sin las debidas condiciones de seguridad laboral e industrial exigibles a este tipo de empresas».

«No nos lo pueden devolver»

El auto judicial, que levanta el secreto de sumario que pesaba sobre el caso, alude también a «un insuficiente número de trabajadores para realizar el proceso productivo con las debidas garantías de seguridad». Ante estas apreciaciones, Sergio Millán es claro y contundente en la valoración de estas primeras pesquisas arrojadas por la investigación policial: «Recibimos esa información con impotencia y mucha rabia, puesto que si esto se demuestra el accidente tal vez se podría haber evitado». De ahí que la familia esté personada en el caso, en busca de una indemnización. «Lo que queremos como víctimas es que se haga justicia, puesto que a nuestro padre no nos lo pueden devolver», indica. Cree que, debido a la ausencia de su padre, no tiene sentido hablar de que el proceso judicial llegue a buen puerto pero añade: «La justicia decidirá».

Sergio, como toda la familia, también se posiciona sobre el informe emitido por el Institut Químic de Sarrià (IQS), encargado por Iqoxe, y cuyas conclusiones son igualmente recientes. Los investigadores del IQS insistieron en que el sistema de seguridad no falló en el accidente, que se produjo por «una concatenación de circunstancias no detectables que llevan a una reacción química súbita, inesperada e imprevisible por ser desconocida».

«Queremos que se haga justicia, puesto que a nuestro padre no nos lo pueden devolver»

«Ha tenido que morir mi padre para se den cuenta de que el accidente era imprevisible, y con un estudio de tres meses han llegado a esta conclusión... ¿Quizás será que las cosas desde un principio no estaban bien hechas? ¿Este estudio no lo podrían haber hecho antes y aplicar las medidas de seguridad correspondientes?», se pregunta Sergio, molesto con los resultados de ese informe, pero esperanzado en que la investigación judicial vaya progresando: «No nos queda otra que tener fuerza para llegar hasta el final».

La familia Millán vio con emoción la movilización que siguió a la explosión, con manifestaciones tanto en el centro de Tarragona, como en los barrios de Ponent, la zona más cercana al polígono químico sur, el lugar donde sucedió el accidente. «Estamos al 100% con los vecinos que hicieron las movilizaciones para exigir más seguridad y nos identificamos mucho con todo ese movimiento, puesto que el accidente pudo ocasionar muchas más víctimas. Les agradecemos toda su movilización», apunta.

«Estamos al 100% con los vecinos que se manifestaron, puesto que el accidente pudo ocasionar muchas más víctimas»

Sergio también añade que el piso siniestrado, ubicado en el número 7 de la Plaça García Lorca de Torreforta, «está desescombrado desde hace escasos dos meses», pero «por lo demás sigue igual, inhabitable».

Un accidente inaudito

Sergio Millán, de 59 años, falleció después de derrumbarse el techo de su domicilio, cuando la placa, de una tonelada de peso, entró disparada por la ventana del piso superior. La chapa recorrió unos 2,6 kilómetros, en un percance inaudito. Su hijo Sergio, de hecho, se salvó por muy poco del accidente. Él y su madre fueron a un bar cercano a tomar café y su padre se quedó en casa. Cuando estaban en el bar unos niños les advirtieron de que habían visto pasar cerca una bola de fuego y más tarde unos vecinos les dijeron que se había caído una parte de la fachada del edificio. En ese momento, empezaron a llamar a su padre y como no respondía al teléfono, se dirigieron a la casa, donde vieron el desenlace fatal de lo ocurrido.

Recreación de la trayectoria que realizó la placa del reactor de Iqoxe hasta alcanzar al edificio de Torreforta

Por su parte, los letrados de la familia, representados por Juan Gonzalo Ospina y Beatriz Uriarte de Ospina Abogados, se muestran muy cautos con las circunstancias pero reconocen la cordialidad y deferencia profesional en todo momento de los juristas de Iqoxe. Los abogados reconocen que todavía es pronto para hablar de indemnizaciones concretas. «Aún no está tasado. Se calcula con el baremo de los accidentes de tráfico, pero no podríamos decir todavía una cantidad», explican.

El fallecimiento de Sergio Millán, un frutero muy conocido en Torreforta y perteneciente a una saga comercial, generó consternación en el barrio. La explosión de aquel fatídico 14 de enero de 2020 también se cobró la vida de dos trabajadores de la compañía.

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