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A por su propia película en la Ruta 66

Ramón Baiges parte el lunes a recorrer sobre dos ruedas los casi cuatro mil kilómetros de carretera que tan famosos ha hecho el cine. Por no saber no sabe ni dónde repostará; lo suyo es la adrenalina

Norián Muñoz

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Ramón Baiges con un mapa de la Ruta 66. Esta vez la moto en la que viaja la alquilará en Chicago. Foto: Lluís Milián

Ramón Baiges con un mapa de la Ruta 66. Esta vez la moto en la que viaja la alquilará en Chicago. Foto: Lluís Milián

Ramón Baiges, 59 años, prejubilado, motero, lleva el pasaporte en el bolsillo y se nota que apenas queda sitio para más sellos. En la última página el visado de Estados Unidos habla de su nuevo sueño: recorrer en solitario la mítica Ruta 66.

No es, ni mucho menos, el viaje más arriesgado que se ha propuesto; ya hizo un recorrido por el Polo Norte y el año pasado, sin ir más lejos, recorrió junto a un amigo la Ruta de la Seda (20.000 kilómetros) con paradas en sitios tan candentes como la frontera entre Rusia y Ucrania.

Esta vez se le ha metido entre ceja y ceja la Ruta 66, también conocida como The Main Street of America (La Calle Mayor de Estados Unidos), la carretera que conecta ambas costas de ese país por todo el interior. La vía se inauguró en 1926 y fue eliminada de la red de carreteras de EEUU en junio del 85, cuando dejó de usarse en pro de autopistas más rápidas y modernas. Hoy la ruta es un lugar de peregrinación de viajeros intrépidos.

Parar donde apetezca

Eso sí, lo de Baiges es viajar a la antigua, sin preparar demasiado, sin muchas metas que cumplir. Se para allí donde le llama la curiosidad, le impresiona el paisaje o, simplemente, le vence el cansancio. «Cuando vas en un viaje así no vas a buscar nada, sino a encontrarte a ti mismo, lo demás es un regalo... Por no saber no sé ni dónde voy a repostar», reconoce sonriente.

Como meta, para alojarse espera poder hacerlo en algún típico motel de carretera. «Sí, como el de la película Psicosis», cuenta emocionado.

El viaje arranca el lunes por la mañana y espera que dure unos trece días. Todos los gastos que, asegura, no son muy onerosos, salen de sus ahorros y explica que encontró una gran oferta para el billete. En esta oportunidad no viaja con su moto, sino que alquilará una allí, una Indian ,una de las dos marcas emblemáticas de motocicletas norteamericanas junto con su eterna rival, Harley-Davidson.

No es que le entusiasme del todo hacer un viaje de estas características sobre unas ruedas que no conoce, pero es que de lo contrario los seguros y el enorme papeleo en Estados Unidos hacían que el precio se disparara.

Cuando se le pregunta por qué la Ruta 66, asegura que él, como muchos amantes de las motos, la tiene en la cabeza desde siempre. «Es la ruta mítica, la de la vieja esencia americana, la que sale en todas las películas».

Y en esto último tiene razón. La carretera, que recorre ocho estados, ha servido de escenario a filmes como Thelma & Louise, Easy Rider, Paris Texas, Grease o Kill Bill, entre otros, sin dejar pasar el superéxito de dibujos animados de Disney Pixar: Cars, que es una especie de homenaje a la famosa carretera.

Miedo, el justo

Sobre si no tiene miedo a las averías, a quedarse tirado, reconoce que sí, especialmente en los trayectos de desierto, como el del Mojave, pero enseguida asegura que confía en el espíritu solidario de los moteros, algo de lo que ha recibido muestras por medio mundo independientemente de idiomas, edad, nacionalidad o condición social. «En la carretera nunca vas solo», dice

Es algo que sí le preocupa un poco más a sus familiares y allegados. Cuenta que su padre, que ya ha cumplido 90 años, tiene sus lógicos recelos con esta aventura, «pero me ha confesado que le da envidia, que si él pudiera también lo haría».

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