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A punto de desaparecer la administración de Lotería más antigua de Tarragona

Los propietarios se han jubilado y la caseta ubicada en la Rambla Nova ya está cerrada. Si el Ayuntamiento no la adjudica pronto, el negocio perderá la licencia que tiene ahora

CARLA POMEROL

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Toñi y Pere, propietarios del negocio, delante de la caseta cerrada. FOTO: PERE FERRÉ

Toñi y Pere, propietarios del negocio, delante de la caseta cerrada. FOTO: PERE FERRÉ

La administración de Lotería más antigua de Tarragona y provincia, la número 1, está a punto de desaparecer. Ubicada en una caseta de la Rambla Nova, esta es otra víctima más de las trabas burocráticas del Ayuntamiento. Su propietario hasta hoy, Pere Sans, bajo la persiana definitivamente el pasado 1 de agosto, lo que significa que la administración ya lleva 14 días sin actividad. Después de más de 45 años vendiendo lotería, ha decidido jubilarse.

La concesión del espacio venció hace cuatro años y el Ayuntamiento de Tarragona todavía no la ha vuelto a adjudicar. Sans quiere traspasar su licencia de Lotería –que aún conserva– junto con la caseta. Loterías del Estado ha otorgado a Sans una prórroga de tres meses para poder mantener la licencia e intentar hasta el último momento que la administración no acabe muriendo. Pero si el consistorio no se da prisa en adjudicarla de nuevo, el estand está condenado al abandono, como tantos otros quioscos de la Rambla Nova.

La administración número 1 de Lotería de Tarragona es un negocio familiar, de esos de toda la vida. La abuela paterna de Sans fue quien abrió el comercio después de perder a su marido durante la guerra. Sans no recuerda exactamente el año, pero estaríamos hablando de hace unos setenta años aproximadamente. De su abuela pasó a la madre, y de la madre al protagonista de este artículo.

Sans recuerda como, en un primer momento, la caseta –también conocida como quiosco por su aspecto– estaba ubicada justo delante de donde está ahora. «Pero dijeron que tapaba la visibilidad de los coches y nos trasladaron donde actualmente hay el acceso al parking soterrado de la Rambla», explica Sans. Cuando se construyó el aparcamiento, se mudaron donde está ahora la caseta. «Siempre nos hemos movido en este radio de veinte metros», apunta Sans, quien empezó a vender lotería hace ya 45 años. Él, acompañado de su mujer, han tirado durante todos estos años el negocio adelante.

Hace cuatro años, la concesión vencía y era necesario volver a adjudicar el espacio. «Es importante tener claro que hay dos cosas separadas. Un tema es la licencia como administración, que esta es mía y depende de Loterías del Estado. La otra es la concesión del quiosco, del inmueble. Que es cosa del Ayuntamiento», explica el propietario, quien añade que le dieron un permiso para 50 años. «Cuando mi madre lo dejó, lo cogí yo y todavía quedaban veintipico», dice. A modo de curiosidad, Sans paga para la explotación del espacio 41 euros al mes.

Cuando la concesión venció, el propietario alertó de la situación al Ayuntamiento. «Durante todo este tiempo he enviado escritos y no he obtenido respuesta», comenta. Finalmente, Sans decidió jubilarse a sus casi 68 años y el estand lleva cerrado desde el pasado 1 de agosto.

«No querría exagerar. Pero puedo asegurar que unas veinte personas se han interesado en quedarse con el negocio. Algunos están dispuestos a pagar por la concesión hasta 800 euros al mes», explica Sans, quien quiere traspasar, cuanto antes mejor, la licencia de la administración de Lotería. «El problema es que el Ayuntamiento no saca a concurso el espacio y, pese a que Loterías del Estado me ha prorrogado el permiso tres meses más, sino se abre pronto, la licencia se perderá y ya no habrá vuelta atrás. Madrid ya no da permisos nuevos», asegura el propietario, quien se muestra poco confiado. «¿Si no lo han hecho en cuatro años, lo harán ahora en tres meses?», se pregunta. Sans alerta que la caseta está equipada únicamente para vender lotería.

A la desesperada, muchos de los interesados en la licencia han buscado un local cercano, en la Rambla Nova, para seguir con el negocio. «Pero es muy difícil. Primero porque son locales muy grandes y, segundo y más importante, porque los precios de los alquileres son desorbitados», comenta Sans, quien apunta que la única condición desde Madrid es que entre una administración y la otra haya una distancia mínima de 250 metros.

Horizonte: otoño

«Los vecinos, clientes y comerciantes me dicen que no entienden como el Ayuntamiento dejará morir un negocio tan antiguo como este», dice Sans, quien tiene claro que «el gobierno dice que quiere fomentar el comercio de proximidad, el pequeño, el de toda la vida. Pero solo son palabras, no hay hechos que los demuestren».

Por su parte, fuentes municipales dan su versión de lo ocurrido y aseguran que Sans, hace tiempo, mantuvo una conversación con la responsable de Béns i Patrimoni del Ayuntamiento y comunicó la intención de que fuera su hijo quien se quedara con la concesión. El Ayuntamiento le respondió que no se podía dar un permiso a dedo y que, por lo tanto, debería esperarse al concurso. Fuentes municipales aseguran que en otoño se adjudicará de nuevo la caseta. Esperemos que lleguen a tiempo y que esta histórica administración de Lotería no se eche a perder.

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