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ADN de Tarraco para investigar el origen de las enfermedades

El Institut d'Investigacions Biomèdiques August Pi i Sunyer (Idibaps) crea el primer banco de genoma humano mundial con muestras de ciudadanos de los siglos III al VII
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La arqueóloga Judit Ciurana y la odontóloga Maite Salagaray documentando una de las muestras. Foto: ICAC

La arqueóloga Judit Ciurana y la odontóloga Maite Salagaray documentando una de las muestras. Foto: ICAC

Todo comenzó en 2011. La séptima convocatoria del proyecto europeo Medigene (cuya finalidad es el estudio de los factores genéticos y ambientales en el síndrome de la resistencia a la insulina) abrió la posibilidad de buscar ADN humano de unos 2.000 individuos –concretamente en sus piezas dentales– de la época romana y visigótica de Tarraco (del siglo III al VII) procedentes de varias excavaciones en la provincia.

Estos entierros localizados y documentados en una decena de yacimientos arqueológicos de la provincia (aunque una gran parte proceden de la Necrópolis o de excavaciones realizadas en los últimos años en la propia ciudad de Tarragona) están guardados y documentados en la sede del Museu Nacional Arqueològic de Tarragona (MNAT), ubicado en la Plaça del Rei.

El objetivo del proyecto científico coordinado entre diferentes centros de investigación catalanes –Institut Català d’Arqueologia Clàssica, ICAC; Institut d’Investigacions Biomèdiques August Pi i Sunyer, Idibaps; y el propio museo MNAT– era el de recuperar genoma humano antiguo y poder crear con él un banco de ADN mundial único cuya finalidad sería estudiar las enfermedades de origen microbiológico y su evolución, y también la estructura y evolución de las poblaciones antiguas.

La pureza en 280 cráneos

Los arqueólogos del ICAC fueron los encargados de estudiar y recopilar en estos últimos años los datos existentes sobre la población funeraria de Tarraco. Y la odontóloga Maite Salagaray se dedicó a la extracción de muestras dentales de los cráneos que abarcan un periodo de cuatro siglos.

«Lo que hicimos a lo largo de estos años con las muestras de los 2.000 individuos fue seleccionar aquéllas que fueran más puras, unas 480, aptas para hacer estudios paleogenéticos», explicaba ayer el arqueólogo del ICAC, Josep Maria Macias. De cada uno de los cráneos romanos o visigodos se extrajeron dos piezas dentales que se enviaron a la sede del Idibaps, en Barcelona, con sumo cuidado para que la muestra no sufriera contaminación durante el trayecto.

En el Idibaps se dedicó un espacio físico concreto para este proyecto. Y se procedió a analizar las piezas dentales procedentes de Tarraco, extraer el máximo ADN posible de cada una y guardarlo en condiciones óptimas para hacer réplicas sintéticas y poder crear con garantías este banco mundial. De las 480 muestras iniciales que llegaron a Barcelona, menos de 300 pasaron los requisitos de calidad necesarios para entrar en este Biobanc y poder hacer réplicas sintéticas.

A día de hoy, el Biobanc lo configuran 76 muestras que ya están disponibles para la comunidad científica, explicaron ayer en conferencia de prensa las diferentes instituciones participantes. Si un investigador quiere una muestra, ya puede solicitarla y tras pagar un precio estipulado, la recibirá. Antes, pero, deberá acatar el código ético europeo que impide que las muestras se utilicen para estudios en que hubiera discriminación de sexo o raza, entre otras exclusiones.

La doctora Anna Bosch, responsable del Biobanc, explicó que «al incluir la colección de ADN estamos ofreciendo a toda la comunidad científica internacional unas muestras únicas en el mundo que podrán ser utilizadas para una gran variedad de estudios».

El Biobanc irá ampliándose con nuevas réplicas de las 300 muestras que son aptas para copiarse. Las otras, ya sea por su desgaste (material fragmentado) o por su contaminación con ADN actual se han descartado y no son válidas para incluirse en este proyecto.

Hasta la fecha, sólo existían colecciones de material antiguo en los museos de Historia Natural consistentes en tejidos de diferentes especies animales. Con esos tejidos se interpretaba la diversidad genética, la evolución de especies e intentar explicar las extinciones. En clave humana, las colecciones de material genético están muy limitadas.

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