Tarragona Entrevista

Abel Rey: «Con la bici, la sensación de aventura aumenta mucho más»

Este tarraconense ha recorrido el Camino de Santiago desde Barcelona a Finisterre en distintas ocasiones y rutas. En la última ganó un premio de Correos con una foto tomada con su propio dron.

Gloria Aznar

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El excursionista y peregrino Abel Rey en Finisterre, el verano pasado. Foto: Cedida

El excursionista y peregrino Abel Rey en Finisterre, el verano pasado. Foto: Cedida

Abel Rey es un amante de la naturaleza, en la que le gusta perderse con su bicicleta o con la moto. Entre otros, ha visitado parajes escoceses, irlandeses o algunas de las rutas del Camino de Santiago, desde Barcelona a Finisterre. Militar de profesión, este tarraconense de Campclar que reside en Barcelona, se alzó este año con el tercer premio del concurso El Camino con Correos, con una foto tomada con su propio dron. Sus viajes se pueden seguir en el canal de YouTube Reyder_a_2_ruedas

¿Qué le interesa del Camino?
En realidad, es una excusa para la aventura. Hace unos cuatro años empecé haciendo en bicicleta el Camino Primitivo para probar. Era una distancia de unos 340 kilómetros. Aunque la historia, la magia y la gastronomía que hay allá por donde pasas cobra mucho atractivo. 

¿El Camino primitivo?
De Oviedo a Santiago. Aunque es el más corto, también es de los más duros por el desnivel de montaña. Mi estilo de viaje es muy distinto al que podría llevar cualquier otra persona a la que le guste viajar, mochileros o peregrinos.

Cuente.
Me gusta llevarme la tienda y autogestionármelo todo. Salgo sin planes y la máxima experiencia es la aventura. La legislación en España es un poco extraña a la hora de acampar, pero siempre hay alguna zona o te puedes ir a un camping. 

¿Cuál fue la ruta que hizo este año?
Salí de Barcelona y cogí una variante distinta. Es decir, en lugar de tomar el Camino de Sant Jaume en Tàrrega, seguí por el aragonés, que pasa por Huesca, San Juan de la Peña, Jaca y Pamploma. Una vez allí cogí el de Baztán porque me pareció muy bonito, aunque lo hice al revés. Y ya en Bayona enlacé con el Camino del Norte, que es toda la costa cantábrica.

¿Cuánto peso lleva?
Llevo lo justo porque mucho peso te puede hacer el viaje muy incómodo y que lo sufras mucho. Entonces, ropa por si hace fresco, esterilla hinchable, tienda, hornillo y algo de comer, pero lo consumo esa misma noche y al día siguiente vuelvo a comprar. También placas solares para cargar el móvil y botiquín, aparte de las tecnologías, como el dron, cámara y alguna herramienta por lo que pudiese pasar.

¿Alguna vez ha tenido algún problema?
Lo típico, alguna rueda pinchada, pero nada grave. En Escocia encallé en el barro con la moto cuando estaba lejos de las carreteras, solo a miles de kilómetros a la redonda. En el momento que te ocurre, lo sufres, pero en realidad son las situaciones que busco porque, si no fuera por estas cosas, vuelves y qué cuentas. No cuentas nada.

¿Qué hace entonces?
Deshincho las ruedas, saco todo el peso posible de la moto… intento solucionarlo. Pero siempre aparece alguien en el momento indicado y te echa un cable, son pocas las veces que estas solo ante un problema. Aun así, llevo una baliza satélite porque salgo solo y la familia se preocupa. De este modo saben dónde estoy en cada momento. Y si me pasara algo grave, dispone de un botón de SOS.

¿En bici no es más difícil?
Tiene pros y contras. Se aprecia lo bonito de las bajadas, pero las subidas son mucho más exigentes que si fueras caminando. Y en relación con la moto, la bici es más dura, pero la sensación de aventura aumenta muchísimo más.

¿Cuántos kilómetros hace al día?
He salido dos años desde Barcelona y lo he hecho sin previsión. Hay días en los que he hecho veinte, otros cien y también ha habido días que no he hecho ninguno porque me gustaba el lugar y me he quedado. Es disfrutar.

Disfrutar de la naturaleza...
Y de la gente que conoces porque cuando te ven solo, en bicicleta y cargado, es muy propensa a que vengan a hablarte. Una vez solo, de pueblo en pueblo, es más fácil iniciar una conversación con alguien, sobre todo en los lugares más concurridos por peregrinos donde todos tenemos la misma meta en común. 
 
¿Anécdotas?
Muchas. Por ejemplo en los Monegros, un paisaje que a mí me gusta mucho, algo me picó y después de acampar allí me dolían los brazos y las piernas. Al llegar a Logroño fui a visitar a un amigo, que me recomendó a una naturista que me lo solucionó. Todavía hoy no sé lo que fue.

¿Algún encuentro con animales grandes?
Algún jabalí te despierta durante la noche, pero poca cosa más. Y en cuanto a las personas, en realidad es una mala lotería que te encuentres con alguien con malas intenciones. El único loco que está en medio de la montaña eres tú. No hay nadie más. 

¿Este verano volverá?
Me gustaría hacer el Camino de la Plata, que sale desde Sevilla, aunque espero ir a Noruega con la moto. Es un viaje que tengo pendiente, lo quería hacer este año, pero con la Covid preferí no jugármela. Tenía miedo de que cerraran alguna frontera. También me gustaría ir a Bolivia o hacer el Danubio en bicicleta.

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