Abolir el género para acabar con la desigualdad

Los niños no son impasibles e irritables ni las niñas dóciles y complacientes. La editora Iria Marañón invita a acabar con los estereotipos y a formar en una igualdad real

Gloria Aznar

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La editora y filóloga madrileña Iria Marañón, en una imagen de archivo.

La editora y filóloga madrileña Iria Marañón, en una imagen de archivo.

«No hay un cerebro de niño y otro de niña. No se nace queriendo jugar al fútbol o mostrando desinterés por las cosas de la casa. Tampoco queriendo cuidar a los demás. Todo es una construcción social. La sociedad se encarga de construir para que el sistema del patriarcado se mantenga». Estas palabras de Iria Marañón hacen referencia a su último libro Educar a un niño en el feminismo (Plataforma Editorial), que vio la luz poco antes del polémico 8M y de la llegada del confinamiento. Un volumen que pone el foco precisamente en ellos, como parte clave de la solución.

Para ello, esta editora y filóloga, diferencia en primer lugar entre sexo y género. «Por un lado está el sexo con el que nacemos, que es una catalogación biológica, como el resto de mamíferos. Y, por otro, el género, la construcción social. Es decir, te van a educar para hacer una serie de cosas y no otras y esto es lo que luego va a dar lugar a las desigualdades. Por eso, a lo que voy con este libro es a la abolición del género, uno de los puntos de la agenda feminista», comenta Marañón.

«Las mujeres son peor diagnosticadas que los hombres en setecientas patologías»

Y si bien niega que los hombres actuales puedan ser aliados del feminismo debido a la socialización que han recibido, sí lo pueden hacer los niños de hoy en día, a partir de la educación.

Las nuevas masculinidades, que tan en boga están en los últimos tiempos, el humor sexista, los cuidados del hogar, la competitividad así como las relaciones sexuales consentidas o incluso la medicina son algunos de los puntos que trata Educar a un niño en el feminismo. Por ejemplo, en cuanto a síntomas y patologías, Iria defiende que «hasta 1992 no había sesgo de género en los ensayos clínicos».

Por ello, los síntomas de ataque cardíaco que se conocen son el dolor en el brazo izquierdo y en el pecho. Pero esos son los síntomas en los hombres; en las mujeres son otros: náuseas, fatiga, dolor en la mandíbula o en el cuello, aturdimiento o dolor de estómago. Por ese motivo muchas mujeres no reconocen los síntomas y no piden auxilio a tiempo. Este es solamente uno de los ejemplos que se recogen, ya que la filóloga destaca que las mujeres son peor diagnosticadas que los hombres en setecientas patologías.

«Las dosis de medicamentos son distintas porque los cuerpos son distintos y, por supuesto, existen enfermedades de mujeres que no son investigadas». Es el caso de la hiperémesis gravídica, que aparece durante los embarazos y que provoca vómitos y dolores de cabeza de manera exagerada. «Y muchos médicos aseguran que es normal», alerta Iria.

Sin embargo, ¿cómo se puede abolir el género cuando todo está en contra? Cuando, como señala Iria, una madre, desde el embarazo va a pintar la habitación de un color. Va a enfocar la vida del bebé de una determinada manera.

Es fundamental que los niños aprendan una nueva forma de ser, de sentir, de amar, de autoconocerse y de actuar.

«Tienes que hacer palanca en una sociedad completamente machista. Debe haber un consenso social y legislación y todo esto no está ocurriendo. Pero creo que se puede hacer, aunque es una cuestión de tiempo. El feminismo tiene 300 años de historia y esto, veremos el tiempo que nos lleva», defiende, al mismo tiempo que aborda aspectos como el Sí es sí o el papel de la Justicia, que en muchos casos criminaliza a la víctima.

«El sí es sí es como un mantra, pero es perverso. Solo es válido si hay deseo. Si una mujer consiente pero no desea no sirve de nada porque volvemos a anular lo que realmente ella quiere. Y esto nos lleva a hablar de la prostitución, ya que las mujeres en esta situación consienten, pero no desean. En una sociedad feminista esto no es viable», señala.

Nosotras no somos las que violamos, agredimos y matamos. No somos las que cobramos un 21% menos de salario

La deconstrucción
¿Cómo encaja la masculinidad en esa sociedad feminista? Es fundamental que los niños aprendan una nueva forma de ser, de sentir, de amar, de autoconocerse y de actuar. En todos los ámbitos de la vida. Una responsabilidad que otorga a familias, sociedad y centros educativos por igual, con el objetivo de neutralizar comportamientos que inciden en una forma de ser que es perjudicial para ellos mismos y para toda la sociedad.

Una manera de educar que eliminará estereotipos que etiqueta como «dóciles y complacientes a unas y valientes y arriesgados a otros. Una educación de igualdad real» para ambos. Por lo que Iria invita a  desmitificar y a empezar a deconstruir.

Finalmente, en cuanto a la responsabilidad femenina en su propia situación, Iria responde que es nula. «Las mujeres no tenemos ninguna responsabilidad. Somos solo colaboracionistas del machismo. Nosotras no somos las que violamos, agredimos y matamos. No somos las que cobramos un 21% menos de salario, ocupando puestos de poder y dejando a la mitad de la sociedad en casa, cuidando. Podemos colaborar con el machismo, pero no ejercemos la presión con lo cual, la responsabilidad es cero comparada con la de ellos», concluye.
 

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