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Aceites que relajan

Una señora mayor entra en Els girasols Herbolari, en la Part Alta de Tarragona, feliz porque ya puede dormir 

Rossi Vas

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Lia Borràs prepara un pedido en su herboristería Els Girasols. Foto: Cedida

Lia Borràs prepara un pedido en su herboristería Els Girasols. Foto: Cedida

Sus colores adorados son lila y azul cielo, y las flores que le encantan, los girasoles. «Me gustan porque miran siempre hacia la luz», dice Lia Borràs, la dueña de Els girasols Herbolari, en la Part Alta de Tarragona. Es una mujer catalana de 46 años que proviene de un pueblo de los alrededores pero que lleva toda la vida en la ciudad. Es tímida, pero expresa su filosofía con seguridad y el cariño que lleva por dentro hacia los aromas de las hierbas desde hace tiempo.

Relata la historia de su trabajo, que es su pasión, con la calma transparente de una planta recién florecida. Sus palabras brotan entre las cestas llenas de productos de fitoterapia, plantas y verduras. «Aquí entran clientes de todas las edades, tanto hombres como mujeres», cuenta, y añade con cariño que «algunos ya son como de la familia». Enseña gustosamente las estanterías donde se ven ordenados productos de limpieza, comida saludable, cosmética… Y uno curiosea nada más pisar el umbral de este lugar tan único que desprende fragancias de especies y aceites. Precisamente el orgullo de Lia son los aceites vegetales y esenciales que propone desde el inicio de su negocio. «Empecé hace diez años, en esta calle, pero enfrente donde trabajaba antes de que me traspasaran la tienda», recuerda. A partir de allí comenzó su recurrido aromático hacia los secretos de la belleza natural y la vida sana, algo que enseña a los visitantes de Els Girasols. Se empeñó en sacar un Postgrado en la Universidad de Valencia de Herboristería y Dietética, también hizo cursos online de Aromaterapia y Naturopatía. Últimamente nota que los productos ecológicos se buscan más, y que evidentemente por ello se abren cada vez más herbolarios. Aun así, considera que todavía hay muchas cosas por aprender en este ámbito. 

Lia habla apasionadamente de su trabajo. «A veces soy demasiado directa», confiesa con una sonrisa, y dice que da consejos a los clientes con delicadeza y solo si se los piden. ‘Sensación’, es la palabra que para ella define el poder sin límites de la aromaterapia. Hablando de olores agradables, destaca que su aceite preferido es «el mágico de la Rosa de Bulgaria». Fascinada, puntualiza que al ser cicatrizante y calmante, «al instante cambia la piel regenerándola», también rejuvenece y es eficaz contra estrías. «Son tan mágicos todos los aceites», que entre sus favoritos nombra también el de la Rosa Mosqueta. Según varios criterios y el uso que se les quiere dar, los aceites vegetales se mezclan con alguna gota de los esenciales: esencia de lavanda con gotas de rosa mosqueta, actúa relajante y cicatrizante; el aceite de sésamo, almendras dulces o pepitas de uva, más un poco de algún aceite esencial, son otras mezclas que se realizan según los fines concretos. «No niego la medicina tradicional porque junto con la naturopatía tienen que ir unidas», considera. No esconde que el resultado de los métodos no tradicionales a veces tardan en mostrarse, pero cree que con masajes y dietas adecuadas, los efectos positivos llegan. Mientras, en la tienda se oye el grito contento de una señora mayor que dice feliz: «Ya puedo dormir». Resulta que llevaba tiempo sufriendo de insomnio, pero que con la ayuda de una mezcla de melatonina con otras plantas que le dio Lia ha conseguido volver a disfrutar del sueño. «Me gusta ayudar a la gente», concluye Lia.

En realidad, le encanta la naturaleza y preferiría vivir en una casa con jardín en vez de en un piso. Le gustan los perros y le maravillan el otoño y la primavera. Se siente atraída por los viajes a Georgia, Albania e Islandia, y por subir montañas, que son su «válvula de escape, porque el contacto con la naturaleza es fantástico». Casi nunca come fuera. Conversando revela una receta favorita llamada Hummus o Paté de Garbanzos; a los garbanzos cocidos se les añade aceite de oliva, zumo de limón, un ajo y una cucharadita de la pasta de sésamo Tahina y un pellizquito de comino molido. Una vez triturado, se unta el pan de pita… ¡Y listo para disfrutar!

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